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Aún recuerdo el día... Es un recuerdo tan borroso que aún no lo comprendo... El día que me quedé solo... El día que los ignoré y si te preguntas ¿quienes son?, ¿por qué lo hacen? Espero que mi historia te sirva de advertencia.

Todo comenzó un día en que dos amigos: Martín, Álvaro y yo fuimos a una fiesta que estaba al otro lado de la ciudad, llegamos alrededor de las ocho de la noche. Pasó el tiempo y yo quiero pensar que fue la diversión, pero el tiempo se fue demasiado rápido. Decidimos que era tiempo de irnos, entonces noté que Martín actuaba un poco extraño, temblaba, estaba sudando, se tapaba los oídos, se miraba muy nervioso.

Pensé que estaba un poco embriagado y comenzamos a caminar, Martín se veía cada vez peor, y al cabo de un tiempo me di cuenta de que estaba hablando solo.

-¿Estás bien?-

Pregunté aunque parecía no escucharme, Álvaro y yo estábamos confundidos.

- Será mejor llamar a sus padres y que vengan por nosotros- Está bien, pero tú tienes teléfono, ¿no? - No, yo no lo tengo- - Pues yo tampoco, ¿crees que Martín lo tenga? - No sé, él no nos dice nada y me empieza a preocupar, busca uno en sus bolsillos.

Acto seguido, traté de buscarlo, pero en cuanto acerque mi mano, él me empujó. Cada vez que lo intentaba tenía la misma reacción, así que seguimos caminando un par de calles y noté que la gente no estaba en la calle, pensé que era por la hora, así que lo ignore.

- ¿Cuánto falta para llegar a casa de Martín?- Pregunté sin obtener respuesta.

Miré hacia atrás extrañado del silencio y mi sorpresa fue que Álvaro no estaba en ninguna parte. Le hubiese preguntado a Martín, pero seguía hablando solo. Como si yo se lo hubiera preguntado, Martín dijo una frase que me paralizó.

- Ellos se lo llevaron - dijo Martín con voz nerviosa- - ¿Quienes son ellos? -pregunté casi por instinto- - Y vienen por ti - ¿Quienes vienen por mí?

De pronto vi a una mujer que estaba frente a nosotros y me miraba fijamente, se acercaba lentamente, estaba pálida y tenía sus ojos completamente negros, tenía manchas de lo que parecía ser sangre. Quise correr, pero sentí que alguien me sujetaba los pies, en un instante me vi rodeado por personas de ojos negros y caras blancas.

Martín ya no estaba tampoco, comencé a gritar hasta que la mujer estuvo frente a mí, cerré los ojos y la mujer dijo:

-Debiste haber escuchado a las voces-

Ahora sé que Martin escuchaba esas voces, las que ahora no salen de mi mente. Ahora que estoy destinado a vagar en este mundo frío. Sólo puedes salvarte si escuchas... A las voces