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Cementerioo

Santa María (Colombia), Noviembre del 2006


Siempre me he sentido atraído por las cosas ocultas, soy de esas personas que están buscando el fantasma de cada lugar oscuro y tenebroso. Por esa misma razón se me hacía casi imposible ignorar el camino que se encuentra justo detrás del cementerio y que lleva hasta las tumbas de los desdichados N.N (personas muertas de quienes nunca se conoció familia) que no recibían una sepultura digna. Las tumbas se encontraban llenas de maleza, algunas en medio de la vegetación alta y árida del lugar, llegando incluso a perderse el rastro de aquellas pobres almas, ese lugar aparentaba más ser una fosa común.


La primera vez que visité la ¨Fosa¨ divisé en medio de la maleza un pequeño cuarto que se alzaba entre los árboles, me acerqué cuidadosamente porque advertí que habían personas en él, llegué justo hasta una pequeña ventana y cometí un error… me asomé. 


En la mesa metálica yacía el cuerpo de un joven, supuse que era un joven por su fisionomía, pero no pude darme cuenta por su rostro, porque su cabeza faltaba.


Habían dos personas en el lugar, estaban vestidos con batas blancas, uno de ellos tomó un bisturí y abrió el pecho del joven como cortando una chuleta, debo anotar que no hubo una sola gota de sangre, supongo que estaba seco pues lo habían decapitado, una vez tuvo el pecho del cadáver abierto de par en par introdujo sus manos enguantadas en él… de repente me caí, los ladrillos que me sostenían mientras me asomaba por la ventana se rodaron y caí violentamente de espaldas, debo haber perdido el conocimiento por unos momentos porque lo próximo que recuerdo, es a un joven de tez blanca de unos 20 años, golpeándome suavemente el rostro.


- Oye niño ¿estás bien?

- Si… creo… - contesté, mientras me ayudaba a incorporar.


Revisé mi cabeza y unas gotas de sangre en mis dedos cuando volví a mirarlos.


- ¿qué haces acá niño?- preguntó el joven


Entonces vino a mi mente como un rayo todo lo sucedido anteriormente, el camino, las tumbas, el cuarto, el cuerpo sin cabeza, los tipos de las batas blancas hurgando el cadáver, el bisturí y luego nada… 


- Ehhh…humm… no no nada…-me perdí- contesté nerviosamente.

- Y bien perdido- contestó él mientras sonreía- no deberías estar por acá- anotó

- Si lo sé, es que me despertó curiosidad dónde llevaba el camino… y bueno, creo que conduce hasta aquí. ¿oye vienes tú con esos tipos de bata blanca que tienen un cuerpo allá dentro?

- Hummm… más o menos… ¿son unos carniceros cierto jejejeje?- otra vez mostró una sonrisa más bien cordial.

- ¿qué es este lugar?- pregunté

- Es un anfiteatro…- respondió serenamente- aquí traen a los cadáveres que nadie llega a reclamar y bueno ya ves los sepultan en esta fosa común.

- Jejejeje- me sentí mágicamente identificado con ese término- y esos tipos son…

- Uno es doctor y el otro es su asistente

- ¿y tú?

- Yo soy el cadáver- me contestó con una sonrisa empuñada y abriendo entretenidamente los ojos.


Sentí una impresión tremenda y me escuché latir el corazón… luego no sentí nada…


Lo próximo que recuerdo es a los señores de la bata blanca dándome a oler algo como alcohol, y verme desorientado llorando sin parar tratando de explicar lo sucedido…


Una semana después la curiosidad fue más grande que mi miedo, consulté en el periódico la muerte de algún joven por decapitación… y allí estaba él, ya había venido la familia a reclamarlo y facilitó al periódico una foto donde aparecía con esa sonrisa cordial y esos ojos que me miraban desde el más allá, ese fue mi primer fantasma…

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