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Fragmentos del diario de la pequeña Susy Smith Editar

Sábado 23 de marzo.

El día de hoy mama preparo pastelillos sabor frambuesa, los decoro con una lluvia de ideas y secretamente me dijo que los horneo con la última pizca de amor que quedaba en la despensa.

Lunes 25 de marzo.

En la escuela todos los niños llevaron postres apagados, pasteles pasados, galletas quemadas y flanes mal cocinados.

A veces pienso que soy la única que disfruta de un pastelillo recién horneado.

Miércoles 27 de marzo.

La comida fue tan sosa como una clase de castellano, pero gracias al cielo, el postre reparo todos los daños causados.

Mama volvió a preparar pastelillos sabor frambuesa, y tuve que chuparme los dedos y lamerme los labios, para volver a saborear ese delicioso bocado.

Jueves 5 de abril.

Mama no ha vuelto a hacer pastelillos sabor frambuesa, desde que el jueves pasado la llamaron los hombres del banco.

No sé qué fue lo que le dijeron, pero mi panza ya se está preocupando.

Viernes 6 de abril.

Cuando le pregunte por que no había vuelto a hacer sus deliciosos pastelillos de frambuesa, mami me respondió con una sonrisa apagada, se acercó hacia mí y tímidamente me dijo en voz baja:

“Amor de mis amores, poco a poco, me veo obligada a confesarte todo lo que nos pasa.

Amor mío, a dios no le gustan las naranjas, hay problemas con la casa y lamentándolo mucho la suerte ya está echada.

Alma mía, a dios no le gustan las papayas, hay muchos problemas con el dinero y las cosas cada vez están más caras.

Corazoncito, a dios no le gustan las manzanas, la bolsa se derrumbó y dentro de poco solo nos quedara la esperanza.

 Alma mía, por favor no te preocupes por las naranjas, tu solo ten fe y dentro de poco volverás a atragantarte con las semillas que nacen de las manzanas”

Lunes 9 de abril.

En la escuela todos los niños llevaron postres apagados,  gomitas pegajosas y galletas de supermercado.

Yo lleve una bolsa de patatas fritas y aun si sigo extrañando, esos dulces pastelillos horneados con el más fino amor empolvado.

Miércoles 11 de marzo.

La comida fue tan sosa como una clase de matemáticas, y lamentándolo mucho, el postre no hizo nada más que empeorarlo.

Mama compro unos pastelillos baratos en una gasolinera repleta de hombres raros, estaban tan duros que casi no pude terminarlos.

Viernes 13 de abril.

Cuando nadie la ve, mama empieza a caminar de un lado a otro, como si tuviera hormigas en los zapatos.

Ella cree que esta sola, pero yo la puedo ver por el agujero de mi cuarto.

 Domingo 15 de abril.

El día de hoy volvieron a llamar los hombres del banco.

Cuando le pregunte a mi mama que le habían dicho los señores con los trajes arrugados, ella me sonrió tímidamente, y luego me dijo en voz medio baja, medio alta:

Antes amaba los domingos, tan dulces, tan cálidos y tan azucarados. Ahora no los odio, pero definitivamente, ya no los amo.

 Parece ser que ahora los domingos son los encargados de susurrarme al oído todas esas malas noticias, que a todos hacen daño.

 Cuando me junto con ellos siempre me cuentan de plazos atrasados, de la devaluación del dólar y las deudas de meses pasados.

 A veces pienso que nuestra vida sería mucho más fácil si tu padre todavía estuviera aquí para apoyarnos

Martes 17 de abril.

En la escuela todos los niños siempre llevan postres apagados, brownies polvorientos y conservas en mal estado.

Lamentándolo mucho, yo siempre los acompaño, con algún dulce poco acaramelado.

Viernes 20 de abril.

La comida sigue siendo tan sosa como cualquier clase de cuarto grado y para colmo de males el postre siempre lo termina empeorando.

Sábado 21 de abril.

Ten fe, me susurra mi madre cuando me quejo de los garbanzos. Trato de hacerle caso pero mi panza ya se está hartando.

Domingo 22 de abril.

Cuando nadie la ve mami sigue caminando de un lado a otro como si tuviera arañas en los zapatos.

A veces pienso que mi madre está un poquitito loca y otras muchas que debería quitarse los tacones de vez en cuando.

Miércoles 25 de abril.

La comida siempre es tan fastidiosa como cualquier visita al neurocirujano y aun así en el receso siempre llevo algún dulce barato.

Extraño más que nunca esos dulces pastelillos de amor empolvado, que mi mama preparaba magistralmente las noches de invierno y las tardes de verano.

Jueves 26 de abril.

El día de hoy volvieron a llamar esos molestos hombres del banco y acercándome con mucho cuidado al agujero de mi cuarto, pude ver como mi mama lloraba frente a su minúsculo teléfono de plástico.

Viernes 27 de abril.

A veces pienso que todo esto sería mucho más fácil si papa todavía estuviera aquí para apoyarnos.

Domingo 29 de abril.

  Hoy, por fin, mama volvió a preparar esos dulces pastelillos sabor frambuesa, que tanto tiempo estuve esperando.

Los decoro con un glaseado de cerezas frescas, se acercó hacia mí y a viva voz me dijo que los disfrutara con toda mi alma, porque hoy era un día especial, el día en que de una vez por todas abandonaría todas y cada una de las preocupaciones de este triste y melancólico plano cartesiano.

Sinceramente no entiendo lo que me dijo, pero esos pastelillos estaban tan buenos que ya no me importa si mi mama pasa todo el tiempo divagando.

Lunes 30 de abril.

El día de ayer mama preparo pastelillos sabor frambuesa y lamentándolo mucho, nunca jamás podrá volver a prepararlos.