FANDOM


Chibi Death EN ESPERA DE UN ALMA PIADOSA

Este artículo no cumple con uno o varios requisitos para pertenecer a Creepypasta Wiki, siendo preciso perfeccionarlo en uno o varios aspectos. Sé su salvador, obsequiándole el cariño la calidad que merece. Dirígete al Centro de Adopciones y contribuye a mejorar su mundo, NUESTRO MUNDO.



Todo empezó durante la edad media, cuando cientos de miles de brujas eran quemadas en la hoguera. Antje era una chica de cabellera naranja, ondulada y larga. Era de contextura delgada y muy fina en su forma de ser. Ella fue una estudiante normal como todas las personas. Ella era de una familia de brujas, pero nadie podía saberlo, ya que su familia era la más buscada de aquella época. Ella y su familia vivían en un pueblo muy humilde en Inglaterra distanciada de sus padres, acompañada de una Nana, mujer que la familia Le Fay había contratado en busca de protegerla y tan solo los podía ver una vez al mes. Por normas de la familia, le prohibieron a la nana decir sus existencias o su castigo sería fatal, como también le prohibieron a Antje socializar con cualquier persona normal.

Un día en su escuela, un rumor corrió acerca de los Le Fay. Supuestamente la inquisición había atrapado a uno de ellos, y Antje se sentía preocupada por ellos. Horas más tarde, antes de la salida, vinieron dos clérigos y una monja. Dijeron que todos esos rumores eran ciertos y que sabían el paradero de aquella familia. Que darían a cabo la captura y los quemarían vivos a todos, ya que era un mal para el pueblo y que por fin Inglaterra se libraría de una familia de brujos. Ella al escuchar tal noticia no dudó en irse de aquella reunión, así que lo hizo. Eso causo la sospecha de la monja, que acompañaba el lugar.

—Padre Enrique, tengo algo muy urgente que hacer en este momento, tengo que irme de inmediato.— dijo Antje.

El fraile se acercó al oído de ella en plena reunión...

—¿Pero que paso Hermana Adelina?—

—Padre se lo digo después, esto es algo inesperado.— dijo Antje preocupada.

La monja se levantó de la silla y pidió disculpas por interrumpir, y aclaró que un problema se le había presentado, así que tenía que arreglarlo.

La hermana Adelina fue a perseguir a aquella chica desconocida, en eso vio a Antje con una señora que estaba llorando.

—¿Pero qué ha pasado por Dios?—

Ella se escondió en uno de los bosques que rodeaba el lugar...

—Idania, descubrieron a mi familia. ¡No puede ser! Tantos años, casi alejada de ellos y ahora me toca verlos morir. No solo a ellos, ¡sino que a nosotras también!—

Antje gritó desesperada, no se contenía del dolor que le causó aquella reunión.

—Cálmate... Tranquila... Baja la voz...— le dijo Idania en un tono tranquilo.

—Este lugar no es seguro, una monja nos ha escuchado a ti y a mi. Debemos huir cuanto antes, presiento que ella está observándonos.—

—Es mejor que nos siga, así en el camino la matamos, de seguro ellos están en camino, debes ir con tu familia ahora, vayámonos de una vez.—

Las brujas salieron del bosque y se dirigieron a donde se ubicaba la familia de la chica en escobas. Sin pensar que Adeline huyó lo más rápido que pudo. Ya llegando a la escuela donde estaban los clérigos...

—¡Atención todos, hermanos!— exclamó.

Encontré dos brujas pertenecientes a la familia Le Fay. Están huyendo, parece que se dirigen a Londres. Por ahora vayan a sus casas, no habrá atención en esta escuela hasta que las hayamos encontrado. Nosotros hablaremos con su director, para que hagan las clases por el tiempo que esta se necesario. Ahora todos quédense ahí y no salgan, esta familia es peligrosa.

Los dos clérigos y la monja vieron a todos salir. Ellos no perdieron su tiempo; empezaron a preparar todo en la hoguera para la quema de toda la familia, la inquisición empezó un persecutorio.

Las dos brujas llegaron a la choza, pues la inquisición estaba cerca. Su padre, Louis Le Fay, abrió la puerta. Le pidió a su hija que se encargara del santuario de brujas ubicada en Alemania. Sus últimas palabras fueron...

—Deja que el espíritu de Morgan Le Fay te guié, hija mía. Porque tú debes hacer crecer el apellido Le Fay. En ese lugar no estarás sola, habrán brujas y brujos esperándote...—

La inquisición había llegado a la choza. Antje tomó una escoba pero Adeline la detuvo. Ella no se dejó agarrar, así que se bajó de la escoba y dijo...

—Este será tu fin.—

Agarró el cuello de la monja y la ahorcó tan fuerte, que la mató dejándola moribunda en el suelo.

La inquisición se quedo atemorizada.

—Si quieren jugar con fuego, jugarán con fuego. Pero con mi familia no; no saben con quién se han metido...—

Agarró su escoba y se fue volando, triste por lo que había hecho... Desde lo lejos se veía fuego, y gritos desesperantes se escuchaban desde distancia.

Antje llegó a Alemania, una bruja en la oscuridad se le apareció. La llave que tenía en su bolsillo empezó a brillar, era el espíritu de Morgan Le Fay. Éste le guió hasta el santuario; al llegar a aquel lugar se asombró, ya que era como especie de un castillo. Todo estaba adornado. Las habitaciones, las salas, las bibliotecas y hasta el cuarto de brujerías.

Todo estaba ordenado, habían muy buenas cosas en el santuario, pues era un lugar mágico. Todos los brujos le dieron la bienvenida, entre ellos estaba Dereck. Un chico de ojos verdes, cabellera lacia y rubia, hasta la mitad del cuello. Este medía 1,65; Antja y él se enamoraron y luego se casaron. No sabían lo que se les esperaba...

Año 1670 Editar

Un joven brujo aprendiz va por los pasillos del santuario, donde había una biblioteca mágica. Su cabellera era lacia y corta, tenía una vestimenta verde como la de un mago y una piel blanca pálida con ojos azules.

—Oh, gran líder. Le tenemos una buena y una mala noticia. La buena noticia es que nació su hija Elizabeth Amara Morgen, señor. Y la mala es que de las 100 brujas que dieron a luz, ella fue la única en nacer. Las demás murieron y no solo eso... Su esposa ta-también.—

El esposo de Antja furioso, gritó:

—¡¿COMO QUE MURIERON, ES QUE ACASO ESTO ES UNA MALDICIÓN!?—

—Bueno, me temo que sí.—

—¡¡Traigan a mi sangre!!— exclamó Dereck.

Ferdinand trajo a la niña, sus ojos eran de color rojo oscuro y su cabellera era de color rojo parecido a la sangre. Era blanca como la luna y su apariencia era muy tierna, pero a la vez perturbadora.

Él se quedo totalmente perturbado. Dejó a la niña y fue a ver a su esposa, entre sus manos estaba la llave, allí yacía el espíritu de Morgan Le Fay.

Ella antes de dar a Luz me dijo que confiara la llave a su hija y que Morgan Le Fay se encargaría de cuidar por ella, vaya a donde vaya y dentro de este santuario.

El esposo de Antja se quedó asustado, cogió la llave y la ocultó en el sótano más profundo del santuario, mando a Ferdinand a llamar a todos los brujos y brujas y les dijo que nadie podía entrar a este sótano y que se encargaran de que Elizabeth tampoco y aquel brujo que se atreviera a desobedecerlo seria aislado del lugar.

Elizabeth empezó a crecer, su apariencia cambió. Su cabellera se volvió roja y sus ojos eran del mismo color, era dulce, tierna y todos los brujos y las brujas la amaban por lo linda y dulce. Empezó a practicar magia blanca en la biblioteca y se convirtió en una brujita con muchísimo talento.

Pasaron los años y ella cumplió 17 años, era toda un adolescente... Pero la maldición de la llave que yacía en el sótano brillaba fuertemente, la maldición seguía en pie...

Era una noche fría y oscura. El padre de Elizabeth viajó y le encargó a los criados que cuidasen de Elizabeth. Ella fue a su habitación a descansar... Pero de pronto una puerta se abrió, era una bruja...

—¿Ho-hola?— Dijo la pelirroja en un tono tímido.

—Hola hija mía, soy yo tu madre, no te asustes. Soy buena, déjame contarte algo que tu padre te ocultó por mucho tiempo...—

—Sí, claro. Quiero saberlo.—

Morgan se sentó al lado de Elizabeth, su apariencia dejo de ser una sombra. Era rubia, sus ojos eran de color rojo, su cabellera era lacia, tenia mucha altura a comparación de Elizabeth y su vestidura de color azul adornada tenía un sombrero muy pero muy igual al de su traje.

—Tu verdadera madre me dijo que cuidase de ti, en este mundo hay muchísima gente malvada que nos quiere hacer daño. Tu padre me encerró en un sótano muy oscuro; desde que naciste ahora solamente velo por ti en este santuario, pero a los lugares donde tú vayas sin mí estarás en peligro por la inquisición. Esa gente mató al resto de nuestra familia y te buscan. Tu padre hace mal en protegerte de esta manera sin mí, acompáñame, salgamos de esto y vivamos felices...—

Elizabeth lloró profundamente, eran las 12 p.m. desde que se había aparecido la bruja en su habitación. Ella la siguió y juntas llegaron al sótano oscuro. Entraron y había una llave y un caldero, la mujer había desaparecido...

—Mamá, mamá ¿don-dónde estás? ¡¿MAMAA!?— Exclamo fuertemente, las puertas del sótano se cerraron solas.

Hasta que se escuchó...

—Agarra la llave, cógela, agarra la llave hija mía.—

Ella lo hizo y en el caldero apareció una sombra, era la de una bruja. Esta le dijo:

—Ahora seremos inseparables...—

La sombra se metió en el cuerpo de Elizabeth, sangre derramada en los pisos. Los criados bajaron por el ruido que había y pero... vieron la maldición frente a sus ojos.

—¡¡Ahora todos y cada uno de ustedes morirán por alejarme de mi HIJAAA!!—

Los brujos lucharon por sus vidas, pero cada uno fue muriendo... Y el santuario quedó en nada, solo sangre y una risa macabra que se escuchó por todo el lugar.

Para asegurarse de que ningún brujo de aquel santuario estuviera vivo, incendió el lugar... El sótano donde yacía la bruja estaba completamente intacto...

Dereck vino de prisa a por la maldición. Estaba tan preocupado... Vio como la librería, la sala de brujos y demás habitaciones se quemaban. Como todo aquello en que vivieron los buenos momentos, él y su esposa se desmoronaban, tanto que simplemente habían cenizas y gritos por doquier. Preocupado más aún entró al cuarto de su hija... No estaba, él se iba a poner a llorar, creía que su hija estaba muerta hasta que vio la habitación en donde había encerrado la llave... Vio a su hija decir...

—Crees poder enfrentar a la maldición...—

El padre no se podía creer lo que veía al lado de su hija. Había una sombra muchísimo mas grande que ella, como bien dijo su esposa la llave debía conservarla su hija pero su sobre-protección lo llevó tan lejos que perdió todo lo que tenía. A las justas la pudo reconocer, pero su hija ya no era la misma niña dulce y tierna que antes conocía.

Las brujas sólo podían ser destruidas por el fuego y la muerte. A veces, cuando ni el juicio ni la tortura conseguían nada, se utilizaba otro medio para saber si el acusado era culpable o inocente: se le ataba de pies y manos, se le introducía en un saco y se le arrojaba al agua: si flotaba era evidentemente culpable, y se le llevaba rápidamente a la hoguera.

Así que ya sabes, ni se te ocurra invocar el alma de Morgan Le Fay. Ni mucho menos a su hija, si eres bueno, te dejaran en paz pero si eres malvado, peor...