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Con cinco años casi recién cumplidos, Carlos se entretenía dibujando increíbles paisajes y divertidas figuras en aquel desgastado block de dibujo, que al ser visto por sus padres y familiares levantaba admiración por el talento creativo del chico y la calidad y belleza de los dibujos dada su corta edad.

Todos los días agarraba un lápiz y comenzaba a crear personajes en el papel. Personajes sonrientes, alegres y coloridos; al igual que esos bonitos paisajes llenos de árboles, riachuelos y hermosas colinas.

Su fuente de inspiración era básicamente lo que veía, por ejemplo, al venir del colegio hasta su casa. Un gato, una flor, una mujer llevando de la mano a su hijo... A veces incluso dibujaba escenas de algo visto en la televisión, en algún programa o en alguna serie de dibujos animados.

Llevó esta afición a cabo hasta los nueve años, pero él no esperaba lo que sucedería....

Como otras veces, Carlos se agachó para agarrar uno de los blocks que guardaba con cariño en un cajón de su armario pero, puede que por la experiencia adquirida durante todos esos años, nada más al tomarlo entre sus manos supo que algo no iba bien.

Las tres primeras hojas estaban llenas de dibujos; los últimos dibujos que había hecho. No obstante, las hojas cuarta, quinta, sexta y así consecutivamente hasta llegar a la última hoja estaban también usadas... pero no era obra de Carlos.

En esas otras páginas podían leerse extraños manuscritos en un idioma desconocido para el chico, así como imágenes toscas, oscuras y sucias que los rodeaban y adornaban.

Imágenes que si bien no las llegaba a entender del todo, si sabía que lo representado allí era motivo de preocupación. Imágenes y textos firmados por el mismísimo Satanás

Con lágrimas en los ojos, Carlos cerró el block...

Carlos estaba temblando, Jamás se había sentido tan mal, y una sensación de culpa y terror le recorrió todo el cuerpo.

Por unos instantes pensó en quemar aquel maldito cuaderno de dibujo, más no tardó en imaginar las consecuencias de su acto pues estaba tratando con el Diablo.

Volvió a enterrarlo en el cajón y salió de su cuarto queriéndoselo contarle todo a sus padres... pero unas preguntas sin respuesta bombardeaban su cabeza, ¿qué pensarían sobre aquello? ¿Lo creerían? ¿qué hace un niño de escasos años recibiendo cartas del Diablo? Quizá ya era tarde y su joven alma estaba condenada eternamente a sufrir.

Pasaron los días y sus padres se empezaron a inquietar por la actitud de Carlos. No comía, apenas hablaba, siempre estaba de un color blanco grisáceo, como un muerto, y, en las noches, a exactamente las 3 de la mañana Carlos se paraba llorando y gritando....

Por supuesto dejó de dibujar, La sola idea de volver a ver aquellas oscuras y tenebrosas ilustraciones le hacían palidecer otra vez y estremecerse. Quiso olvidar aquello como buenamente pudo, pero le era imposible ignorar lo que guardaba en aquel cajón, Un cajón que guardaría por siempre las cartas del diablo y que por más que quisiera ya no podría desprenderse de ellas.

La época de los dibujos hermosos había concluido, pocos meses después se encontró el cuerpo de Carlos, los rastros indicaban un suicidio, Carlos, minutos antes de morir, dejó una pequeña nota en su mano, y ella decía: Lo siento mamá y papá pero Las Cartas Del Diablo me hicieron esto, así seré feliz, gracias por todo, el amor, el cariño y la educación, pero no pude mas.