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Mi madre era una escritora reconocida por sus novelas de romance y suspenso. Ella sabía perfectamente balancear los temas más obscenos y horribles con el género de romance. Sus novelas atrapaban al lector por toda su complejidad y elegancia, que actualmente se está perdiendo. Los modales poco importan y los modismos predominan en el lenguaje actual, tanto que si viajas a otro país no podrías entender lo que dicen.

Debido a eso he sido influenciado en la lectura y escritura. Era el favorito de la maestra por mi dedicación, obteniendo las mejores notas. Pero todo prodigio tiene sus fallas.

Desde muy pequeño he tenido la obsesión de ser mejor que todos los demás, y eso se debía a un suceso en el jardín de niños cuando tenía cuatro años. La señorita Laura era mi maestra en ese entonces. Ella nunca me agradó, tanto su rostro como su personalidad dejaban mucho que desear: me gritaba por cualquier cosa (sólo a mí, o es eso lo que recuerdo); era adicta a los cigarrillos (se notaba por su voz); era sólo piel y huesos, y tenía una enorme verruga con dos pelos que sobresalían de eso. Volviendo al tema: recuerdo que ella le estaba revolviendo el cabello a Mayo, un compañero mío. De pronto otra maestra se le acercó y comenzó a manosear la melena del chico.

ㅡ¡Ay! Mayo es el más guapo ㅡDijo la mujer.

ㅡ¡Ay, sí!ㅡ Respondió Laura.

Me sentí muy inferior. Y empecé a sentirme feo también.

Tal competitividad se incrementó en la secundaria, cuando pasé por un terrible bloqueo de escritor. No se me ocurría nada, todas las historias que escribía no tenían un final coherente y fascinante. Es así cómo comencé a buscar historias en la vida de otros, mediante un análisis completo. ¡Es increíble cómo se puede saber tanto de una persona con sólo mantener una simple conversación con ella! Por ejemplo: mi madre es vanidosa; su amiga no puede soportar que alguien sea mejor que su hijo (algo que tiene en común conmigo y con mi madre); su hijo es simple, aburrido y falso (algún día sé que me traicionará); mi vecina, Margarita, es una insoportable niña que lucha constantemente por ser aceptada por la sociedad.

Pronto me cansé de toda esa vulgaridad que se repite una y otra vez en cada persona del mundo. Quería conocer a alguien que pudiera esconder un gran secreto.

Una horrible tarde de invierno, dos hermanas gemelas llegaron a mi clase. La belleza de ambas era algo, que aunque se lo explicara, no podrían imaginar: su piel era como porcelana blanca, y sus ojos carentes de expresión alguna, eran simplemente maravillosos, debo decir que parecían muñecas antiguas. Me entristece el sólo pensar que yo era el único que apreciaba lo hermosas que eran.

Jane y Elizabeth Smith, eran sus nombres. Sí; como dos de los personajes principales de Orgullo y Prejuicio, de Jane Auten.

Ambas emanaban un profundo misterio del que vale escribir. Es por eso que decidí ser su amigo. Supe de ellas, que tienen una fascinación por los espíritus, demonios, Dios y todos esos temas paranormales y sobrenaturales. También descubrí que tienen una forma diferente de ver el mundo: tal y cual es. Incluso llegué a sentirme atraído por ellas, pues eran iguales, no había mucho que diferenciaba a una de la otra. Pronto llegaron a responder a mis sentimientos, iniciando una relación amorosa.

Sé que estuvo mal, pues éramos tres, fue una total degeneración. Y fue ahí cuando supe que eran muy competitivas; ninguna soportaba tener que compartirme con la otra. Y cada una de sus discusiones eran inquietantes y aterradoras..., eso era lo que fascinaba de ellas: que todo lo volvían como una película de suspenso y horror. Pero esas vagas sensaciones pronto se hicieron realidad cuando encontré tirado bajo mi cama una sucia muñeca de trapo, dividida a la mitad. El miedo invadió mi cuerpo cuando la vi... Era como si hubieran cosido la mitad de dos muñecas y luego arrancado con rabia. El deseo de las dos siempre fue estar juntas, hasta que llegué yo. Debía de cortar con la relación. ¡Gran error! Hubiera preferido que una acabara con la otra a tener que soportar este horrible destino.

Cuando les dije que era mejor para las dos que dejáramos de vernos, no lo tomaron muy bien, encerrándome para siempre en su sótano. Tengo que soportar cada día todos sus abusos y caprichos. Si no llego a complacerlas me agreden dolorosamente. Es por eso que escribo esto: con las esperanzas de que alguien, ajeno a ellas dos, encuentre esta nota, y sepa por fin lo que le sucedió al hijo de Mary Edgar.