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Apografía incompleta de una llamada realizada el día ███ de Agosto de 19███ desde el Hospital Psiquiátrico ███████████████, ubicado en █████████, █████████ a la estación de policía █████████, ubicada en ██████, █████████, ya abandonada.

Se desconoce a día de hoy como la narradora de la historia consiguió el número de la estación, porqué llamó específicamente a esa, y quién fue aquel que contestó. No existen registros de ningún Tim (los detectives intentaron con todo tipo de variación del nombre) ni Molly.

La historia, por lo demás, carece de explicación.


Inicio de la llamada

«(...) lo recuerdo muy bien. Fue en aquella época de guerras civiles. Oh, ¿cómo olvidarlo? No, nunca lo haría.

Me encontraba en mi casa, como cada noche de domingo. Trabajaba de lunes a sábados mañana, tarde y parte de la noche. Los domingos salía temprano. Todo iba igual que siempre; yo regresaba del trabajo, saludaba a mi esposo e iba al cuarto de Tim y Molly, mis dos pequeños. Rubios, ambos, sí. Lo recuerdo perfectamente. Molly era la mayor con apenas siete años. Esos días estuvo muy callada, lo recuerdo. Tim tenía cinco. Amaba a ambos.

(...) me dirigí a la cocina por un poco de café. Menos de dos cucharadas de azúcar, lo recuerdo bien (...) me senté en el sofá, cerca de la chimenea. Oh, sí, todo iba perfectamente. Hasta que el reloj marcó la medianoche. Era mi hora de dormir. Pero... sí, pero ésa vez algo me detuvo. No, no una sombra. No. Podía ver su carita de ángel, con una diabólica, aunque pequeña, sonrisa. Se encontraba en el pasillo. No me dejaba entrar a mi recámara. Claro, claro que lo reconocía. Era mi pequeño y adorado Tim (...)

(...) extendió su frágil brazo hacia mí. Me tomó de la mano. Cantaba, ¿lo cree? Estaba cantando en plena medianoche. Era una canción de cuna que compuse cuando tan sólo era un recién nacido. Pero... sí (...) lo extraño era que no movía sus labios. Así es, no los movía. Cantaba sin mover los labios. No tenía idea de lo que estaba ocurriendo. Yo sólo caminaba tras él, me conducía fuera de nuestra casa. ¿Yo? No, para nada. No hablaba, no sabía que decir, me sentía hipnotizada por su rostro de ángel, mi ángel (...)

(...) mientras abría la puerta del jardín, escuché un grito ahogado. Era Molly, lo supe al instante. Sin embargo, no pude correr hacia ella, ni pregutarle a gritos que había ocurrido. No me sentía dueña de mi misma ¡imagine! Lo recuerdo a la perfección (...) nos adentramos en el bosque, se encontraba muy cerca de nuestro hogar (...) Tim se volteó y me dijo.

- Tranquila, mami. Ya pronto llegaremos. No te preocupes por Molly, está en un mejor lugar.- me dijo.

¿Puede imaginarlo? ¿Puede imaginarme? Quería responderle. Claro. Pero las palabras simplemente no salían, ¿comprende? (...) se detuvo junto a un árbol. Una soga colgaba de una rama (...)

- Mami - me dijo.- ¿recuerdas el día en el que fallecí?

(...) recuperé mi cuerpo, sí, lo recuerdo. Parpadeé varias veces, y le respondí;

- ¿Qué dices, Tim? No estás muerto. Estás aquí, conmigo.

Y él respondió.

- Si, mami, estoy muerto. Y no lo recuerdas porque no estuviste conmigo. Estabas trabajando, como cada maldito día. Yo estuve aquí, hace doce días al mediodía, jugando en el árbol con esta soga. Me columpiaba con ella. Hasta que por error, la soga se resbaló a mi cuello. Grité, pero el aire no salía. No podía bajar, mami. Y Molly me veía. Pero ella solo reía; le parecía gracioso que no pudiera bajar y que mi rostro se pusiera como un tomate.

(...) no me dirigió la mirada en ningún momento de su monólogo (...) y cuando lo hizo, su angelical rostro se transformó. Sus pequeños ojos verdes eran rojo carmesí, sus dientes de leche eran colmillos (...) con manchas rojas (...) me soltó, y sus uñas eran garras (...) ¡se había arrancado su cabello! ¡Su cabellera rubia! (...) y su piel era gris (...) Él no era Tim, se lo aseguro. Podía ser cualquier cosa, menos mi adorado Tim (...)

- Me abandonaron. Ahora, yo los abandono a ustedes.- me dijo mi adorado Tim.- Papi jamás supo de mi muerte. Lo descubrió antes de cerrar los ojos para dormir aquel mismo día. Algunas ilusiones son muy reales. A Molly le comió la lengua el gato. En serio. Y hoy ardió, con petardos y pólvora. Sólo faltas tú (...)

(...) puede estar seguro que no hizo nada. Decidió dejarme vivir con la tortura de la memoria; mi hija calcinada y de mi esposo ahogado en un pozo (...) créame, conté esto a muchas personas. Pese a mi camisa de fuerza, los amargos medicamentos, nada calla la canción de cuna. Suena cada día, cada noche, y es hermosa. Oh, sí, lo recuerdo perfectamente (...)»

A partir de aquí, la mujer repite la historia otras tres veces antes de ser dopada.


La investigación continúa.

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