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Nunca olvidaré el día en que la vi. Esa noche mis pensamientos sobre la realidad y la ficción se hicieron pedazos.

Mi madre siempre ha sido depravada, ¿sabes?

Mientras que toda nuestra familia ama a los animales, o, al menos, cuidan de ellos, ella era diferente.

Cada vez que veía a un perro en un camino mientras conducía su automóvil, se aseguraba de atropellarlo como fuera posible, cada vez que se encontrara con un ratón o una rata cerca, lo aplastada con su tacón. Teníamos solamente un animal en nuestra casa, una vieja perra Pomeranian llamada Flor.

Ella dio a luz a muchas camadas de perritos en su vida. sin embargo, sus cachorros nunca tuvieron la oportunidad de ver el mundo, mi madre se aseguraba de que no lo hicieran. Ella los ahogaba a todos ellos antes de que incluso pudieran abrir los ojos.

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A medida que crecí, ella comenzó a enviarme a un río cerca de nuestra casa, el río en el que ahogó a los cachorros, río que nos separaba de un bosque oscuro y grande, nadie se ha atrevido a entrar debido a los rumores, más bien leyendas de los aldeanos de que en él vivía una criatura gigante con apariencia de perro. Se decía que se encontraba ahí para castigar a las personas que se atrevieran a dañar a un animal de ese bosque.

Era una noche de verano cuando caminaba lentamente hacia el maldito río. Bajo mi chaqueta, sentía un pequeño cuerpo sacudiéndose, era un cachorrito naranja que tenia tres días de vida, la única hija de nuestra Flor. Me dijeron que la ahogara en el río, como siempre hacía mi madre con los cachorros no deseados.

Había luna llena, las aguas del río estaban negras casi parecía petróleo. Del otro lado, una oscura e inescrutable pared de árboles viejos y primitivos. Se escuchaba como zumbaban miles de voces, voces de búhos, pequeños animales nocturnos e insectos.

Me detuve cuando mis pies casi tocaron el agua. Saqué a la pequeña perrita, era lo suficientemente pequeña como para caber en mi mano. Miré al cachorro por última vez. Realmente era única. Su diminuto hocico era negro, mientras que la mayoría de los pomeranios los tenía naranja.

Podía ver la luz de la luna reflejada en su pequeña nariz.

Cerré los ojos y arrojé al diminuto perro a la oscuridad, al agua fría, luego me alejé, los débiles gritos de los animales todavía llenaban mi cabeza, sentía como las lágrimas se formaban en mis ojos.

Medio año pasó.

Era 2 de diciembre, ya hacía mucho frío y todo estaba cubierto de nieve. Yo estaba viendo la televisión en mi habitación, ya eran las 1 am. Todavía podía oír a mi madre que se movía abajo en la cocina. Con cada segundo que pasaba me empezaba a ganar el sueño, así que cerré los ojos, mientras escuchaba algunos documentales de mierda...

Algo me despertó, fue un grito. Un grito de mi madre. Y los ladridos chillones de Flor.

Salté inmediatamente de mi cama y corrí hacia el vestíbulo. Eran las dos de la mañana, la casa estaba completamente oscura, la única fuente de luz era la fría la luna llena.

-"Má?..." - grité vacilantemente. No hubo respuesta. El silencio era muy intenso.

-"¡¿Mamá?!" - Lo intenté de nuevo. - "¿por qué estabas gritando? ¿Algo pasó?"

En este momento, pude ver algo por el rabillo de mi ojo. Me volví... Pude sentir como todos los pelos de mi cuerpo se ponían de punta. Una ola de frío pasó por mi espalda.

Sabía que era ella. La misma piel anaranjada esponjosa, el mismo hocico negro único, el mismo pequeño punto de luz en su nariz. Delante de mí estaba la hija de Flor, la cual ahogué hace varios meses. Ya estaba hecha casi una adulta. Sus ojos redondos y oscuros ardían de odio. Ella mostró sus dientes, gruñiendome.

Cogí un jarrón de la mesa a mi lado, listo para golpear si ella decidía atacarme... pero entonces vi una gigante pared de pelo gris que se formaba detrás de la perra, emergiendo de la oscuridad.

Nunca he visto algo como eso antes.

Más alto y más grande que cualquier perro o lobo, tenia el tamaño de un oso grizzly, de pie sobre sus poderosas patas traseras como una especie de monstruosa caricatura canina.

Su pelaje era gris, plateado en mejillas y hombros, tenía un vientre casi negro, orejas, de las cuales la izquierda tenía un corte como si alguien lo hubiera golpeado con un cuchillo.

Gotas de sangre salían de su hocico negro, sus dientes blancos brillaban afilados como puñales.

Entonces vi sus ojos. Unos ojos que ningún animal podría tener.

Unos ojos azules y fríos como el hielo. Lo que más me golpeó fue el mal y la inteligencia brillando en esos ojos diabólicos.

Sé que parecerá estúpido pero la criatura parecía un hombre lobo o por lo que vi más bien una... ¿mujer lobo?, se podía ver que no se comportaba como un perro, en especial por lo que estaba a punto de hacer, me miró con sus ojos fríos... y luego extendió su pata hacia delante, cinco dedos cortos con garras negras sosteniendo dos globos humanos verdes... los ojos de mi madre. La criatura solo sonrío, como si estuviera contenta con mi reacción, una sonrisa de oreja a oreja, mostrando todos sus dientes a la vez, ojos azules helados de par en par, brillando en la oscuridad.

La situación, su forma de actuar, todo eso fue suficiente para hacerme gritar lo suficientemente fuerte como para hacer doler mi garganta.

Entonces sentí los huesos de mi brazo romperse. el mismo brazo que usé para arrojar al cachorro al río, me había golpeado con su pata izquierda. Mis huesos se rompieron como si fueran unos pequeños fósforos. La fuerza fue tanta que me caí al suelo, la criatura empezó a pisar mi brazo, solo cerré los ojos, solté suave suspiro y sentí como mi propio brazo se separó de mi cuerpo.

Antes de que pudiera incluso gritar, me lanzó mi brazo rasgado directamente a la cara, la sangre me cegaba.

Entonces sentí un terrible dolor en mi estómago. Vacilé, bajé el brazo, toqué mi camisa rasgada y luego una masa húmeda y viscosa. Me sin cuenta que lo que tocaba eran mis propias tripas.

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Eso fue lo último que hice antes de caer en la oscuridad.

Ya han pasaron 5 años.

Me estoy acostumbrando lentamente a usar mi brazo izquierdo como el único. Después de todo, no puedo renunciar, tengo que cuidar a mi madre. Necesita un cuidado constante ahora. Ha perdido los ojos, ah perdido las manos y las piernas. Ahora ya no le puede hacer daño a ningún animal.

He cambiado. Trato de ayudar a todos los animales que necesitan ayuda. La gente alrededor me ve como un ángel para esos animales, pero bueno ... no saben la verdad después de todo. De todos modos no me creerían.

Los policías dijeron que fue un ataque de oso. ¿Un oso?, por supuesto. Lástima que no puedo probar lo que vi.

Las personas que dañan animales siguen desapareciendo en el bosque cerca de mi casa. A veces alguien encuentra un dedo, una lengua o un globo ocular. Eso es todo lo que queda de ellos.

Aunque ya pasaron todos esos años, todavía hay noches en las que no puedo dormir, obsesionado por el pasado.

Me paso el tiempo sentado en mi cama sólo mirando la luna y el bosque.

A veces, en las noches de viento y frío, cuando el viento sacude las hojas del bosque, se puede oír un aullido de luto, una especie de carcajada, burlándose de mi sin piedad.

En ocasiones si cierras los ojos y prestas atención lo suficiente, puedes oír palabras entre los aullidos salvajes, esas palabras dicen "Mahigun ...".