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Esta historia ocurrió en el año dos mil.

La protagonista de esta historia no quiso dar a conocer su nombre; Así que en la llamaremos Lupe.

Lupe había terminado sus estudios en el Instituto Politécnico Nacional, ahora estaba buscando un trabajo. Desde niña siempre quiso conducir un tren del metro de la Ciudad de México. Y por fin lo había logrado. Pudo obtener el trabajo fácilmente, ya que tenia a un par de familiares trabajando en el metro, que recomendaron al jefe de sindicato que la dejaran trabajar ahí.

En 2 semanas, Lupe sabía conducir perfectamente un tren del metro. Cuando comenzó a trabajar, conducía en la linea 4 de Martín Carrera a Santa Anita. Un tiempo después, la cambiaron a la linea 2 que corre de Cuatro Caminos a Taxqueña.

Pasaron los meses, y Lupe había experimentado una gran cantidad de experiencias únicas que sólo se viven en la red del metro. Además conoció bastante gente. Uno de ellos fue Don Carlos, el que le enseñó cómo conducir un tren y todo el mundo del metro.

Un día, Don Carlos le estaba contando sus historias. Había vivido durante el temblor del 85, como de costumbre. Don Carlos pronto se jubilaría. En un momento, Carlos le pregunto a Lupe:

-¿Oye, algún día harás tu cambio para irte a otra línea?

-No, la línea 2 es perfecta. Aquí los trenes son nuevos, no hace tanto calor como en otras líneas y Cuatro Caminos es la estación que tengo más cerca de mi casa.

-Bueno, esas son razones muy convincentes, pero te daré un consejo: no importa qué día de la semana sea, no te quedes en el túnel que hay entre Panteones y Cuatro Caminos por ninguna razón después de la medianoche.

-¿Por?

-Es que en ese túnel suceden actos sin explicación, bastante fuertes, casi paranormales.

Lupita sólo se rio, y le dijo a Don Carlos que dejara de ver la televisión, que tanto ver a Carlos Trejo o a Jaime Maussan lo andaba afectando.

Don Carlos sonrió, pero repitió la recomendación, Lupe sólo le dijo que sí.

Pasaron varios meses después de aquello, Don Carlos se jubiló y se fue con su familia en Oaxaca.

Lupita seguía en la línea 2. Ya extrañaba a Don Carlos, que le contaba tantas historias interesantes y la entretenía en su labor.

Una noche, pasadas las 12, Lupita llevo el último tren a Taxqueña, el jefe de estación le pidió con amabilidad que si podía llevar un tren renovado desde Taxqueña a Cuatro Caminos, para ver qué tan bien estaba. Que ya había avisado a los trabajadores de revisión que el tren pasaría y que no se quedaran en las vías hasta ultimo aviso.

Lupita accedió de mala gana, se subió al tren y lo condujo velozmente por toda la línea, ya saliendo de la estación Panteones, en el túnel, éste comenzó a tener fallas. Lupita se enfureció, y aún mas al ver que alguien estaba en las vías.

Lupe recordó que el jefe de estación le había dicho que todos los trabajadores de revisión no bajarían a las vías, hasta que ella llegara a Cuatro Caminos. Entonces ella, molesta, salió de la cabina y le gritó a aquella persona que se quitara de las vías. Justo cuando ella salió de la cabina habían aparecido 2 personas más.

Ella, molesta, le gritó a los 3 que se quitaran. Ninguna de esas personas le habían respondido, seguían caminando ahora hacia el tren. La luz de pronto se había ido. Lupita, espantada, subió rápidamente a la cabina, en ese instante se prendieron los faros del tren y por la ventana pudo ver a más de 20 hombres, mujeres y niños caminar lentamente hacia el tren.

Ella gritó y justo un par de segundos después, las luces volvieron, el tren volvió a funcionar y las 20 sombras se esfumaron de repente. Ella, apresurada, llevó el tren lo más rápido que pudo a Cuatro caminos y lo dejó ahí estacionado. Huyó rápido de la estación y corrió a la calle, donde pidió un taxi.

Ya en el taxi, caminó a su hogar, sollozando y tomando bocanadas de aire, le contaba lo que había sucedido al taxista, el cual solo decía "ajá" a todo sarcásticamente.

A 7 años de aquella experiencia, Lupita no ha querido volver a escuchar, hablar o ver algo relacionado con el metro. Le llegó una gran fobia a este sistema de transporte desde aquella ocasión. Ahora, solo con ver las indicaciones de una estación, o al ver un tren pasar por una gran avenida, ella grita pidiendo auxilio, espantando a más de uno.

Todos sus conocidos le han dicho que se fuera de la ciudad. Pero, desde entonces, por alguna razón, no ha aceptado.