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Todos conocemos a la madres comunes, esas que están atentas a su pequeño retoño, pero tienen límites y les dejan algo de independencia. Luego están esas madres sobreprotectoras, éstas son las que no te dejan opinar o hacer algo que otras madres dejarían hacer a sus propios hijos, tales como no estar en compañía de gente fumadora o salir de casa cuando cae nieve o hace calor. Sin embargo, ninguna madre es tan pesada o protectora como la mía.

Siempre fue alguien que odiaba a todos y se los hacía saber con sus acciones. Solo se portaba bien conmigo. Al principio pensé que sería la muerte de mi padre la que la hizo ser así conmigo, pero no era así. Al parecer mamá lo mató luego de darme a luz, lo sé porque está en el sótano, junto con otros cadáveres, que solo Dios sabe quienes eran. Evidentemente, nunca hablé con nadie al respecto de ésto, por miedo y también porque, ha pesar de todo, amaba a mamá. Me cuidaba muy bien y me daba una buena alimentación, incluso me dejaba chupar sus pechos para coger la leche que éstos aún tenían. Ella decía que haciendo ésto parecía un bebé de nuevo. No le gustaba que creciera, ya que era como si me alejara de ella, por lo que no dudaba en ponerme ropa cursi y obligarme a llevar una chupa todo el rato.

Cuando me hice adolescente, no me quitaba el ojo de encima, incluso contrató agentes de espionaje, para que vieran con quién estaba, para luego comunicárselo a mi madre, sobre todo si eran mujeres. Nunca tuve novia, ya que se me daba mal hablar con las chicas y de que si tenía una, mamá la mataba al par de unos días, haciendo que todo pareciese un accidente. Tampoco tenía amigos, ni siquiera un animal de compañía, si los tenía a escondidas, mamá no tardaba en darse cuenta, y los mataba en el sótano. No sé cómo los mata, pero creo que usa martillos, aunque oigo otros instrumentos.

Hubo un vez que protegí a alguien, que quería mucho, era mi vecina con la que había hecho amiga cada vez que no veíamos en la ventana. Mi madre acabó por enterarse y fue a por ella, solo que esta vez me puse en medio. No me levantó la mano, pero sí me inmovilizó. Como castigo, me puso atado a una silla, mientras ella hacia trizas a mi vecina, con todo tipo de herramientas. No sentí miedo o nauseas, solo tristeza, ya que era lo único que había sentido casi toda mi vida, el miedo, por otra parte se me fue gracias a mi madre.

Pasados unos días, mamá acabó por morir, se había dedicado en cuerpo y alma a mis cuidados, que se había olvidado de cuidarse a sí misma. Sentí pena al final y alguna que otra lágrima cayó en su tumba. Cuando me hice adulto adopté a un niña pequeña, aunque como dije, no era muy bueno hablando con mujeres. Sabía hablar porque mamá me dejó ir al cole, hasta el día en que protegí a mi vecina. Luego de eso no volví a ningún otro centro. Pero, como iba diciendo, había adoptado a un niña, muy linda, si no mal recuerdo. Qué lástima que no vivió más que una semana junto a mí. No sabía cuidar niños y acabó siendo aplastada por un camionero borracho. El camionero me pidió disculpas y rogó por que lo perdonara, pero yo no sentí pena por mi niña muerta, ni tampoco por el hombre, al que ahorqué al día siguiente, haciendo que pareciera un suicidio.

Algo en mi mente se rompió, era el hilo de la cordura, el único que me quedaba. Estaba loco y no tardé en hacer lo mismo que mi madre, solo que yo no tenía que proteger a nadie más. Creo que mi madre sigue conmigo, oigo su voz cada día y me sigue protegiendo, ya que la policía no consigue matarme por muchas balas que disparen. Ahora, luego de casi ocho décadas de aquello, creo que al final me reuniré con alguien que me vuelva a dar amor. La madre guardián que tenía, me va a volver ha ver, allá arriba.

Ike Romanof 08:16 5 oct 2017 (UTC)