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Dicen que los demonios nos esperan en los lugares más inesperados, ahí donde nos sentimos seguros. Nos observan con sigilo, miden nuestros pasos y nos siguen con la mirada. No podemos verlos, al menos la mayor parte del tiempo. Porque a veces sucede. Sentimos un escalofrío o una punzada en la espalda, como si una mirada nos atravesara, literalmente. Giramos la cabeza, pero no hay nada. Y seguimos adelante, sin saber que ellos nos siguen el paso, muy de cerca.

Los demonios no quieren ser vistos, pero en contadas ocasiones sienten la necesidad de recordarnos que no se han ido, casi insinuando que son ellos quienes tienen el control. Y si escuchamos con mucha atención, los podemos oír susurrando maldiciones, deseándonos el mal.

Muchos se muestran escépticos a estas historias; pero cuidado porque, cuando menos lo esperes, pueden estar vigilándote desde las alturas, con sus penetrantes ojos blancos.