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Soy todas las pesadillas que han tenido, soy su peor sueño vuelto realidad, soy el horror a lo que siempre han temido.

Me desperté creo más allá de la media noche, no sabía qué hora transcurría. Por la ventana, sólo oscuridad. Mis ojos, adormilados aún, alcanzaron a distinguir un par de cuervos que se posaron en el viejo árbol del patio trasero. El dolor de cabeza se agudizaba conforme pasaba el tiempo, me dirigí hacia la cocina por un vaso de agua, de pronto tuve la sensación de haber pisado algún líquido desconocido y segundos después me encontraba tirado en el suelo, me había golpeado la cabeza con la caída, rápidamente me incorporé e instintivamente encendí la luz. Horrorizado me di cuenta que el líquido con el que resbalé era sangre, como si de un reflejo se tratara, mis ojos dirigieron su atención al techo. La sangre se me heló al ver colgadas las cabezas de mis padres con la peculiaridad de que ninguna tenía ojos ni orejas. Volví el estómago.

Con mi mente llena de un horror insoportable una duda surgió -¿Dónde están los cuerpos?- Mi duda no tardó en ser resuelta. Al fondo, en el sillón, los cuerpos se encontraban sentados, el televisor encendido, donde antes estaban sus cabezas ahora había globos amarrados al poco cuello que aún les quedaba y una sonrisa macabra y mal pintada aparecía dibujada en aquellos globos. El detalle final de aquella hórrida escena fue ver clavadas en la pared los ojos y las orejas que alguna vez pertenecieron a mis padres.La respiración se me dificultaba, era como si algo me hubiera arrancado el alma de golpe, mirando aquella escena mi mente se nubló, no sabía qué hacer. Un olor repulsivo inundó mi olfato y este me condujo a la cocina, una olla grande con agua hirviendo contenía los pedazos de lo que alguna vez fue mi hermano menor y en el microondas se hallaba mi perro, parecía la cena de una mente enferma.

-¿Llamar a la policía? No, eso no servirá de nada, estoy condenado, mi vida está condenada...-

Esos eran mis pensamientos mientras lágrimas caían de mis ojos y me desplomaba hacía el suelo. Sin embargo un sonido me interrumpió, lentos y fuertes pasos se oían bajar por las escaleras, me escondí bajo la mesa y una sensación de angustia, ansiedad y un miedo indescriptible me revolvía las entrañas al ver lo que iba bajando por esas escaleras.

Un monstruoso payaso con el disfraz manchado de sangre, un maquillaje descuidado al grado de parecer una máscara pútrida y sanguinolenta, en la mano cargaba un enorme cuchillo de carnicero. Cuando hubo terminado de bajar las escaleras, el sonido de sus pasos me indicaba que se dirigía a la cocina, sin percatarse de mi presencia se sentó en la mesa y de sus labios salió una tétrica melodía:

-La... La... Sotoro me sotoro me la la la-

Instantes después se levantó y fue a sentarse junto a los cuerpos de mis padres mientras yo salía de mi escondite y tomaba de entre los cajones de la alacena un cuchillo. Tomé valor y me dirigí silenciosamente hacia él, dispuesto a clavárselo, él estaba distraído inflando un globo color verde. Aprovechando su distracción en un movimiento rápido le enterré el cuchillo en la espalda, un grito de dolor que parecía emitido por una voz infernal escapó de su boca. Mi cuerpo quedó petrificado mientras se levantaba y giraba hacia mí, su mirada se clavó en la mía y sentí como si mi mente fuera destruida por aquellos ojos, ojos que reflejaban los horrores que había cometido acompañados por una sonrisa ensangrentada. Se abalanzó sobre mí y comenzó a apuñalarme con furia en el pecho y en el rostro, al principio el dolor era atroz pero fue disminuyendo paulatinamente al tiempo que mi vista se nublaba, fue entonces cuando el cuchillo penetró mi garganta y rasgó todo mi cuello hasta que, con un crujido, mi cabeza fue separada de mi cuerpo...

Desperté súbitamente el sudor que caía lentamente por mi frente era frío. Una pesadilla solamente, una apacible tranquilidad me inundó al saber esto. Miré por la ventana, el esqueleto del viejo árbol seco en el patio proyectaba su sombra en la desolada calle, el viento ululante trajo a mis oídos una melodía muy peculiar.

-La... La... Sotoro me sotoro me la la la-

Y al otro lado de la calle un payaso con globos verdes se encontraba mirándome fijamente...

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