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LimboP MORADOR DEL LIMBO
"Se estremece la tierra, ruge la espuma de los mares sobre las montañas, y el cielo arde en música de sombras y liras infernales"

Este es un descarriado del Limbo, penitente del Purgatorio con fecha de nacimiento en un guiño de ¡CreepyLooza! Abstente de la arena, que esto es más legal que tu jfa. Burló La Guillotina y a los Jueces del Infierno, así que cómete tu teclado.


A mis 33 años de edad tuve mi primer y única hija Valeria, recuerdo que fue uno de los mejores y peores días de mi vida o eso consideré en ese momento. Fue uno de los mejores porque la vida me regalo a mi hija, la persona que más amé, pero lamentablemente mi esposa murió en el parto y fui arrojado a esa nueva vida con un hueco muy grande que jamás pude llenar. A pesar de estar solo con mi hija nunca dudé en darle todo el amor que ella necesitaba y que sé que mi esposa habría deseado darle. Como yo era un pescador empedernido le heredé el mismo gusto a Valeria y ella terminó amando el mar tanto como su madre. Cada fin de semana íbamos al mar a pescar y pasábamos la noche en una cabaña que quedaba a la orilla del mar.

El tiempo pasó y Valeria alcanzó los 8 años de edad. El fin de semana llegó y nos decidimos ir al mar como siempre, el problema es que era su cumpleaños y por lo tanto también era el aniversario de la muerte de mi esposa. Yo había tomado mucho alcohol porque no podía dejar de pensar en cuanto extrañaba a mi esposa, para la mala fortuna de mi hija me había emborrachado y mis reflejos no eran los mejores. Como el mar quedaba un poco lejos de nuestra casa teníamos que ir en auto para llegar y lamentablemente lo peor ocurrió. Hice un mal movimiento al conducir y me estrellé contra otro vehículo. Desperté en un hospital una semana después del accidente y pasé otra semana más en recuperación. Por más que les preguntaba qué había pasado con Valeria los médicos no me decían nada. Tuve que escuchar a escondidas la charla de unos médicos para enterarme de que mi hija murió en el accidente.

Mi vida se quebró en mil pedazos, ya no me quedaba nada por lo que vivir. Me sentí traicionado por los médicos, sentí odio por ellos al darme un trato tan inhumano, tan insensible. No quería saber más nada de ese hospital, más nada de esos médicos, más nada de nadie…

Esa noche misma me escapé del hospital y me fui a la pequeña cabaña a la que siempre íbamos los fines de semana cuando pescábamos. Esa cabaña no tenía electricidad ni gas, pero al menos tenía agua y se creía abandonada así que no tendría problemas con nadie. Estar en ese lugar me tranquilizaba, me permitía recordar los momentos más hermosos de mi vida y me hacía sentir más cerca de mi hija. Siempre tenía pesadillas con el día del accidente y nunca pude descansar bien realmente. Al principio lo soportaba con la esperanza de que en algún momento pudiera recuperar el sueño normal, pero con el tiempo empecé a desvelarme y quedarme más tiempo despierto. Sin embargo al tener más tiempo libre menos sabía en qué ocuparlo. Por suerte recordé que a mi hija siempre le gustaba observar una pequeña isla cercana, decía que podía ver a su mama en ella. Me la pasaba observando aquella isla y recordaba las incontables charlas que teníamos mientras la mirábamos.

Pasó mucho tiempo, al no tener un reloj se me hacía difícil saber cuánto exactamente, pero todo transcurría como de costumbre a excepción de hoy. Este día era nuboso y parecía que iba a haber una tormenta. Había decidido que quería visitar la isla temprano para así poder verla mientras no llovía y evitar cualquier peligro. A pesar de que todavía no llovía ya se podían sentir los fuertes vientos, así que navegué con cautela. Al llegar a la isla me quedé en el mar observándola por un buen rato como de costumbre y cuando estaba a punto de irme pude observar algo raro en la orilla de la misma. Estaba casi seguro que se trataba de la silueta de una persona, pero no una persona adulta, sino la de un infante. Lo único que hice fue ir a la orilla para ver si estaba bien, no me parecía correcto que una niña ande sola en una isla justo cuando una tormenta se avecinaba. Podía sentir una sensación extraña en lo profundo de mí ser que me intentaba indicar algo, algo importante. Al estar casi en la orilla esa sensación se intensifico y casi pude darme cuenta que me trataba de indicar. Esa niña a la distancia se parecía mucho a mi difunta hija. Solo pude reaccionar de la única manera posible, corrí con todas mis fuerzas para ver si realmente era ella. En ningún momento me paré a pensar en lo imposible que era eso, solo corrí. La niña al percatarse de que me dirigía hacia donde se encontraba se echó a correr. No podía alcanzarla, ella corría muy rápido y yo estaba fuera de forma desde hace 5 años. Sin embargo al verla de espaldas estaba casi seguro de que era mi hija, tenía su pelo, su ropa y hasta se parecía en su forma de moverse. Ella se adentró en un bosque y la perseguí lo mejor que pude.

Valeriaa! – grité. Ella ni se inmutó y siguió corriendo. Al estar tan profundo en el bosque pude ver que Valeria se estaba dirigiendo a lo que parecía ser una vieja y deteriorada estación de radio. Rápidamente Valeria entró por una puerta y desapareció de vista. Me sentí desesperado, no quería perder otra vez a mi preciada hija, así que apreté el paso. Entré a la estación y ella ya no estaba. Empecé a recorrer el lugar para ver si se había ocultado y mientras pude observar que el lugar no era lo que parecía. Estaba casi seguro de que era algún tipo de estación de control militar debido a que había mucho equipamiento viejo de la marina. Por todas partes había papeles desperdigados en los que se podía leer “Mermaid Project”. Mi inglés era débil, pero podía identificar varias palabras. “Metamorphosis”, “Delusion”, “Eyes”, estas eran algunas de las palabras que podía entender. Siempre me fascinaron las cosas de la marina, pero sentía que algo andaba mal y tenía que encontrar a Valeria antes de que algo malo le pase. Al inspeccionar una habitación pude encontrar una trampilla y al abrirla encontré una escalera de metal extensa que te llevaba a algún lugar subterráneo, decidí bajar por ella. La escalera pasaba por un túnel estrecho que parecía haber sido construido hace ya muchos años. Bajé por varios minutos hasta que llegué al final del túnel y entré en una gran habitación llena de tuberías goteando.

El lugar apestaba a muerto y no tardé en darme cuenta de dónde provenía tal hedor. Había cuerpos en descomposición avanzada por todo el lugar y algunos esqueletos también. El olor y la imagen me abrumaron, me dieron unas muy fuertes arcadas que no pude contener. Vomité todo mi almuerzo y me senté para tratar de calmarme. El olor simplemente era insoportable así que tomé mi remera y la até en mi cara para reducir el olor. Ya me sentía mejor y procedí a inspeccionar la zona. Algunos de los cuerpos tenían uniformes militares y otros llevaban ropa de médico. Al principio pensé que el lugar podía ser algún tipo de puesto militar donde curaban a las personas, pero estaba equivocado. Al adentrarme por varias habitaciones me encontré con muchos esqueletos y varias de las habitaciones tenían grandes maquinas, desconocidas para mí, que ocupaban paredes enteras. Al entrar en una de las habitaciones pude ver una gran cúpula de vidrio de al menos 2 metros que poseía alguna especie de líquido turbio. El lugar estaba muy oscuro y observando pude encontrar una antigua linterna en una gran mesa en la habitación. La tomé y probé encenderla, para mi suerte la linterna funcionaba. Me acerqué a la cúpula para observarla bien, apunté con la linterna y me llevé un gran susto al ver que dentro de la cúpula había un cadáver preservado. Este lugar me inquietaba mucho y ya no quería permanecer en el.

Valeria, donde estás? – grite para ver si me podía escuchar.

Papa? – alguien me respondió. La voz parecía venir de una habitación cercana que estaba cerrada. Me acerqué y abrí la puerta. La habitación era pequeña y estaba llena de fragmentos de espejos por todo el suelo. Apunté con la linterna y en el fondo pude ver a Valeria.

Valeria eres tú? – pregunté casi llorando. Mientras me le acercaba había algo en mi mente que me molestaba, algo que me decía que me tenía que ir de ahí. Me detuve un momento y observé que los fragmentos de espejo reflejaban a “Valeria” un tanto diferente a como yo la veía. En el reflejo ella se veía con toda la piel oscura y escamosa y de su boca salían grandes dientes amarillos que parecían cuchillos.

Papa? – me preguntó nuevamente. Es ahí cuando observo que ella se había dado cuenta de que vi su reflejo. Empecé a retroceder lentamente para no incomodarla y en solo un pestañeo ella ya estaba a menos de 2 metros de distancia. Di un pequeño salto del susto y entré a correr. Corrí tan rápido que sentía como los músculos de mis piernas se lastimaban. No me giré a ver, pero podía escuchar chillidos como de animales salvajes detrás mío. Mientras corría podía ver como salían varias “Valerias” de las habitaciones intentando agarrarme. Ya me estaba acercando a la salida y ya podía ver la escalera cuando de repente me agarran de una de mis piernas y me tiran al suelo. Una de las “Valerias” me había agarrado y me apretaba fuertemente con sus uñas. Al girarme pude ver que ya no tenía la apariencia de mi hija, sino que parecía un monstruo húmedo que tenía ojos muy grandes y coloridos. Casi me desmayo al observarlo, pero por suerte reaccioné dándole una muy fuerte patada. Me paré rápidamente y seguí corriendo hacia la escalera. Esta vez sí giré mi cabeza y pude observar como varias de esas criaturas corrían desesperadamente para atraparme. Llegué finalmente a la escalera y la subí tan rápido como me era posible. La trampilla seguía abierta, subí y la cerré rápidamente. Me alejé lentamente y pude ver como golpeaban salvajemente la trampilla. A penas me di la vuelta para irme pude escuchar como la trampilla se abría. Corrí hacía la orilla, me subí a mi barco y zarpé lo más rápido que pude. Ya lo suficientemente lejos pude ver que varias de esas criaturas me observaban desde la isla, pero por alguna razón no se animaban a nadar.

Nunca estuve tan asustado y agotado al mismo tiempo y solo pensaba en volver a la cabaña para darme un buen descanso. Al llegar fui directo a la cama y me recosté. No sé cuánto tiempo dormí, pero me desperté por un fuerte sonido.

Papa? – me preguntó mi hija que estaba al pie de mi cama observándome.

Creado por Matepore.