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Era el año 1613 en el invierno de París cuando el aire frío y la nieve tenue cubría la ciudad, es aquí que un joven soltero llamado Gaspard Robilette llegaba a duras penas a su casa después de una noche de juerga, diversión y placer. La normalmente ruidosa ciudad estaba más calmada en esa hora de la madrugada y las sombras que proyectaba la luna era lo único que se veía en las calles.

Todo París descansaba en ese momento en que Gaspard llegó a su casa, a excepción de una figura encapuchada cubierta por una capa negra y acampanada que se encontraba de pie justo en frente de su puerta, el joven Gaspard avanzó con cautela pero al acercarse su sorpresa creció al darse cuenta de que se trataba de una joven y bella mujer, adornada por unos labios deliciosos, unos ojos deslumbrantes dueña de una piel que hacia envidiar al mismo tono de la luna llena.

Gaspard galante se dirigió hacia la bella mujer preguntándole que hacía en ese lugar a esa hora, en respuesta ella le dijo con una voz muy sensual y encantadora que su criado había ido por su carruaje y que ella lo estaba esperando. Gaspard en un acto de caballerosidad inicial le invitó a pasar a su casa para que esperara en el calor de la chimenea el carruaje, ella aceptó por lo que los dos ingresaron a la casa.

Ya adentro se dirigieron a la cocina donde el joven sirvió un poco de comida y brindaron con unas copas en sus manos, así pasaron conversando y con cada minuto el joven estaba más y más prendado por la joven mujer quien nunca más menciono preocupación alguna por si criado ni por su carruaje que nunca llego. Lo curioso es que la joven nunca tocó su plato de comida y solo se limitó a beber algunos sorbos de vino. El muchacho embriagado por la mujer no se preocupó por la situación, ni le preguntó de donde venía, ni se puso a pensar en lo curioso de la situación, ni siquiera por la identidad de esa exquisita flor, una cosa llevó a la otra y mientras el fuego de las llamas iba disminuyendo en los candelabros, el fuego de una pasión y el calor de sus cuerpos enlazados en la cama iba en aumento, entregados unos al otro al placer que se originó de una extraña circunstancia pero que ocurridos ya los hechos era imposible despreciar ni dar marcha atrás los que el destino otorgo por muy extraño que fuera, al menos así pensó Gaspard.

Cuando la luz del sol se coló entre las cortinas al llegar la mañana, el joven Gaspard Robilette despertó, con un ánimo alegre en el cuerpo como siente alguien cuando piensa que el destino te sonríe, se levantó con un antojo y sin mirar a su compañera se dirigió a la cocina para picar un tentempié a un ritmo alegre casi saltarín al recordar la increíble noche que había pasado.

Se dio cuenta que no faltaría mucho para que sus criados despertasen y hagan el servicio diario por lo que se dispuso a despertar a su invitada, regreso a su habitación y llamo gentilmente “Mi Lady…” , sin embargo ninguna respuesta hubo en el interior de las cortinas de su cama ni movimiento alguno en las sabanas. Rodeó la cama para acercarse al lado donde estaba tumbado el cuerpo de la misteriosa mujer, corrió un poco las cortinas y tomó su mano para despertarla, pero algo no estaba bien, pudo haber sido por su sentido del tacto pero la mano que agarró no se parecía en nada a la mano suave, cálida juguetona que horas antes le había acariciado, corrió completamente las cortinas, sus ojos se abrieron con una mezcla de horror y espanto, el corazón a punto de salirse por la boca a tal punto que sus piernas no pudieron aguantarlo más y cayó de espaldas sin despegar la mirada a lo que él creía horas antes un exquisito cuerpo de la mujer más bella con la que se había topado, en contraste con el cadáver en descomposición que estaba atravesado en su cama, de un color repugnante y asqueroso.

Gaspard Robilette aterrorizado llamó a los doctores y a un policía a su casa que se sorprendieron igual que el sobre el hallazgo, los doctores después de revisar el cadáver llegaron a la conclusión de que había muerto por lo menos hace dos semanas y el policía confirmó el dictamen anterior porque se trataba de una mujer que murió en la horca dos semanas atrás. Mientras comentaban sus resultados frente a ellos el cuerpo de la mujer comenzó a esfumarse en cuestión de segundos hasta que se desintegró por completo ante la vista atónita de los presentes.

Más tarde la policía reportó los hechos para el registro, tiempo después fue de conocimiento público este hecho y se reportaron después incidentes parecidos en distintas partes llamando incluso a esta aparición "la novia cadáver" o “la novia del diablo”, después el documento original del reporte se perdió, sin embargo la historia se registró como un hecho real con testigos reales que confirmaron lo ocurrido.