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Nevó durante toda la noche. Los alrededores se encontraban teñidos de color blanco. Los pinos no tenían hojas ya. El invierno había llegado.

-April, no llegues tarde a casa. -dijo su madre mientras revolvía el cabello rosa de su hija.

-Está bien, adiós! .-hizo un ademán con la mano derecha.

La chica de ojos grisáceos miró a través de la ventana, salió y se encaminó hacia el instituto atravesando el bosque frente a su casa.

Llegó a su destino, las miradas recayeron sobre ella, incomodándola. Acomodó su mochila y se dirigió a su aula.

Las clases transcurrieron con normalidad. Nadie le habló. Nadie se le acercó. Ella tampoco hizo mayor esfuerzo.

Cada cierto tiempo April miraba por la ventana situada al lado de su puesto. Esta daba una amplia vista al bosque.

Sus compañeros volteaban a mirarla. Ella les devolvía una mirada llena de odio y luego sonreía mientras dibujaba algo en uno de sus cuadernos. 

Su aburrimiento terminó. Se levantó, tomó sus cosas y salió del lugar.

Miró la hora en su móvil, ella no quería llegar a casa.

El crujir de una rama seca despertó su sistema de alerta.

Sacó la navaja que llevaba en el bolsillo frontal de su sudadera gris. La llevaba en caso de emergencia. Ella no confiaba en nadie. Apretó el mango, dispuesta a atacar. 

Se dio la vuelta y, para su asombro. No había nadie allí. O eso es lo que ella pensó. 

Él se encontraba camuflado entre los árboles. Luego de unos segundos los pasos de April se alejaron. 

Llegó a casa, todo estaba igual que siempre. Su padre ebrio, su madre fuera de casa. 

Apresuró el paso para llegara su pieza, puso el seguro a la puerta. Ella no tenía ganas de escuchar el sermón de aquel hombre alcohólico que la hacia llamarlo "padre".

Se sentó en la cama y miró por la ventana, vio a su mamá llegar.

-3, 2, 1... .-exclamo en voz alta.

Los gritos no se hicieron esperar. 

Ella se levantó y tomó una cajita musical. Le dio vuelta a la manija situada en uno de los lados. Esta comenzó a producir una melodía pegajosa. 

Cerró los ojos sumergiéndose en el sonido. Recordó los bonitos momentos vividos en su infancia. Recordó sentirse protegida en los brazos de su abuelo. 

Volvió a mirar por la ventana. Logró ver entre los árboles a un hombre anormalmente alto, vestido con traje negro y corbata roja. Su mirada fue subiendo. Tentáculos negros sobresalían de su espalda. Él... no tenía rostro. Su cara parecía un lienzo en blanco.

Atónita,  se acercó más a la ventana. Pero, en el instante en que parpadeó, ese extraño ser había desaparecido. 

Aún llevaba su mochila colgada en su espalda. Se levantó y la lanzó a la esquina más oscura de la habitación.  

-¡April! ¡Baja ahora mismo! .-escuchó a su padre gritar.  

Ella se retiró de la pieza y al cabo de unos minutos regresó. Se encontraba llorando. 

April se metió al baño y salio llevando un jean negro, un poco holgado. Unos botines del mismo color y una remera blanca. Tomo una sudadera del color de su cabello y se la colocó. 

Tomó una mochila negra y comenzó a meter ropa. Sacó una billetera y la guardó también. Llevó la caja musical consigo.

Sacó una caja de debajo de su cama. Esta contenía una pistola.

La tomó fuertemente y la guardó en el bolsillo trasero de su pantalón.   

Lanzó su mochila por la ventana. Hecho esto saltó. 

La tomó y se alejó, cada vez iba más lejos de la cuidad. Llegó a las afueras, ella dobló en una esquina e ingresó a un callejón sin salida.

Un grupo de drogadictos se encontraba al final de este. 

Aquellos hombres se levantaron, insinuándole cosas a April. Uno de ellos comenzó a tocarla. 

-Yo vine para negociar, pero no me dejan otra opción. -dijo mirándolos con una sonrisa que dejaba ver todo el odio retenido en su interior.

Ella sacó su pistola, y con toda la tranquilidad del mundo disparó al corazón del hombre que la estaba tocando.

Retiró su navaja de la sudadera y se la clavó en el pecho a otro tipo.

Se dio la vuelta y tomo de la remera a otros dos. Hizo que entre ellos se golpeen la cabeza. Gastó una bala en cada uno cuando cayeron al piso.

El último intentó escapar. Estaba a punto de lograrlo, pero ella fue más rápida y antes que doble en la esquina le disparó en la cabeza. Acabando así con la vida de todos ellos. 

Sacó una llave de los bolsillos de una de sus víctimas. Abrió una puerta oculta en la oscuridad. 

Un chico de bozal y googles ámbar había presenciado todo.

El joven ingresó al lugar buscando rastros de la chica.

-Largo. -dijo ella acercándose. 

No se movió, la miró desafiante. 

-No me hagas enojar. -exclamó ella.

-No peleo con niñas. -respondió tranquilamente. 

En un movimiento rápido April lo acorraló contra la pared. Le quitó el hacha de mango naranja que llevaba en la mano derecha y la colocó a milímetros de su cuello.

-Nunca vuelvas a llamarme así. 

Él sacó su segunda hacha y la empujó, invirtiendo la posición. 

-Nunca vuelvas a amenazarme. 

Ella lo golpeó en la entrepierna, él la soltó. Cuando ella parpadeó el extraño simplemente desapareció. 

Ella frunció el ceño y volvió a lo suyo.

April miro a su alrededor, se encontraba especie de estudio. Habían fotografías pegadas en las paredes. Papeles y documentos por todos lados.

Ayudándose de la escasa luz que había en el lugar, empezó a buscar entre los cajones de un escritorio de tonalidades cafés. 

Tomó un folio y empezó a leerlo.

"Dirección actual: Calle de la cruzada. Distrito 1 (centro) Madrid."

April tomó su mochila y se dispuso a llegar al lugar. 

Caminó durante varias horas. Se colocó la capucha en un intento de mantener el calor de su lado. 

Las frías calles de Madrid parecían no tener un fin.

Llegó a una calle nada transitada. Era una de las calles más antiguas de cuidad. 

Dirigió su mirada a un edificio añejo, algo descolorido, de cuatro plantas aproximadamente. 

Ingresó a la recepción del lugar. El olor a manzana y canela inundó sus fosas nasales.

-Cual es el departamento de Alexander Canette? .-preguntó al portero.

-¿Es usted familiar suyo?

-Soy su nieta. 

-El señor falleció hace unos 7 años. 

-F-falleció? .-se le quebró la voz. -Debe, debe haber un error. Él estaba bien, yo... Él no puede estar muerto. 

-Murió de soledad. -dijo fríamente el señor. -Ahora si me disculpa. Tengo cosas que hacer.

Ella no dijo palabra alguna. Salió rápidamente y se internó en el bosque.

-Prometiste que nos volveríamos a ver. -susurró. 

Lágrimas amenazaban con salir despavoridas. Sus ojos grises se tornaron más oscuros.

-No me queda nadie, abuelo.  -dijo dejándose caer.

Tomó con las manos temblorosas el arma. Se quedó mirándola, sumergida en sus pensamientos. Cerró los ojos y empezó a llorar. 

Sintió unos brazos rodeándola.

Ella se sobresaltó y se dio vuelta, no había nadie.

Solo había un trozo de papel en la tierra. Se limpió las lágrimas y lo tomó. 

Le dio vuelta y abrió los ojos, aterrada. 

"No estás sola, mi pequeño monstruo" .-decía escrito con letras grandes y alargadas. 

Alzó la vista. Y allí estaba él. El hombre sin rostro se encontraba parado frente a ella. 

April parpadeó repetidamente, creyendo que sólo era su imaginación. 

Tal y como pensó, él había desaparecido. 

Se levantó y caminó, sin un rumbo al cual llegar. 

Llevaba horas en lo mismo, April cruzó una carretera, sumergida en sus pensamientos. 

Lo ultimo que escuchó fue el ensordecedor sonido de los frenos de un choche. 

El automóvil se estrelló contra April. Ella murió en el impacto.

Todo pasó tan rápido.

April vio todo a su alrededor. Vio su frágil cuerpo tendido en el pavimento.

-¿Qué está pasando? .dijo al verse a si misma, muerta.

-Ven conmigo. -escuchó una grave voz detrás suyo.

Ella volteó. 

Vio a Slenderman extendiéndole la mano.

-¿Eras tú, verdad? ¿El de la nota? .-cuestionó. 

-Ven conmigo. Nunca más volverás a sentirte sola. -la ronca voz retumbó en su mente. 

April le tomó la mano y se internó junto a él en el oscuro bosque. 

Cuando escuches la melodía de una caja musical, no temas. Es April. Ella no te hará daño si tu no lo haces. Solo te dará un golpe de realidad.

"Open the eyes, look at the real world"