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Se acercaba el cumpleaños de Javier, un niño de apenas seis años que soñaba tener una fiesta con todos sus amigos, y por supuesto un divertido payaso, ya que el los había visto en el circo de la ciudad, pero nunca a uno de cerca, y tenerlo en su fiesta sería genial.

Nelson y Amanda eran sus padres, y estaban dispuestos a cumplir con el deseo de su único hijo. El problema, era que últimamente estaban pasando muchos robos y algunas desapariciones en el área, sobre todo de niños que no dejaban huella alguna, así que ellos no querían traer un extraño a la casa, mucho menos si venía con la cara pintada y disfrazado, ya que sería imposible saber quién realmente es, así que Nelson se le ocurrió la gran idea de llamar a un amigo, que estaba desempleado:

-Hola Jaime, como estas, soy Nelson, se que estas faltó de dinero, y ya que este sábado voy a tener la fiesta de Javier, te quería pedir que vinieras disfrazado de payaso, te voy a dar dinero para que alquiles un camión de helados, para regalarle a los niños invitados. Mi hijo se pondrá feliz y tú ganarás algo, ¿que te parece?-Nelson responde:

-Claro que si Nelson, no sabes cuánto me ayudas, cuenta conmigo, estaré allí sin falta-Contesto Jaime.

Así las cosas, Nelson ocupo los días siguientes a decorar la casa con globos de colores, comprando regalos para su querido niño, y Javier estaba muy feliz, como todo niño lo estaría:

-Papi, estoy muy alegre, ya les dije a todos mis amiguitos que vengan, esta será la mejor fiesta que jamás he tenido, no puedo esperar para ver al payaso-lo decía un emocionado Javier.

Ah, pero si piensas que esto no es un Creepypasta, no salgas, porque ahora sí las cosas se volverán más aterradoras, solo sigue leyendo ¿ok?

El día de la fiesta, todo estaba listo, los niños ya estaban llegando, la música infantil sonaba, pero aún no llegaba Jaime con el camión de helados, ya estaba retrasado. Javier le preguntaba donde estaba el payaso, que todos estaban ansiosos por verlo. Nelson empezó a llamar a Jaime por el teléfono, pero no había línea, o talvez el teléfono estaba apagado:

-No se que ha pasado con Jaime Amanda, está retrasado y no contesta el teléfono.

En ese momento, la angustia de Nelson transformó en alegría, cuando vio llegar a su amigo con el camión de helados, la hermosa música que siempre suena, y el bajándose del camión vestido de payaso. Los niños y sobre todo Javier, corrieron hacia el, que les regalaba globos con forma de animales, y les hacía bromas, todos disfrutaban del gran show, mientras Nelson y su esposa observaban por la ventana lo que ocurria afuera:

-Vaya amor, ese amigo tuyo si que sabe cómo ser payaso, Javier está muy feliz, tienes razón Amanda, aunque lo veo algo diferente, no lo recuerdo tan alto, y se pudo haber maquillado mejor, me parece un poco tenebroso para los niños, pero lo importante es que está aquí, y Javier disfruta.

Ahora es donde se viene el suspenso:

Al rato, Nelson vio como su amigo Jaime, invitaba a los niños al camión de helados para dar un paseo por el barrio, al cual los niños aceptaron subiendo al vehículo. A Nelson le pareció una idea algo extraña, así que decidió salir a hablar con Jaime, pero el camión ya había partido:

-Bueno, seguro solo será una vuelta querida, así que lo esperaremos aquí afuera-Dijo Nelson a su esposa.

El camión, demoraba una eternidad en regresar, y no se le veía por ninguna parte. Nelson se estaba empezando a preocupar, y fue ahí cuando su teléfono recibió una llamada, en la pantalla decía Jaime:

-Jaime dónde estás, ya es hora de que regreses con los niños, la fiesta es aquí, no dando paseos por el barrio con el camión, además...

-Pero que dices Nelson, te estoy llamando para decirte que no podré ir a la fiesta, no pude alquilar el camión, ni conseguir el disfraz a tiempo, lo siento amigo, pero ¿que me decías de pasear por el barrio?

Un frío recorrió la espalda de Nelson y soltó el teléfono y corrió a llamar a la policía, tomó su auto y salió a buscar el camión de helados. Había caído la noche, y estaba oscuro. Nelson y Amanda estaban como locos buscando y buscando, mientras resaban y le pedían a Dios que nada les haya pasado a los niños.

Al llegar cerca del bosque, vieron el camión accidentado a un lado de la carretera, fueron corriendo a ver el camión por dentro, pero no había rastro de ninguno de los chicos, apenas algunos zapatos, conos de helados y algo escalofriante:

-Por dios Nelson, que le ha hecho a nuestro hijo y a los niños-decia Amanda mientras no podía controlar su llanto y desesperación.

Lograron ver una huella que salía del camión y se internaba en el bosque. El rastro eran más ropas de los niños que parecía que algo los había arrastrado dentro del bosque. Nelson y Amanda caminaban en la negra noche, el rastro los llevaba hasta una cueva tan oscura en la cual no se podía ver nada dentro, pero escucharon el grito de uno de los niños, lo cual les hizo correr con desesperación.

Entraron a la cueva, y sintieron como si entrarán al mismísimo infierno, encendieron unas linternas para poder ver:

-¿Que carajos es este lugar?- se preguntaba Nelson mientras su esposa no dejaba de temblar y resar.

Una gota de sangre cayó sobre la cabeza de Amanda, lo que provocó que alumbraran hacia arriba, y fue entonces cuando ambos cayeron de rodillas, mudos de terror al ver a todos los niños colgados del techo de la cueva, con sus cuerpos abiertos. Ambos empezaron a gritar y llorar de dolor, sin embargo no veían a Javier colgado por ningún lado. Intentaron buscarlo y al fondo de la cueva, vieron a una sombra de forma humanoide, pensaron que era Javier, pero al tratar de alumbrar, el cuerpo de el les fue arrojado encima. Los papás no dejaron de gritar y llorar al ver el cuerpo de su niño todo desgarrado y sin vida.

Los vecinos y la policía llegaron al lugar guiados por los gritos de Nelson y Amanda. Nadie jamás había visto una imagen tan desgarradora.

Es por eso que desde ese día, nadie entra al bosque, nadie celebra cumpleaños y todo se ha vuelto tristeza para los que habitan allí, pero no todo es malo, no todo es tristeza, hay alguien que aún está en esa cueva, alguien que aún sonríe de felicidad, porque los payasos, nunca están tristes.