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La historia que estoy apunto de narraros esta basada en escalofriantes hechos reales, en tu mano está el creerme o no, yo tan solo me limitaré a contártela.

Ocurrió hace mucho tiempo, hace aproximadamente 5 años, el invierno por aquel entonces estaba siendo más frío de lo normal, las calles estaban completamente vacías debido al mal tiempo, el escenario callejero era desolador.

Por cierto, no os he dicho mi nombre, me llamo Melisa, soy una chica de 17 años de edad, una chica normal y corriente. O al menos... así era hasta que ocurrió el fatídico percance que desoló mi vida por completo.

Mi padre se llama Mat, es un hombre mayor, de 45 años de edad. Se dedica a la carpintería en sus ratos libres, es una afición con la cual mata el tiempo muy a menudo.

Susan, mi madre, murió despeñada por una colina cuando se encontraba practicando escalada, de eso hace ya 8 años, es un trance que por suerte ya he superado, aunque mi padre a veces me la recuerda con un tono ciertamente nostálgico.

El siempre me dice que ahora esta en un lugar mejor, aunque yo simplemente me limito a esbozar una sonrisa sin mediar palabra.

Debido a la inestabilidad económica de mi familia no puedo ir al instituto a codearme con la gente de mi edad. Pero no es algo que me incomode, siempre he sido una persona bastante reservada, por lo cual me encuentro bien estando sola.

Gracias al trabajo de mi padre de carpintero, podemos comer y vivir con lo justo y necesario. En nuestra casa no tenemos grandes lujos.

Nuestro hogar no es muy grande, consta de 3 habitaciones, cocina y un baño ciertamente arcaico.

Vivimos justo en el centro de la ciudad, con lo cual todos los comercios se ubican bastante próximos a nuestra casa.

A lado de nuestro domicilio hay una tienda de antigüedades bastante buena, posee muchas reliquias y antiguallas en buen estado.

Mi padre decidió pasarse por el establecimiento a echar una ojeada por sus alrededores, para ver si encontraba algo que fuese de su agrado. Y vaya que si lo encontró.

Adquirió un cuadro de los años 90, en el cual se podía observar a una niña con un vestido de color blanco como la nieve, acompañada de una escena bastante macabra. De fondo, tan solo se veía una feria abandonada.

Su rostro no tenía expresión alguna, su aspecto era frío, tan frío que observarla te helaba el corazón. Su mirada se hundía en un abismo que no parecía tener fin, esos ojos negros y redondos se asemejaban a la oscura y lúgubre noche.

Su sonrisa delataba cierto misterio, era una sonrisa insípida y ciertamente apagada y marchita, era como si en el momento de la foto hubiese pasado por un mal momento.

Su pelo era rizado y de color rojizo, estaba bastante despeinado y con un aspecto nada saludable.

Le pregunté a mi padre que cual era la razón de haber comprado tal cuadro, el tan solo se restringió a decirme que le había parecido místico y curioso.

Me quedé algo asustada con su respuesta, mi padre también tiene cierta afición por coleccionar antigüedades a un buen precio.

Pero aquel cuadro no me daba buena espina, cada vez que lo observaba un escalofrío escalaba violentamente mi espina dorsal, provocando en mí sentimientos de pánico y terror.

Puede que suene exagerado, pero otra de las razones por las cuales aquel cuadro se me hacía irritante, era porque mi padre decidió ponerlo en mi habitación. Le dije que no me agradaba tener aquel oscuro lienzo en mi cuarto.

El bromeaba diciéndome -¿Acaso te da miedo Melisa? Es solo un simple cuadro, aparte hace un buen conjunto con tu habitación-.

Yo sabía que no le podía hacer cambiar de opinión respecto a la ubicación del cuadro, y arriesgarme a quitarlo de su sitio supondría fuertes represalias por parte de mi padre, es muy maniático con sus cosas. Siempre he pensado que su dicho a sido "Así lo decido así se hará".

Al final opté por acostumbrarme a su presencia, aunque esta me desagradase por completo.

Pasaron 3 días hasta que llegó aquel fatídico suceso.

Era sábado por la noche, mi padre tenía que salir de casa para dirigirse hacia su taller, tenía que realizar el encargo de un cliente.

Eso suponía quedarme yo sola prácticamente toda la noche con el cuadro. Era un hecho que en cierta parte me horrorizaba bastante, por otro lado trataba de no pensar demasiado en ello. Por lo tanto me decidí a estar viendo la tele en lo que mi padre llegaba de trabajar.

Antes de irse me hizo una broma de bastante mal gusto. -Hija, ten cuidado con el cuadro, ella te observa-. Tras decir tan crueles palabras soltó una leve carcajada como tratando de calmarme después de la pesada burla.

Pero mi rostro denotaba una desazón e inquietud bastante señaladas.

Tras decir eso, definitivamente se fue de casa.

Frente al macabro panorama que me asolaba opté por llamar a mi mejor amiga, Mery, para que me hiciese compañía mientras que mi padre estaba ausente.

"-Mierda-" Pensé para mis adentros, mi móvil estaba en mi cuarto, con lo cual aquello suponía un tétrico encuentro con el dichoso cuadro.

Pese a ello, me armé de valor y subí corriendo las escaleras hasta estar frente a la puerta de mi habitación, la cual permanecía cerrada.

El mero hecho de oír al pomo girar me estremecía por completo, sentía que aquel cuadro había embrujado la casa por completo.

De manera agitada y convulsa acerqué mi mano hacia la manilla de la puerta, pero justo después de haberla tocado, una fuerte lluvia comenzó a caer de manera repentina.

Una sacudida agresiva azotó mi mente, la cual sucumbía en esos momentos ante un atroz miedo.

-No pasa nada Mery, tan solo es una inofensiva tormenta- Dije en voz alta para calmarme. Si, lo sé. soy fácilmente asustadiza.

Sin titubear más, me adentré por fin en mi cuarto, el cual permanecía completamente oscuro. Traté de buscar el interruptor pero no lo encontraba.

Tan solo la tenue luz de la luna alumbraba un ápice la habitación. Fue en ese momento cuando reaccione de forma inesperada y un grito se desprendió por mi garganta.

Fue debido a que un trueno ensordecedor resonó fuertemente en cielo. De nuevo trate de mantener la calma.

Esta vez, con mas empeño, trate de dar con el interruptor. Me adelante unos pasos hacia la derecha mientras iba tocando la pared para sentir el tacto del botón que prendería mi habitación.

Por fin lo note y la prendí. Un sentimiento de alivio recorrió mi cuerpo. Pero aquella sensación duro poco, se desvaneció en el momento en el cual mi mirada se cruzo de forma involuntaria con el cuadro.

Allí estaba ella, aquella estremecedora niña. Por alguna extraña razón no podía quitar la mirada de aquel lienzo, su mirada se clavaba en la mía, era como si el cuadro tuviese vida propia, como si en cualquier momento fuese a parpadear o a decir algo, era una sensación muy extraña.

De nuevo, un trueno resonó con fuerza a través del cielo. Me sobresalté muy despavorida, entonces, oí como alguien llamaba a la puerta.

-"Será mi padre que se a dejado las llaves"- Pensé de forma inmediata.

Pero antes de que me diese tiempo a reaccionar, los golpes aumentaron su tono de una manera violenta, como si alguien o algo quisiera echar la puerta abajo.

Me quedé paralizada por el miedo, entre eso y la presencia del cuadro, mi mente estaba colapsada por completo.

No sabía que hacer, tenía miedo de abrir y que fuese algún extraño o algo peor... un lunático.

-¡¿Papá?!- Grité de manera intensa. Pero no obtuve respuesta alguna, me esperé unos segundos hasta percibir alguna reacción.

Pero los golpes cesaron por completo. Fue entonces cuando me armé de coraje y decidí bajar a la puerta para ver quien era.

Una vez frente a ella tragué saliva y la abrí sin vacilar, pero tras ella no había nadie, ni una sola alma estaba presente.

O al menos eso pensaba hasta que me di cuenta de algo que me heló por completo la sangre. Debajo de mis pies había una nota escrita al parecer con sangre fresca.

Me quede pasmada y llena de terror. Pero mi reacción fue cogerla para observar lo que en ella estaba escrito.

Lo que leí me llenó de una sensación de miedo estremecedora. "Hija, ten cuidado con el cuadro, ella te observa".

De repente, tras leer eso, en el interior de la casa comenzaron a oírse lamentos entremezclados con risas macabras.

Comencé a sollozar llena de pavor y pánico, no sabía lo que estaba pasando ni porque. De manera inconsciente me metí adentro de la vivienda y me puse de rodillas mientras no paraba de llorar.

En ese momento, pude escuchar una voz muy familiar que procedía sin duda alguna de mi cuarto.

-Mery hija, ven conmigo, por favor no me dejes sola, en esta habitación hace frío... mucho frío-.

Era la voz de Susan, mi madre. No podía dar crédito a lo que mis oídos estaban oyendo.

-¡Para por favor, para!- Suplique a quien quiera que fuese el responsable de dicha voz. No podía asimilar que mi madre me estaba hablando desde su sepulcro.

-Mery ¿Porqué no me haces caso? Te echo de menos hija-.

Justo en ese momento me desperté, todo había sido una atroz pesadilla, un sudor frío se desplomaba por mi frente. Miré alrededor de mi cuarto y allí estaba el perverso cuadro.

Lo observé aterrada unos segundos. Mi respiración comenzó a acelerarse de manera descontrolada. Estaba aterrorizada por la pesadilla.

Pero nada mas lejos de la verdad, llevé mi mirada hacia el suelo y en él pude observar un rastro de sangre que llevaba hasta el cuadro.

Y justo en ese momento... la sonrisa de la niña cambió y se transformo en un rostro triste y apagado.

No pude reaccionar, el miedo me paralizaba por completo. Y justo en aquel instante, de manera súbita la chica de aquel cuadro me habló...

-Mery ¿Porqué no me haces caso? Te hecho de menos hija-. En ese momento, mi respiración se comenzó a cortar, presa del miedo me eché hacia atrás de la cama y me puse en posición fetal hasta que todo pasase.

Pero nada más lejos, el suceso más tétrico y macabro estaba apunto de ocurrir, miré en una de las esquinas de mi cama y pude observar una foto. En ella salíamos yo y mi madre, en una feria abandonada, era justo como el escenario de aquel cuadro.

De repente, mi rostro se tornó borroso y sin expresión. La fotografía comenzó a arder. Entonces... lo recordé todo.

Justo un día antes de su muerte, mi madre me llevó a una feria abandonada. Te preguntarás el porqué mi madre hizo eso...

La respuesta es sencilla, ella, como mi padre, sentía devoción por lo antiguo y desusado, y por alguna extraña razón decidió que nos tomásemos una foto en aquel tétrico lugar. La foto nos la hizo mi padre.

Quizás en aquella feria murió aquella niña del cuadro... Es algo que nunca he sabido, ni quiero saber, pues el tormento que a día de hoy me abate es similar a la peor de las torturas...

Fin.