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Mr. Ángel se sentó al lado mio, en una banca del parque. Él es mi mejor amigo. Le señalé a un anciano que estaba cerca de nosotros.
Viejo

- ¿Qué hace él, Mr. Ángel? – pregunté.

Aquel anciano tenía un cigarrillo apagado en el lado derecho de la boca. Sus ojos ya marchitos por la edad, mientras miraba fijamente a la nada.

- Él está buscando a una mujer que perdió hace mucho tiempo. – dijo Mr. Ángel.

Habló muy lentamente. Lo escuché, sus palabras suaves, lentas, y sentí su aliento caliente contra mi oído; fue cuando le sonreí. Me encantaban sus secretos, Mr. Ángel lo sabe todo.

- Debe ser horrible, Mr. Ángel – le dije. - ¿Por qué no lo ayudas?.

No pude ver ni hacer nada, ya que no tenía cara para hacer algo, pero Mr. Ángel sonreía. Se levantó y caminó lentamente hacia el anciano, y lo golpeó con un dedo en el pecho del anciano, entonces regresó a mi lado. Lo tomé de la gabardina negra que siempre usaba.

- ¿Que hiciste, Mr. Ángel? – le pregunté.

Pude oír el suspiro de cansancio de Mr. Ángel, que se apoyaba sobre su bastón.

- Lo envié de vuelta con su mujer. -dijo con una voz rasposa. - Ella se fue hace mucho tiempo atrás, y él estaba muy solo.

Miré al anciano. Estaba de rodillas mientras se agarraba dolorosamente el corazón, su rostro reflejaba el sentimiento de dolor y desesperación, y le oía resollar mientras luchaba por respirar.

- Mr. Ángel ¡¿Qué has hecho?! – Grité. - ¡Eso no es ayudar!

Pero Mr. Ángel estaba en silencio, sentado viendo al hombre sufrir. Hice diminutos golpes y forcejeos sobre sus hombros, lo encontré vacío…. frió. Las lagrimas comenzaban a rodar sobre mis mejillas.

- ¡Mr. Ángel! -Grité.- ¡Mr. Ángel!, ¡Vuelve!

Las lágrimas caían de mi rostro, hundí mi cabeza y lloré. Volteo y veo el cuerpo del anciano. Se había ido ya, pero su rostro no reflejaba el dolor y la desesperación. Quise pensar que era una broma, o algo así. Pero no oía nada, sólo el silencio y la paz que le sigue. Veía al cuerpo y una lágrima mía cayó sobre su piel.

- Por favor… – supliqué: ¡Levántate! ¡Por favor!, ¡Levántate!. - Sacudo su hombro. Nada.

- ¡Levántate! - Apoyé la palma de la mano sobre las palmas del hombre. Nada. No latía su corazón.

- “El viejo está donde debería estar”. - Oí una voz contigua. - “Él es feliz”. - Sus palabras resonaban sobre mi piel.

Mire hacia atrás, Mr. Ángel hablaba desde la banca del parque.

- ¡Usted lo mató! -Grité.

Mi respiración agitada me estaba ahogando. No sentía mis piernas. Mr. Ángel se levantó de la banca y se dirigió hacia mí. Se arrodillo y yo podía sentir el movimiento de su gabardina sobre mí, como un cálido abrazo. Agarró su bastón con una mano y con la otra mi hombro, no lo pude ver, pero puedo asegurar que sonreía.

- La muerte. – le dije.

Mi voz era ronca, me había tragado mis lágrimas.

- ¿¡En serio le ayudaste?! – le dije.

La muerte me miró y se acercó aún más.

- Pequeño, querido. – Susurró en voz baja. - “La muerte puede ser muchas cosas, la muerte puede ser difícil. La muerte puede ser dolorosa. La muerte puede estar algún día en tus talones. Pero no lo olvides, Lo mejor que puedes hacer con la muerte, es darle la bienvenida y abrazarla como a un amigo”.

Me atrajo hacia él. Sentí su mortaja envolverme lentamente. Se sentía cálido y acogedor. Fue bueno estar cerca de la muerte.

- “Ahora no me llaman muerte. Yo soy un ángel ¿Recuerdas?”.

Me reí de él y me limpié las lágrimas.

- Debido a que llevar a la gente al cielo, ¿Verdad?. – dije.

Él asintió.

- Mr Ángel. – le dije. - Tú eres mi mejor amigo, ¿Verdad?

Mi respiración se detuvo. Su sonrisa se había ido y su gabardina, que acariciaba mi piel, se sentía muy fría.

- “Sí”. - Contestó la muerte con voz áspera - “Yo soy tu mejor amigo.”