Wiki Creepypasta
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Llegó al pueblo respondiendo a un anuncio de trabajo, estaba cansada y tenía mucho sueño, eran las seis de la tarde de un nubloso día de enero. Le sorprendió la tranquilidad que se respiraba, pero más le sorprendió no ver a nadie por la calle, aunque era invierno en los pueblos costeros y casi siempre hay gente por todas partes.

Justo a medio bajar la cuesta que conducía al muelle el coche se paró, cosa tremendamente rara, si tenemos en cuenta que ella no pisaba el freno, pero el coche se negaba a moverse. Se bajó y miró a su alrededor, no había nadie que pudiera ayudarla, pero no fue eso lo que más la inquieto, sino el hecho de que no se oía nada, ni siquiera el mar, que estaba a unos veinte metros a su derecha.

Escuchó atentamente intentando captar sonidos, una televisión, una voz, tintineo de vasos… algo.

Pensó en no ser tan aprensiva y buscar ayuda, en alguna parte tenía que haber un bar, tiendas o un centro policial. Empezó a sentirse mal cuando vio que todas las casas de la calle estaban tapadas, y también las ventanas, debía haberse equivocado en el cruce anterior decididamente este era un pueblo abandonado.

De pronto sonaron las campanas de la iglesia y al mismo tiempo se apagaron las luces de toda la calle. Muy asustada corrió hacia el coche pero no podía encontrarlo, ¡no estaba!

Entonces oyó otro sonido y deseó que todo fuera silencioso como antes, era un alarido casi infrahumano, un grito de mujer… aterrador. No estaba sola después de todo; alguien gritaba como si le estuvieran arrancando la piel, como si… ¡El dolor! El dolor la aferró, recorrió todo su cuerpo y se desmayó.

Cuando despertó el dolor era insoportable y casi no veía, poco a poco se le aclaró la mente, seguía escuchando las campanas pero de una manera muy lejana, ya no oía el grito de mujer, ahora solo oía lamentos y gemidos, se sentía “como flotando” pero no podía moverse…

Entonces se despejó por completo y comprendió.

Se saltó el cruce, el grito que oyó fue su propio grito y no podía oír el mar porque estaba dentro de él; se estaba ahogando, sería parte de la nada de aquel pueblo que nunca llegaría a ver…

Solo pudo oír las campanas de la iglesia, que parecían tocar a muerte.

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