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Los seres extremadamente perversos forman parte también del mundo espiritual.

- Arthur Machen

El mal no es ya sólo una deficiencia, sino un ser vivo, espiritual, pervertido y pervertidor. Terrible realidad. Misteriosa y pavorosa.

- Papa Paulo VI

Estamos en la fría ciudad de Novacruz, México; es una lluviosa tarde del 20 de julio del 2013.

¿Logran ver a la joven rubia de lentes y cabello corto que acaba de cerrar su paraguas y ha entrado en la unidad habitacional? Bien, por ahora nos centraremos en ella. Miren, está subiendo las escaleras.

Aunque la lluvia vicia la recepción sonora Alison Cordero está segura de haber escuchado un ruido en el patio, se asoma desde los barandales esperando encontrar un gato callejero huyendo de la vecindad; piensa en la película de Coraline y la Puerta Secreta pero queda defraudada, ni gato mágico ni puertas a otros mundos.

Mientras continúa hasta su vivienda reflexiona que no fue un sonido estrictamente lo que percibió. Simplemente percibió algo.

Encuentra a Lucy, su hermanita, en la cocina. Dibuja mientras que en la televisión hay caricaturas.

¡Bob Esponja, pagarás por esto! vocifera un molesto Calamardo.

Lucy sólo está atenta a su dibujo.

"¿Por qué demonios tiene encendido el aparato si no lo va a ver?"

Al parecer la pequeña no se ha dado cuenta de la presencia de su hermana mayor. Con todo el cuidado del mundo Alison apoya el paraguas contra la pared, se aproxima hacia la pequeña con sigilo y, repentinamente le da un fuerte abrazo que primero hace gritar y luego reír a Lucy.

— Dímelo.

— No, Ali. Suéltame.

— Dímelo, chaparra o te exprimo como pasta de dientes.

— ¡Está bien! ¡Te quiero!

— ¿Cómo?

— ¡Te quiero, Ali! ¡Te quiero!

Alison suelta a Lucy y aprecia su dibujo. Lucy siempre ha tenido talento para ello plasmando con sus colores de madera todo aquello que ve, sus trazos son ciertamente hermosos y hasta más bellos que la realidad pero su fuerte no son los trabajos creativos así que ¿qué era aquello?

Parecía una especie de..., un Papa, un jefe máximo de la decadente Iglesia romana. Pero había en la figura ciertos detalles que llamaban la atención, de algún modo resultaban hasta inquietantes.

Aquél pontífice era un hombre viejo y delgado, de piel morena, con algo de cabello blanco, extendía sus brazos a manera de querer estrechar a otras figuras que representaban a sus fieles.

La imagen recordaba a aquella famosa fotografía en la que Pío XII se reunía con las víctimas del bombardeo Aliado que destruyó la basílica de San Lorenzo de Extramuros durante la Segunda Guerra Mundial.

Sin embargo, había en "el Papa" otro detalle que a Alison le pareció mórbido. Era ciego. De pupilas completamente blancas y uno de sus ojos, el izquierdo, estaba franqueado por una cicatriz.

— Oye, te llevarán a la cárcel por mocha.

— No es cierto porque estoy en la casa donde vivimos.

— Te van a llevar a la cárcel y luego te obligarán a convertirte en monja. Ja ja ja.

Lucy sigue coloreando el dibujo.

Alison se sirve jugo de naranja. Afuera la lluvia cae inquieta sobre las calles de Novacruz. Terminado Bob Esponja interviene propaganda de la ciudad. Se trata de un corto animado del Compadrito Chale.

— Odio a ese mono —dice Alison.

Ésta vez habla sobre los efectos perniciosos de la música banda de cómo alienta al libertinaje, el cinismo, las relaciones nocivas, el machismo y lo peor, al consumo del alcohol.

Compadrito Chale es un personaje del Departamento de Familia y Sociedad el cual representa lo anti-novacrucense, es decir a aquél ciudadano adverso a los ideales de la ciudad y por tanto algo repudiable. Su contraparte patriotera es el Ciudadano Benito.

— ¿Y papá? —pregunta Alison.

— Cuando me trajo de la escuela dijo que le hablaras cuando llegaras. Para saber que estás aquí —responde Lucy sin dejar de colorear el dibujo.

"Ni que estuviera suelto el Green Man"

Varo Foresta, mejor conocido como El Hombre Verde, fue un asesino en serie que desató el pánico en Novacruz. Secuestraba mujeres de cualquier edad cuyos cadáveres aparecían sin ropa alguna y completamente desangradas dentro de árboles huecos en los bosques a las afueras. En la cumbre del terror uno de los cuerpos fue hallado dentro del majestuoso y anciano roble principal del laberinto de arbustos del parque Silvia Vinca.

Las víctimas tenían símbolos extraños en sus cuerpos. Eran grabados con inquietante precisión con una clase de objeto afilado, se especuló que una aguja. Ni siquiera especialistas de la AFI pudieron determinarlo.

Nunca se supo cómo lograba hacer lo que hacía y aún menos el porqué. Daniel, padre de las niñas Cordero y el detective que siguió con especial saña el caso tuvo pesadillas con los signos que Foresta hacía a sus víctimas.

Varo Foresta, El Green Man finalmente se entregaría por cuenta propia en las Fiestas de Invierno del 2012. Moriría asesinado en la sórdida penitenciaría Hoces Cayada, a las afueras de la ciudad.

En su declaración el asesino se refería a esos símbolos como jeroglíficos de sangre y que alababan a Ra N'rah, según él, un dios antiguo y temido pero casi desconocido.

Alison le llamó a su padre, estaba en la jefatura. Dijo que llegaría en la madrugada.

— Trataré de no demorar, dale un beso a tu hermana por mi. Las amo.

Cuelga. Alison vuelve a pensar en el ruido (o lo que fuese) del patio y después en el Papa Ciego. Un escalofrío recorre su espalda.

La lluvia sigue, ahora suena con más obstinación. Alison está en la cocina leyendo El guardián en el centeno, espera a su padre. Pasa de media noche, hace algunas horas llevó a dormir a Lucy a su habitación.

Alison se toma un descanso, revisa su móvil. Sólo un mensaje tiene importancia. Uno de Carlos.

Te amo nena preciosa. Besos.
Empieza a mover los dedos para responder.

— Ji ji ji —escucha a Lucy reír. Sigue tecleando sobre la pantalla táctil—. Ali, no. No me hagas cosquillas.

Alison se detiene.

"Pero qué demonios..."

Deja el móvil sobre la mesa. Un instinto furtivo le obliga ir a la cocina y tomar un cuchillo y después moverse lo más silenciosa posible. Paso a paso. Paso a paso...

— Ali, no... ¡Me lastimas!

Se da prisa, ya no puede seguir en silencio, tiene que ir a la habitación.

— ¡Ya! ¡Te quiero. Te quiero! ¡Me...!

Rápidamente, con torpeza logra abrir la puerta. Aunque la iluminación es casi nula, lo que alcanza a ver le hace estremecer.

Una silueta pequeña encima de Lucy se levanta, aquella extraña masa que podría ser la cabeza del ente mira a Alison, la joven casi grita al ver lo que parecen ser los ojos de la criatura. Después, como si fuera un insecto o una rata se desplaza veloz y sin ruido alguno hasta la ventana abierta de la habitación con carnosas patas de araña.

Alison enciende la luz. Encuentra a su hermanita sorprendida, horriblemente sorprendida.

Alison deja caer el cuchillo al ver que la niñita tiene un fino rasguño en la mejilla del cual baja un hilo de sangre. Corre a abrazarla. Permanecen así un rato.

Afuera sigue la lluvia.

Se escucha la puerta de la entrada abrirse. Alison tiene la imagen del monstruo en la mente pero reconoce los pasos de su padre, ha llegado cansado de la jefatura de policía sin sospechar lo que ha sucedido.

Para Daniel Cordero lo que siguió fue un verdadero infierno. Para el detective representaba que, como celoso padre y funcionario del lado de la ley alguien había logrado violentar la seguridad de su hogar y hacer daño a la más pequeña de sus hijas.

El Departamento de Familia y Sociedad no sólo estaba escandalizado por lo sucedido sino también por la irresponsabilidad del padre, muy a pesar de su distinguido servicio, por dejar solas a dos menores. Además quedaba la sombra de la sospecha por lo que pudo tratarse de un intento de infanticidio perpetrado por Alison.

— Es obvio, la mayor deja de ser el centro de atención y quiere asesinar a la más pequeña —dice un funcionario.

— No digas basura, Sánchez..., si las declaraciones...

— Un bledo las declaraciones. Yo no compro esa porquería del ente del cuarto. Eso déjalo para una maldita historia de creepypasta o algo así.

Daniel confía en la inocencia de Alison pero lo del "ente"... Es algo insólito.

— Ali —dice Daniel a su hija consternada por el doloroso proceso de las investigaciones—. Si ustedes jugaban y algo salió mal...

— Ya te lo dije, papá. Se lo dije a los polis, me hicieron la prueba de detección de mentiras y análisis de loqueros... ¡Maldición! ¡Yo no lastimé a Lucy!

— Pero entonces quieres que crea que...

— Sí, demonios —lagrimas empiezan a salir de sus ojos—. Quiero que crean de una maldita vez que algo estaba encima de ella..., y luego... Maldición.

A partir de entonces Daniel ya no preguntó nada acerca del tema..., después de todo los análisis psiquiátricos habían concluido que la chica no tenía algún cuadro alucinatorio y quedaba el incómodo hecho de que Lucy, quien también fue vista por expertos, sostuvo que alguien que no era Alison estaba "abrazándola" con fuerza esa noche.

Los días pasan, pruebas científicas descartan que el cuchillo que llevaba Alison fuese el objeto que rasgó el rostro de Lucy.

— Parece más bien hecha con algún un tipo de zarpa —sentenció la forense Dra. Carmen Lan—. La herida no fue hecha por el cuchillo de evidencias.

Tampoco había prueba alguna de que el arma hubiese sido lavada. Otros análisis descartaron que la pequeña se hubiese hecho ella misma la cortada.

¿Qué sucedió esa noche del 20 de julio? El dictamen final fue que un gato se había introducido en la habitación de Lucy Cordero y le había rasguñado la cara al espantarse de ver a Alison.

Caso cerrado.

Los Cordero por su parte pusieron seguro a todas las ventanas y partir de entonces las niñas dormirían en una misma habitación.

Debido al periodo vacacional, Alison recibe invitaciones para salir de la fría Novacruz pero las rechaza. A inicios de agosto recibe a su mejor amiga y confidente, Jessica quien volvió recientemente de España. Daniel se alegra de que irán al Lounge Coffee en plaza Mercaba.

Tan pronto llegan, Alison se siente viva con el aroma a café y bizcochos del lugar.

— Apuesto que tenías ganas de ir.

— No lo niego.

— ¿Qué tal una selfie? Vamos, Ali. Saldrás hermosa. ¿Qué tal?

— Venga, maldición. Sólo porque se trata de ti... Conmigo —Jessica rió de buena gana.

Hablaron de tantas cosas: escuela, vacaciones, chicos, publicaciones en la red; pero fue Jessica quien sacó un tema en especial mórbido al mirar un croissant a medio tostar.

— Mira, es Abraham Polvo.

— ¿Quién?

— Abraham Polvo el escritor. Murió quemado en un incendio en una cabaña que tenía a las afueras de la ciudad. Era un gran escritor de terror. Me gustó mucho...

Alison conocía a Jessica. Se estaba callando algo.

— ¿Qué te gustó?

— Oh, no es nada.

— Vamos, Jay. Dilo.

— No. Nada, en serio.

— Dilo.

Los ojos en la oscuridad..., es uno de mis relatos favoritos ¿está bien? —Jessica bebe un poco su capuccino, no quiere mirar a Alison.

— ¿De qué trata, eh? Apuesto que de un monstruo nocturno... Y piensas que me voy a enfadar si lo mencionas —como su confidente y de entre todos sus amigos, Jessica sabía acerca de lo que Alison había visto. La criatura.

— Sí —Jessica arranca un trocito al croissant, sigue sin mirar a Alison.

Ambas se quedan en silencio. Alrededor suena la música lounge, el sonido de tacitas y cucharas, plática y risas. Mirando por la vitrina descubren que una delicada brisa está cayendo en la ciudad, hay niebla. En una telepantalla  de la parada de autobús se invita a una exposición del pintor Enio Bianchi en el Palacio Salazar de Bellas Artes. Más allá, el Palacio de las Siete Estrellas.

Una policía, una Terrible Gris, lleva del brazo a un desaliñado vagabundo que parece un predicador fúrico haciendo ademanes que parecen presagiar el Apocalipsis. Algunos comensales ríen, otros sienten pena.

— Ésta ciudad apesta —dice Alison.

Afuera, el hombre pregona con fanática rabia: — ¡Aunque no ve, su ojo ha mirado la corrompida alma del mundo. Él será la llave del final!

Jay sólo posa sus hermosos ojos verdiazules en el exterior. Alison siempre ha sentido una gran curiosidad por el aspecto de Jay, en especial por sus adorables pecas y la intensidad de sus ojos.

Camino a casa, Alison siente la caricia de la brisa.

— ¿Sabes? Me gusta el clima de ésta ciudad. Y las personas que conozco. Creo que es lo único que me gusta..., oh, y el wifi en toda ella.

— Oh...

Alison sabe que Jessica tiene algo de enfado. Decide romper el hielo.

— Abraham Polvo. Y qué escribe..., o qué escribía...

Jay recupera el ánimo, de hecho se sorprende del repentino interés de su amiga. No pierde oportunidad de hablar del finado Polvo.

— Era escritor de terror. Lo comparaban con Stephen King y es, era bastante bueno. Me gustaba. Mi papá lo conoció en la universidad personalmente ambos estudiaron Filosofía en la UV, en Xalapa.

>> Y lo conocí por él.

>> Su esposa murió en un horrible accidente hace años..., uno de tránsito, creo que cayó a un barranco o algo así, con ella iba el hijo de ambos.

— Qué mal —en serio Alison lo lamentaba.

— Creo que el hijo se llama... Is... ¿Israel? Bueno, él despertó del coma después de cuarenta días, perdió el ojo izquierdo.

Alison sintió una extraña repugnancia al oír aquello pero...

"Maldición. No lo arruines, ahora es el momento de Jay..."

— ¿Cuarenta días? ¿No le quedaron secuelas?

— No. Fue todo un suceso, si hubiera ocurrido en alguna otra ciudad del país lo llamarían milagro. Papá guarda el recorte de la noticia.

— Mencionaste que la cabaña donde murió Abraham Polvo está..., o estaba a las afueras. ¿Él vivía aquí en Novacruz?

— Claro. Aunque vivió algún tiempo fuera de la ciudad..., era alguien cerrado. De hecho se sospecha que tenía tendencias religiosas.

— ¿Católico?

Jay asintió.

— Genial. Uno menos... Oh, vamos, Jay. Es un chiste. Es broma —rió.

Poco a poco Jessica dibuja una sonrisa en su cara y acompaña a Alison en esa risa liberadora.

— Eres maligna, Ali.

— Lo sé.

Después de dejar a Jessica, Alison llega a la vivienda, no quiere mirar abajo al patio pero lo hace. Todo normal. Abre la puerta y encuentra en la sala a su padre riendo con Carlos.

— Pero miren quién llegó —dice el novio de Alison.

— ¡Carlos!

Ambos se abrazan, se dan un beso y luego otro. Sin soltarla el chico pregunta: —¿Dónde estuvieste?

— Con Jay en el Coffee Lounge.

— Sólo a ella le gusta ese tipo de música.

Ambos ríen.

— Bueno, los dejo solos —dice Daniel —. Carlos, que bueno que vinieras a ver a Alison.

— Papá... — dice Alison avergonzada.

— No se preocupe, señor —dice Carlos—. Ya ve que soy un caballero.

— Lucy está con mi hermana, con Rebeca —Daniel toma su cazadora—. Nos vemos.

— ¿Vas a la jefatura?

— Oh, no. Al banco a hacer un retiro. No tardo. Cuídense.

Al cerrar la puerta, Carlos susurra algo al oído de Alison. Ella ríe y le da una palmada en el hombro.

Alison y Carlos hablan de trivialidades de adolescentes. Ella, aunque no lo demuestre se conmueve al saber que su novio ha rehusado un viaje a Puebla con su familia y amigos para estar a su lado.

— ¿Y con quién te quedaste?

— Con Richie.

— ¿En serio?

— Nos la pasamos hablando de comics y manga y cosas en el internet..., lo malo es que siempre termina hablando de ovnis y esas cosas. A veces desespera.

>> Es buena onda. Rayos, se me olvidaba.

— ¿Qué cosa?

— Mira, mi brother te hizo un dibujo chafa, ya sabes que le gustas pero pues también sabe quién te ama.

— ¿Un dibujo? Aww...

Carlos saca de su chamarra un paquetito envuelto como para regalo. Dice que fue idea del niño arreglarlo así. Al quitar la envoltura y abrir la cajita, Alison saca una hoja de papel doblada.

PAra ALLISoN DE MARIO ES aLGO Que SOnÉ.
Alison abre la hojita y entonces... Esa sensación nuevamente, esa sensación de inquietud.

Si, es cierto, se trata de los toscos trazos de un niño pequeño que se cree artista y uno puede deducir que creyó que era algo bonito para una persona especial, pero en ese maldito momento era todo lo contrario. Era una de esas malignas coincidencias de las que lo único que queda es negar su propósito y llamarlas precisamente así: coincidencias.

Era una versión muy torpe de aquello que había dibujado Lucy antes del incidente de la criatura. Ahí está ese Papa de ojos blancos de trazos deformes de brazos abiertos, parecía un cadáver tendido al suelo.

— ¿Te pasa algo, Ali?

Su mirada denota sorpresa, casi miedo.

— Es..., está bonito. Gracias.

— Te dije que lo hizo mi hermanito, me lo dices como si lo hubiera dibujado yo...

— Oh sí..., dile a Mario que gracias... Es bonito.

Sus manos están frías y lucha por no dejarlas temblar de miedo, aquel maldito dibujo le recuerda cosas que quiere olvidar.

Carlos se había retirado antes de anochecer, casi al tiempo que Rebecca traía de regreso a Lucy. El chico invitó a Alison a ir a Xalapa el fin de semana pero ella se negó.

Ahora Alison busca respuestas, no puede dejar de pensar en ese personaje que ya llama "El Papa Ciego". Nadie en el mundo que ella conocía podía garantizarle una explicación a lo que ocurría...

Excepto, tal vez, Lucy.

"¿Y si sólo es una casualidad? Una muy mala..." pero era algo tan tonto como aquella conclusión policiaca acerca del gato que rasguñó la mejilla de Lucy.

La pequeña Lucy hace su tarea de inglés de cursos de verano sobre su cama.

— Oye, Lucy... es que me preguntaba si —se sienta junto a la niñita—... Es que dibujas muy bonito y me preguntaba si me puedes enseñar tus trabajos.

— Claro, Ali. Con mucho gusto —de un cajón de la base de su cama Lucy saca un álbum que le había regalado tía Rebeca durante las Festividades de Invierno, era especialmente para sus dibujos.

— Bueno, chaparra, explícame que es cada uno.

Por la vista de Alison pasaron la plaza Mercaba, un hámster, un perro beagle, un hurón, un pajarito, una bicicleta, un jarrón con flores multicolores, un intento del Palacio de las Siete Estrellas, un estilizado retrato de la familia..., y, finalmente... Una criatura, un monstruo. Su cara era deforme, se le logran distinguir sus pequeños ojos brillantes, parecía mirar desde arriba.

Lucy cerró rápidamente el álbum.

— No quiero que veas ese... —Alison se estremeció, sabía que era el ente. Aquella criatura que había arruinado la tranquilidad de las vidas de de todos en casa.

— Lucy, no hay problema. Yo—todo se había ido a la basura ¿cómo continuar?—... Lucy, necesito que me respondas algo. Es muy importante y por eso quiero saberlo, es algo respecto a un dibujo que hacías.

>> La otra vez dibujaste a un señor, un Papa cieguito ¿recuerdas? ¿De dónde lo copiaste o lo inventaste tú?

— Oh..., lo vi en... Un sueño —su respuesta fue tímida—. Me gustó el sueño donde lo vi pero no quiero que nos arresten porque me dijiste que era algo de la religión... Todavía lo tengo porque pensé que los trabajadores de la basura acusaran a papá... Ali ¿pasa algo? ¿Acaso lo descubrió la policía?

— No, Lucy. Nada de eso... Es sólo que quería que me contaras acerca del sueño donde lo viste ¿cómo fue?

— He olvidado cosas pero... Lo haré —Alison asintió—. Resulta que yo entraba a un como palacio ¡era hermoso! Grande, como de piedra y se veía viejo. Creo que no estaba en algún lugar que conocemos porque se sentía como... Diferente.

>> Me acordé de las caricaturas del Compadrito Chale donde mencionaban lo que es una iglesia y cómo se forma la gente que va allí, como si estuvieran en la escuela. Ese palacio me recordó a una de esas iglesias.

>> Algo que me llamó la atención es que... Bueno, entre otras cosas, las personas que estaban ahí estaban todas de blanco..., aunque nunca les miré sus rostros sabía que era gente adulta y ancianos y hasta niños.

>> Yo misma iba de blanco y todos llevábamos una vela encendida. Recuerdo una voz que se escuchaba como si viniera de lejos; sólo se distinguían algunas de sus palabras pero no todo lo que decía.

>> Lo que sí entendí fue algo acerca de un Enviado... Eso sí lo entendí.

>> Recuerdo que aquel lugar tenía unas pinturas grandísimas como esas que vimos en la exposición de las Fiestas de Invierno en el Palacio de las Artes y había una que se parecía a lo que dibujaba esa vez. Era algo que... No sé.

>> Diras que estoy loca pero me gustaba y me daba miedo a la vez. Y a lo lejos, en un como vitral había un símbolo muy extraño. Era como un triángulo que tenía un ojo en el centro y estaba sobre una "t".

>>... No recuerdo más...

Alison se quedó un rato mirando a Lucy y pensó en el pequeño Mario. De algún modo dos niños habían tenido el mismo sueño. Pero para Alison parecía una pesadilla.

— Quiero tomarle una foto —dijo Alison casi sin razonar —... No lo subiré sólo quiero tenerlo en mis fotos.

No puede dormir, es de madrugada pero no consigue descansar. Alison necesita respuestas y las quiere ahora. De algún modo algo ajeno a todo lo que tomaba como lógico y normal está adueñándose de su vida.

Con sigilo sale de la cama para llegar hasta su escritorio donde toma el móvil. Detrás de la puerta escucha la televisión. Piensa que su padre se ha quedado dormido viendo el noticiero. Afuera, la lluvia cae con ímpetu.

Alison manda un mensaje instantáneo a Jessica. Reza porque le responda de inmediato y después de un minuto que se hace eterno...


Jay: Hola.

Un destello blanco sobresalta a Alison. Tormenta eléctrica, escucha el retumbar del trueno.

Alison: Necesito hablar contigo, Jay y es serio.

Jay: Claro, ¿qué pasa?

Alison sabe que la idea es tonta pero demanda urgentemente una respuesta, darle un sentido a todo lo que está pasando.

Alison: En el Lounge Coffee ibas a hablarme de una de las novelas de tu escritor favorito

Jay: ¿Abraham Polvo?

Alison: Sí, ese mismo. Dime ¿qué tan similar era lo que me ibas a decir del monstruo con lo que nos ocurrió a Lucy y a mí?

Jay: No quiero asustarte, Alison pero resulta muy parecido. Incluso como dijiste que el monstruo se movía. Es idéntico.

Alison: Recuerdo que te vi asustada cuando te lo dije. Fue por eso, ¿verdad? Por lo idéntico de ambos casos.

Jay: Sí, Ali. Fue por eso. Lo siento.

Alison: Quiero saber más. Ese escritor ¿sabía de esas cosas, es decir de las cosas extrañas, de fantasmas, demonios y sucesos raros?

Jay: Papá dice que en la universidad no creía en nada de eso pero a finales de la carrera él se ausentó. Nunca le dijo por qué.

Alison mira hacia la ventana, la lluvia se ha vuelto más violenta. Otro destello blanco ilumina el cuarto.

Jay: Después de eso se volvió extraño, misterioso y le empezaron a llamar la atención no sólo esos temas.

Jay: [...] sino que también la religión. Papá me explicó un día que Polvo era enemigo jurado de la religión porque su abuelo había sido cristero.

Jay: [...] y porque su padre era muy conservador en ese tema. Pero después de esa ausencia se volvió creyente, casi un fanático

Jay: [...] Polvo perdió muchas amistades diciendo que vivían "lejos de la luz"

Jay: [...] a partir de entonces hablaba sobre cosas raras, inquietantes

Jay: [...] en foros de internet creen que sus libros contienen "claves ocultas" del otro mundo ¿lo crees?

Alison: ¿Habló alguna vez de cuando dos personas sueñan lo mismo?

Jay: Manejó algo similar en un cuento llamado El Mensajero de los Sueños.

Jay: [...] nunca lo he leído completo pero se trataba de que en los años setenta unos científicos desarrollaban una especie de aparato que

Jay: [...] mediante una especie de ondas de frecuencia podían programar a la gente para que soñaran lo mismo, se supone que en la trama, serviría como

Jay: [...] un arma contra los comunistas. Pero unían magia con ciencia. Es complicado

Alison siente un escalofrío. Aquello de programar sueños. Lo que Lucy le contó. Una iglesia, una congregación. El símbolo extraño y un inquietante Papa Ciego. ¿Puede ser cierto? ¿Que alguien había logrado conseguir que dos niños separados metros de distancia soñaran si no lo mismo, algo similar? Y de ser cierto ¿habría otros casos?

Jay: ¿Sigues ahí?

Alison: Aquí estoy, Jay [...] Quiero decirte algo y espero que me creas. Es algo que me está enloqueciendo.

Alison le dijo a Jessica acerca de aquél maldito dibujo que había hecho Lucy. Le dijo que desde un principio le había inspirado un sentimiento mórbido.

También, y ésto le costó compartirlo debido a la naturaleza insólita de los hechos, le contó que Mario, el hermanito de Carlos había dibujado algo muy similar. Enfermizamente similar. ¿Podían ser ambas simples coincidencias?

Alison: No creo que lo sean, Jay. Estoy asustada.

Jay: Calma, Ali. Aquí estoy contigo.

Alison: Me llamarás loca pero [...] creo que hay una conexión con todo ésto. No sólo con los dibujos sino qu

Y eso es lo último que Alison escribe. Porque otro resplandor eléctrico ilumina la noche mientras el fragor del trueno retumba en los gruesos nubarrones.

Pero el horror supremo estalla debido a lo que Alison ve tras la persiana pues distingue la silueta de una cabeza deforme. No lo cree pero lo sabe.

El engendro ha retornado.

Un fuerte golpe contra el vidrio la hace levantarse con frenesí, corre hacia Lucy y la sacude.

— ¡Lucy, despierta. Rápido! ¡Tenemos que irnos ahora!

— ¡Ali! ¿Qué sucede?

Otro golpe contra el vidrio. Escucha cómo se resquebraja.

Alison corre primero hasta la puerta para abrirla y después hacia Lucy para tomarla en brazos e irse. Mientras escapa de la habitación escucha un estallido cristalino y luego el sonido de cientos de pedacitos de vidrio caer al suelo así como la persiana sacudirse con violencia. Lucy suelta un grito y se aferra a su hermana.

Alison corre por el pasillo guiándose por el resplandor de la televisión pero lo que encuentra al llegar hasta su padre la hace soltar a Lucy y quedarse completamente petrificada.

Al lado del sillón, iluminado por el resplandor de la televisión encendida un ser del tamaño de un niño, con la cabeza deforme y cinco largas extremidades raquíticas se lame la zarpa curvada. Lame sangre fresca. Del apoyabrazos del sillón cuelga el brazo de un cadáver, es inconfundible.

Es el de su padre, Daniel.

Alison empieza a respirar con dificultad las piernas ceden ante el miedo y cae junto a su hermana. Ambas se abrazan. Ambas tiemblan. Ambas saben que es el fin.

Lentamente la criatura junto al cadáver de Daniel empieza a moverse y, a sus espaldas, sienten la presencia de otro ser. Ninguna de las dos voltea pero saben que es una criatura del mismo tipo que la que se acerca poco a poco.

Alison puede distinguir dos minúsculos puntos que brillan en la cara de el mórbido ente que se ya está a escasos centímetros.

El monstruo hace un movimiento rápido con su esquelético brazo. Alison siente algo frío atravesándole la garganta. Todo se oscurece. Lo último que escucha es la violenta lluvia y el ruido sordo de su propio cuerpo al caer al suelo.

EPÍLOGO

¿Pensáis, pues que el gran pecador es un asceta lo mismo que el gran santo?

- Arthur Machen

La noticia fue un escándalo. Dos cadáveres hallados en la unidad habitacional 13. Se trataba de un detective de homicidios, Daniel Cordero y su hija adolescente Alison, ambos con la garganta atravesada. Lucía, la hija menor sigue aún desaparecida.

Carlos lloró, al igual que el pequeño Mario. Jessica quedó destrozada.

El funeral se lleva a cabo la mañana del 7 de agosto del 2013.

El auto donde va Jessica y sus padres está frente a plaza Mercaba; van rumbo al cementerio de la Colina de la Niebla. Junto con otros vehículos esperan pacientes la luz verde, la familia viste de negro.

Afuera hay una manifestación de unos campesinos del municipio de La Esperanza, hay cuatro policías que los vigilan. Una pancarta dice:

¡QUEREMOS NUESTRA IDENTIDAD! ¡QUEREMOS NUESTRAS TRADICIONES!

De lado paralelo está el barroco Palacio de las Siete Estrellas, sede del poder en Novacruz.

Los padres de Jessica, aunque no conocían a Daniel Cordero saben lo mucho que significa su apoyo para su hija en tan difícil momento. Jay una vez escuchó en una película a un sacerdote católico decir en la escena de un funeral.

El Señor me lo dio, El Señor me lo ha quitado. ¡Que su nombre sea bendito!

Quiere blasfemar por dicha frase hasta que un sentimiento extraño estruja su corazón. Piensa en aquella criatura de la obra de Abraham Polvo. Los ojos en la oscuridad, el ser conocido como Visitante Descarnado. Se odia por considerar imprudente aquello.

Se culpa por unir esos dos pensamientos: la muerte de su mejor amiga y una absurda criatura imaginaria de un libro de horror.

No quiere saber más. Toma su móvil y quiere mirar la foto que se habían tomado días antes junto con Alison en el Lounge Coffee pero en su ofuscación ha selecciona por error un elemento más.

El dibujo de Lucy.

Aquella noche en la que Alison le contó todo acerca del Papa Ciego, le había mandado dos imágenes. La primera era el dibujo del hermano menor de Carlos. Y el segundo era aquella imagen que ve. No lo niega, cuando Alison se lo compartió y envió las fotos pensó que se trataba de algún tipo de broma subida de tono por lo siniestramente similar de ambos bocetos y las macabras circunstancias que los rodeaban.

De pronto. Como si algo la llamara, Jessica voltea hacia el vehículo de junto, hacia su interior.

En el vehículo color negro aprecia a tres personas: un hombre como de cincuenta años al volante, un anciano con gafas y gruesas patillas que espera a que la luz roja pase y a..., alguien que ya había visto antes.

Se trata de un muchacho bajito, delgado y moreno que parece abstraído en sus pensamientos, Jessica observa su ojo tuerto, surcado por una cicatriz, una perfecta línea diagonal. De algún modo le causa una sensación siniestra.

El muchacho se da cuenta de que lo miran y a su vez voltea hacia Jessica, su mirada es dura, casi avejentada. Un segundo después voltea al frente pareciendo sumergirse nuevamente en sus pensamientos.

Jessica sigue mirando a aquél joven y, con miedo dirige su vista a la pantalla del móvil. Sus manos se enfrían repentinamente. Es un frío pavoroso. Deja caer su móvil, hace un sonido sordo.

En el semáforo brilla al fin la luz verde, los vehículos avanzan.

Del asiento del copiloto la madre de Jessica primero percibe algo, después voltea a observar a su hija. Aprecia la expresión su espanto, la palidez en su rostro.

— ¿Jessica, te sientes bien, amor?

Jessica no responde, sólo se le queda viendo por acto reflejo. Está invadida por el mismo miedo a las coincidencias que le dijo Alison aquella noche de horror.

Sabe que el muchacho tuerto se trata de alguien a quien, si bien no conocía, sí había visto. Y se acuerda del niño que despertó del coma después de cuarenta días y su nombre fue reconstruido al instante.

Isaac Polvo.

Pero su horror escala en intensidad por algún sentimiento irracional de amenaza, de una amenaza preternatural. De algún modo todo lo que había pasado, la muerte de Alison, la criatura, los inquietantes dibujos, las obras de Abraham Polvo... Una intuición, un sentido del peligro le dice que debe temer algo grande y terrible.

— Jessica ¿pasa algo? —su padre, hasta entonces al pendiente en el volante observa a su hija por el retrovisor.

En el rostro de aquél joven tuerto Jessica ha reconocido al Papa Ciego... Ha visto lo que parece ser aquél muchacho en un sombrío futuro y sabe que debe tener miedo.

Un nuevo ciclo de horror está por iniciar.

Retumban en su mente las palabras del vagabundo enloquecido: — ¡Aunque no ve, su ojo ha mirado la corrompida alma del mundo. Él será la llave del final!

— ¿Jessica?...

Él será la llave del final.

- Adolfo Ser