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Capitulo III: Pesadilla Editar

Aquella noche no logré conciliar el sueño. A pesar de que mis ojos habían visto aquel ser que describían aquellas letras, lo atribuí a una mala jugada de mi imaginación, una mezcla de estrés y cansancio de una mente agotada, estimulada por las vivencias de un demente volcadas en un papel. Aunque lejos de descansar, con las luces encendidas de toda la casa, pasé toda la madrugada sentado en el sofá fumando.

Con las primeras luces del día llegó el sueño, mi cerebro comenzaba a apagarse lentamente, estaba hundido en una especie de estado de trance producto del agotamiento, necesitaba dormir. Por lo que me recosté allí mismo donde me encontraba, y como hube apoyado la cabeza, me sumí en un sueño profundo, tan intenso como la muerte misma.

En algún momento del día abrí mis ojos arrancado súbitamente a la realidad. Mi cuerpo parecía más agotado que antes, el sueño lejos de ser renovador parecía haber sido más bien demoledor. Estaba sudado, mis sentidos parecían aun adormecidos, sentía náuseas, estaba mareado. Decidí pararme ante la necesidad de ir al baño, apoyé lentamente los pies en el piso y cuando intenté pararme, mis piernas se aflojaron, planté las rodillas en el suelo, y luego mi cuerpo todo se desplomó. No sentí dolor, cerré los ojos mientras caía y continué con ellos cerrados luego del impacto, sentí que seguía cayendo, hacia un precipicio interminable, hacia una oscuridad infinita. De pronto un escalofrío recorrió mi espalda. Abrí los ojos, volví al living de mi casa. Como si de una fuente misteriosa emergiera, una fuerza se apodero de las extremidades de mi cuerpo y me paré de súbito, ahora mis sentidos estaban agudizados. Podía oler el hedor repulsivo de las colillas mojadas de los cigarros, oía las moscas rondar no muy lejos de mí, miraba en torno reparando en cada detalle de la habitación, tal vez buscando algo oculto, pero por sobre todo, sentía ese escalofrío recorrer mi piel, ese que me sugería que no estaba solo allí.

Mis manos tenían sangre seca de la noche anterior, no sentía el dolor del pie, de hecho no sentía dolor alguno, sólo turbación y desasosiego. A paso lento y cauteloso me dirigía al baño, pero en cada segundo que pasaba, parecía percibir algo a mi lado, algo que cuando giraba la cabeza no estaba, se posicionaba al otro extremo, volteaba hacia el otro lado y nada nuevamente. Estaba detrás de mí, estaba seguro que esta vez estaba detrás de mí. Me detuve, sentía su mirada penetrante en mi espalda, no me atrevía a darme vuelta, ¿qué era? ¿era acaso de nuevo mi mente paranoica? No lo supe, sólo supe que no quería comprobarlo, pero ¿y si me atacaba? ¿si realmente había alguien y me atacaba por la espalda? podría tratarse de un ladrón. Volteé decididamente a enfrentar lo que hubiese detrás de mí. Nada. “Es mi mente perturbada, nada más” me dije exhalando un suspiro de tranquilidad. Giré nuevamente para continuar mi trayecto al baño. Fue entonces cuando apareció, frente a mí, cara a cara, tan horrible y  aterrador como su boca de dientes gigantes y amarronados, tan espantoso como su pútrida sonrisa, blanco, de cuencas negras como la oscuridad misma, de frente inmensa con mechas de pelos negros esparcidas vagamente por su enorme cráneo arrugado. Moriría en ese mismo momento pensé, mi corazón no soportaría esto. Cerré los ojos un instante esperando que al abrirlos no estuviera más, y no estuvo. Me quedé petrificado allí, no podía moverme, mi cuerpo no me respondía, sentía la adrenalina quemarme por dentro. Y allí estaba nuevamente, esta vez a mi lado, no lo vi a la cara, pero sentía su mirada fría hundirse en mi sien. Acercó su enorme boca repulsiva a mi oído y me dijo casi susurrándome “yo soy el miedo”.

Fue entonces cuando salté del sofá alterado, tembloroso, aterrado como jamás lo estuve antes. Había tenido una pesadilla. Aunque ya despierto, podía sentir al fondo de mi mente agobiada, el eco de su risa diabólica sumiéndome en la más enfermiza desesperación.

NevermorE88 (discusión) 05:02 6 may 2014 (UTC)