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Faith Dyer era una chica tímida y creativa de 16 años, su cabello era rojo intenso de nacimiento, corto hasta la mandíbula y un flequillo que de vez en cuando cubría totalmente sus ojos. Le gustaba mirar programas sobre investigación de crímenes, el color rojo la ponía feliz y ser besada en la mejilla por el carmesí color de labios de su madre le encantaba. Faith no disfrutaba de estar en casa ya que su madre siempre traía a su hogar a un nuevo novio, eso la hacia sentir incómoda. El único lugar en que siempre se avergonzaba del color de su cabello era en la escuela ya que las chicas decían cosas como "Sólo los demonios tienen cabello rojo", "Tu madre se ha tirado a todo el país", "Las mujerzuelas son las que tiñen su cabello de rojo". Muchas veces solía pasar un día entero de clases llorando en uno de los cubículos del baño.

Su madre cada día le prestaba menos atención. Ya no le daba tiernos besos en las mejillas, a veces se iba en la mañana de la casa y cuando llegaba al día siguiente traía a un novio nuevo. No se preocupaba por ella.

Un día su madre llegó a casa temprano junto a un hombre alto y gordo, mientras Faith miraba Tv tirada en el piso. El hombre se sentó tras ella en el sofá y en todo ese tiempo sintió un cosquilleo en la nuca. Él la miraba. Cuando su madre la hizo sentar en la mesa para desayunar, tomó la mano del hombre robusto y dijo:

—Faith, éste es mi novio, Timo Zeta. —presentó su madre. Faith, con el flequillo cubriendo la mitad de su rostro, asintió y forzó una sonrisa.

—¿Puedo llamarte 27? —preguntó Faith a Timo. Su madre sonreía y Tim la miraba con confusión. —... Es que ya sabes, para no confundir tu nombre con el de los últimos 26 novios de mamá. —dijo ella volviendo a comer su tostada.

Timo murmuró algo.

—No, no puedes... Su nombre es Timo y se quedará con nosotras por un tiempo. —dijo su madre.madre.

Faith apartó el flequillo de su rostro y miró a Timo. Color de piel negra, altura normal con una túnica amarilla. Nada comparado con el tipo de chico con el que su madre suele salir.

Frunció el seño.

Éste no era su tipo.

Los días pasaron convirtiéndose en semanas, y cada día la madre de Faith actuaba muy extraño, se quedaba largas horas sentada en la misma posición, con una enorme y espeluznante sonrisa mirando a la nada, su cara estaba roja, las venas se marcaban siniestramente en su rostro y casi nunca hablaba, cosa que le encantaba hacer.

Un día Faith llegó de la escuela y encontró a su madre en la misma posición que la noche anterior cuando le deseó buenas noches. Faith dejo caer la mochila de sus hombros y se arrodilló frente a ella. Su madre temblaba comenzando con explotar en cualquier minuto.

—¿Mamá, qué te sucede? —preguntó Faith. Después de unos segundos, su madre la miró y Faith se asustó... Porque eso era lo que sus ojos decían... Miedo.

—Ayú...dame. —oyó a su madre susurrar entre dientes.

—¿Cómo te ayudo? —preguntó, pero sintió una mano en su hombro que la asustó, provocando que se alejara.

—¿Asustada? —preguntó Timo muy cerca de ellas.

¿Como había llegado ahí? Se preguntó Faith.

—No, no... Sólo fue la sorpresa. —miró de reojo a su madre antes de tomar su bulto y subir a su habitación.

Se sentó en el escritorio de su pequeña habitación, encendió su ordenador portátil y empezó a navegar por la red en el Internet información sobre lo que posiblemente le estuviera sucediendo a su madre. Buscó y buscó hasta que dio con algo muy interesante, fue tanta la conmoción que sin querer lo leyó en voz alta:

—"El voodoo ha sido un fuerte referente para la cultura popular, debido a la atribuida capacidad de los bokor para resucitar a los muertos y hacerlos trabajar en su provecho (zombis), así como la de provocar la muerte a voluntad. De igual interés popular han resultado otros elementos folclóricos como los muñecos de voodoo, que son una especie de pequeños fetiches (que pretenden ser representaciones de personas) con forma humanoide fabricados con diversos materiales, los cuales se cree que están vinculados al espíritu de una determinada persona; un ejemplo de ello es que popularmente se dice de ellos que lo que se les haga le sucede a quien el muñeco haya sido hecho para representar".

—Correcto.

Su corazón se detuvo mientras los pelitos de su nuca se ponían de punta al sentir ese sucio aliento. Giró su cabeza.

Timo.

Faith gritó de dolor cuando Timo tomó un puño de su cabello sacándola de la silla, arrastrándola por el pasillo, las escaleras y la sala hasta llegar a la cocina, la puso de pie, plantó su mano izquierda sobre el comedor y clavó un largo y filoso cuchillo en su mano, traspasando la mesa provocando que Faith llorara más.

—Por favor... Déjame ir, haré lo que quieras, duele, duele mucho... —sollozó Faith.

Timo le dio una chaqueteada.

—Será mejor que te calles si no quieres que pase algo peor, he estado observándote desde un largo tiempo, eres una hermosa criatura...

Faith no pudo seguir las palabras de Timo porque algo la hipnotizó. Algo hermosamente carmesí brotaba debajo del cuchillo que clavaba su mano a la mesa. Era sangre... Sangre, sangre, sangre... Tan suave, tan espesa y carmesí. Rosas derretidas. Siguió el camino de la sangre que caía con lentitud al piso hasta que algo la hizo volver a la realidad.

Su mano derecha estaba moviéndose a la cinturilla de sus shorts. Bajándolos. Ella no tenia control de esa mano, trató de parar pero no podía. Levantó la vista y vio a Timo con una pequeña muñeca igual a ella, tenía su mismo cabello rojo, botones negros como ojos y estaba sin ropa.

Su mano hacía movimientos como Timo hacía movimientos con la mano de la muñeca, hasta que logró bajar los shorts.

Ahora trataba de bajar sus bragas.

—No, no... Detente, deja de hacerlo, no quiero... No quiero. —gritó Faith a Timo.

—Que te calles, alertarás a los vecinos... —dijo Timo. Faith siguió gritando. —... No quería hacerlo, pero no me dejas opción.

Timo soltó los brazos de la muñeca y empezó a coser algo en su rostro, Faith lo vio como la oportunidad perfecta, así que con mucho dolor sacó el cuchillo que clavaba su mano a la mesa, corrió hacia Timo y lo clavó en el pecho de éste.

Más hermosa sangre siguió brotando, volviéndola loca y apasionada.

—La muñeca es tu maldición, nadie te puede hacer daño... —dijo Timo. —... Pero si alguien destruye tu muñeca... A ti también. —dijo Timo tosiendo sangre en cada pausa.

Faith iba a decir algo pero no podía. No podía hablar. Tocó sus labios y sintió hilos finos. Su pecho empezó a subir y a bajar con enojo. Sujetó el mango del cuchillo con fuerza y empezó a clavarlo por todo su cuerpo, cuando se hartó se sentó junto al cuerpo de Timo. El flequillo cubriendo la mitad de su rostro.

Vio un bulto en el pecho de Timo que le llamó la atención, deslizó su mano bajo la túnica de él y sacó lo que parecía ser otro muñeco Voodoo... El muñeco Voodoo de Timo. Estaba mojado en sangre y el relleno salía de la parte frontal en donde ella lo había apuñalado.

Tomó su muñeca Voodoo del suelo junto a sus shorts, caminó a la sala y encontró a su madre desmayada en el suelo. Más relajada, tomó una ducha deshaciéndose de la sangre, tomó un enorme sweater rojo con cuello de tortuga y mangas que tapaban sus manos, unos jeans y sus botas. Salió de su casa, tapó su boca con el cuello de su sweater y nunca más volvió.