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Nunca estoy seguro de que esperarme cuando mi mujer cocina. Siempre está buscando recetas en blogs, que siendo honesto, están muy por encima de sus posibilidades. No intento ser grosero, pero es la verdad.

Lo cierto es que me sorprendió por completo cuando la otra tarde dijo.

“He encontrado una receta de algo que nunca hemos probado antes.”

Imito el sonido de un redoble de tambores.

“¡Vamos a probar el jabalí!”

“Cariño,” Señalé. “¿Dónde has encontrado jabalí por aquí? ¿No son esos cerdos enormes que se supone que están en el bosque?”

Hizo un gesto para que me callara.

“Silencio. Estoy intentando expandir nuestros horizontes culinarios. Imagina cuando los Darvilles nos visiten ¡Y les digamos que hemos conmigo jabalí! ¡Qué exótico!”

“¿Pero a costa de cuantos días en el hospital?”

“¡Douglas! ¿Qué estás diciendo?”

“¿Cómo crees que ella responderá, cielo?”

Me miró con recelo antes de lanzarme una sonrisa y decir.

“Estará terriblemente celosa. Sé que siempre ha tenido celos de que me casara contigo, pero aun me gusta recordarle que yo voy por delante.”

“Claro que sí, cariño.”

Entre nosotros, la señora Darville y yo nos habíamos visto de forma secreta desde hace meses. Me preocupaba que supiera de nosotros. Habíamos tenido un par de sustos. Una vez volvió pronto de la tienda, y la señora Darville tuvo que salir por la puerta trasera medio vestida. No me importó esa imagen, pero siempre he deseado que no tuviera que haberse marchado.

¡Por dios, esa mujer es increíble! Hasta se ha hecho un pequeño tatuaje de un oso, por el mote cariñoso que me ha puesto. Siempre me saca una sonrisa.

“Ve a lavarte las manos y ayúdame con la mesa.”

Mientras iba a lavarme, abrió la puerta del horno y pude oler el dulce aroma. Era tan suculento que me atrapó de mi nariz y me sentó en la mesa. Como en los dibujos.

“Aún no me has contado donde has encontrado el jabalí, cariño.”

“Oh, aquí cerca.” Bromeó dulcemente.

“Tengo la sensación que ya has probado este sabor antes.”

“Sabes… puede que sí.”

Nos pusimos cómodos tras una de las mejores cenas que hemos tenido. Tenía una chispa en sus ojos, una que hacía tiempo que no veía. Ese tipo de brillo que tiene la señora Darville antes de ofrecerme su cama.

Me sonrió. Le devolví la sonrisa.

“¿Qué es lo que piensas?”

Aun masticando dije.

“Está muy bueno. No pensaba que me gustara el jabalí.”

“Qué tonta. ¿Te dije que era jabalí? Quería decir que es cerda.” Sonrió.

“Nunca he cocinado a una cerda antes.”

“¿Cerda?”

Antes de que respondiera algo más, levantó uno de los filetes sanguinolentos de la fuente y lo dejó caer sobre la mesa.

“Te dije que la había encontrado cerca. La verdad, la encontré en la puerta de al lado.”

El borde del filete conservaba una generosa parte de piel en su corte. Aun se podía distinguir el dibujo de un oso en la carne asada.

“Sabía que te gustaría.”