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Imagen hecha por LizzyMcMorrow

Una familia se encontraba en su casa, el padre estaba recostado sobre su sofá mientras leía su periódico. La madre estaba preparando la cena, la cual desprendía un agradable olor que se podía sentir por toda la casa, en especial desde el cuarto de su pequeña hija. La muchacha, al sentir tal olor decidió dejar de jugar con sus muñecas para poder ir hacia donde estaba su madre, ella salió corriendo hasta la cocina bajando rápidamente las escaleras. Abrazando a su madre, se dispuso a preguntar si la comida estaba lista a lo que su madre respondió que faltaba un ingrediente el cual quería que ella comprara. Te preguntaras, ¿Qué tan anormal puede ser esto? Bueno, digamos que aquí empieza una pequeña parte de lo que sería una gran historia.

Annabell era una pequeña niña de unos 8 años aproximadamente, tenía una familia amorosa, un padre que trabajaba de carpintero, reparando cosas sencillas tales como juguetes y fabricando marionetas, y una madre que se disponía a hacer trabajos domésticos para ayudar a su esposo a pagar sus deudas, para informar en esta historia, Annabell había nacido en el siglo 18, una época un tanto difícil para vivir. O al menos para los que no estaban tan sustentados económicamente. Aun así, ellos eran muy felices con lo que tenían y no envidiaban a nadie. Quizás tenían sus malos momentos por no poder realizar algunas cosas por su estatus económico, entre ellas como salir más seguido con su hija o tener problemas para pagar sus estudios pero podían pasar el rato con ella y eso era lo que les importaba a ellos.

Una vez, la madre de Annabell tuvo que salir para cumplir un mandado que le habían ordenado, viéndose obligada a salir a la zona más peligrosa del sector por donde vivía, a su alrededor estaban gente de todo tipo. Desde personas mendigando por un poco de dinero o comida, como se estaba acostumbrado a ver en esos tiempo, hasta prostitutas. Hubo un señor de edad mayor que puso sus ojos en aquella mujer, naturalmente con algunas intenciones. El hombre de alguna forma u otra pudo entablar una conversación con la mujer durante unos minutos, pero era más que obvio que la mujer estaba tratando de evitarlo a toda costa. Quizás podrías pensar “es solo un hombre que busca cortejarla y no tiene nada de malo” pero la cuestión es que no era así. Si había una cosa que buscaba aquel hombre en esa mujer era hacerla suya. La mujer siendo muy lista logró desviar la mirada de aquel tipo dándole tiempo para poder escapar, pero, dado a que el pueblo por donde vivía era muy pequeño, la gente era fácil de rastrear y el hombre terminaba encontrando a la mujer de todos modos.

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Este acoso duro por unos cuantos meses hasta que una vez que estaba a punto de lograr su cometido, se encontró cara a cara con otro hombre siendo el prometido de la mujer a quien quería abusar. Él naturalmente enojado se peleó de una manera tan brusca y fuerte que logró darle un golpe en el ojo de tan impacto que hizo que lo perdiera, así él no tendría más ánimos de querer hacerle algo malo a su prometida.

Durante unos días, la mujer pudo sentirse tranquila sin la presencia de ese hombre, pero el daño estaba hecho. La reputación de ella ya estaba manchada, una vez incluso la confundieron con una prostituta entre otras barbaridades. Para una época oscura era normal que las personas vieran los chismes y rumores falsos como un medio de entretenimiento. Dicha pareja joven, ya no podían aguantar más blasfemias y decidieron irse a una ciudad un tanto lejana para rehacer su vida.

Al pasar los años ellos concibieron a una pequeña niña de cabellos marrones con unos ojos del mismo color, la cual con el pasar de los años se hacía más alegre y enérgica a la vez.

Cierto día, esa pequeña niña tuvo que salir a buscar un ingrediente que faltaba en su casa para poder realizar la cena. Yéndose a la tienda más cercana llamo con una aguda voz al vendedor para que así pudiera notarla. Justo al lado de ella se encontraba un hombre de un aspecto peculiar, vestía un enorme chaleco negro con pantalones grises, botas de color café, una barba blanca y un parche en su ojo derecho como si lo hubiera perdido en una pelea, por no hablar que olía terriblemente a alcohol. Annabell era una niña algo asustadiza pero también curiosa, ella se le quedo viendo a ese hombre durante unos cuantos minutos. El hombre al percatarse de ellos cruzó mirada con ella, a lo que le dijo:

- ¿Pero qué coño me ves?

Eso asusto un poco a la pequeña a lo que con una voz respondía “nada, yo no lo veía a usted”. Obviamente él no le creyó y estuvo a punto de meterle una bofetada pero se vio interrumpido por el vendedor que le entrego el recado. Si te pones a pensar, la pequeña tuvo suerte puesto que pudo haber quedado con un moretón en su cara, ella no iba a ser perdonada por ser pequeña, no, ella sería juzgada tal y como lo sería una persona adulta pues en esos tiempos los niños eran considerados como pequeños adultos.

Annabell se fue corriendo hacia su casa pero mientras hacía eso, el hombre se quedó pensando en donde había visto esa cara tan peculiar, sin obtener una respuesta, se quedó bebiendo y siguió emborrachándose, quizás, solo quizás esto fue una mala jugada del destino.

Al regresar a su casa y darle las zanahorias a su madre para que pusiera terminar de hacer la cena, ella se retiró a su cuarto a jugar con la única muñeca que tenía. Era una muñeca muy maltratada como si la hubieran utilizado varias veces, esto se debía ya que al ser de familia pobre, no podían comprarle otra muñeca a ella.

Posteriormente, al terminar de hacer la cena, la madre de Annabell la llamo para comer. Entre toda la familia se sentaron y compartieron un grato tiempo. Una vez terminado la cena, la pequeña fue mandada a dormir pero no iría hasta que su madre o padre le contaran un cuento, o en su mayor defecto, ella lo leyera así misma antes de dormir. A diferencia de muchos niños y niñas, Annabell tenía un gusto por la lectura.   Cierto día, Annabell estaba en su escuela, haciendo sus tareas y aprendiendo cosas nuevas. Para un niño tener que estudiar podría ser algo molesto pero para ella era divertido, algunos profesores decían que ella podría alcanzar un gran futuro, siendo una buena esposa para enseñarle a sus hijos, ser una profesional entre otras cosas. En ese instante todos los niños salieron al recreo por lo que un grupo de niñas se quedaron hablando y jugando con sus muñecas. Annabell estaba sentada leyendo.

Ese grupo de niñas se le acercaron para preguntarle si quería jugar con ellas, a lo que ella respondió apenada que no. Ella noto que el juego era con muñecas, si tenía pero como podrás recordar estaba muy desgatada. Las niñas, al notar que ella estaba mintiendo se fueron de manera enojada dejando a Annabell sola, lo que la hizo pensar, ya que, si no podían comprarle una muñeca, su padre podía hacerle una.

Ese mismo día en la tarde, Annabell había llegado de la escuela a su casa para llamar a su padre y madre mientras los buscaba trataba de elegir las palabras para poder decirles lo que quería. Una vez estaban todos reunidos, les dijo lo que quería a lo que sus padres le respondieron que no. Hacer una muñeca era mucho trabajo, incluso más costoso que comprar una ya hecha, pero eso no iba a ser obstáculo para ella. Pues pongámoslo así: Una niña de 10 años que era muy productiva en su casa, ayudando en lo que podía. Tenía buenas notas, mostrando un interés muy alto y difícil de ver en los niños. Ese tipo de cosas merecían ser recompensadas y ella podía sacarle provecho a eso. Así que pidió recibir una en su cumpleaños.   El resultado de todo fue satisfactorio y estaban seguros de que a su pequeña soñadora le encantaría el regalo. Llegada la dichosa fecha, los padres de Annabell hicieron una pequeña reunión de apenas una 20 personas que consistían entre ellos, su hija y vecinos muy cercanos a ellos. Los regalos que recibió la niña fueron cosas muy útiles tales como ropa o cuentos, cosas que en realidad necesitaba. Al abrir finalmente el regalo de sus padres, ella quedó anonadada por tal muñeca. Era una muñeca de trapo, tenía un vestido de color blanco en la parte delantera con un corsé morado y una falda color añil. Poseía un color de cabello de color azul oscuro con unos ojos de botones color morado. Para ser una muñeca de trapo, recordaba mucho a los personajes de cuentos de hadas. Annabell se quedó muy satisfecha con eso, por lo que, por primera vez, tendría un juguete que mostrar sin vergüenza alguna ante sus compañeras. 

Cierta noche mientras Annabell dormía su padre estaba trabajando en su mesa de noche, al tomar un pequeño descanso, se dignó a leer el periódico de esta mañana que no había leído. Pasando las páginas hubo una que llamo su atención mas que todo por su título. 

“Asesinan y queman a una mujer en la plaza del cetro educativo”.

Se recomienda mantener en cuidado a cualquier mujer o niño que viva cerca de esa zona.

El padre conversó con la madre y acordaron que no mandarían a su hija durante un buen tiempo, o al menos hasta que esa noticia fuera olvidada. Pero para mala suerte no fue así, los asesinatos se hacían más y más constantes esto duro casi unos años enteros. Naturalmente, Annabell aunque no pudiera ir a su escuela, no quería decir que ya no estudiaba, no. Ella seguía haciéndolo pero en menor medida. Un día la pequeña niña que ya no era pequeña, puesto que, ya había cumplido sus 10 años les preguntó a sus padres que porqué hacían unas maletas, y ellos le explicaron que su zona ya no era segura y que tenían que marcharse. 

Un sentimiento de tristeza despertó en aquella muchacha, pues era el lugar donde siempre creció pero le reconfortaba un poco el hecho de que todos los vecinos que conocía se irían con ella. Cuando la noche comenzaba a ponerse, las personas empezaron a hacer su partida. Unos iban en algunos carruajes, mientras que otros iban en caballos y otros medios de transporte, Annabell solo se dedicó a mirar, sintió como todo pasaba tan rápido que cerro sus ojos para poder dormirse. 

En un pequeño sueño recordó como era su vida hace un año, hasta que un leve ruido la despertó. Para su mala suerte, era una emboscada en las cuales algunos eran violadores. Un grupo secuestro a las mujeres mayores y otro se quedó con los hombres para sacarles sus pertenecías. Unos de los hombres que estaba siendo emboscado, mientras no era visto saco un arma de fuego la cual fue vista por el padre de Annabell, este sorprendido le pregunto qué iba a hacer. Era más que obvio que planeaba matarlos a todos ellos, pero al ser imposible para el solo le dio una escopeta para que le ayudara a matar a los violadores.

Cuando estaban a punto de violar a una mujer, uno de ellos recibió el primer disparo por parte del hombre que pasó desapercibido. El segundo disparo fue por el padre que, logró darle a uno de los hombres que mantenían prisioneras a los demás. Las balas se estaban acabando por lo que al ser libres todos las personas se escaparon lo más antes posible. Pero uno de los delincuentes logro atrapar a la pequeña Annabell sin que sus padres se dieran cuenta, no importaba cuanto se resistiera la chica no tenía escapatoria alguna. Pataleo, grito, aruño pero todo fue en vano. 

Cuando vio la cara del hombre que la retenía pudo observar algo que le dejo horrorizada, era el mismo hombre que le quería meter un puñetazo cuando era más pequeña. El hombre tapándole su pequeña boca puso una sonrisa de oreja a oreja, mostrando sus pútridos dientes asquerosos. Abriendo su boca dijo “tenía planeado violarte. Pero se me ha ocurrido algo mejor.” 

Los padres de Annabell, cuando se percataron de que ella no estaba buscaron lo más desesperado posible. No encontraban a su querida hija, dicha búsqueda duro por unos 8 años aproximadamente, ellos seguían solos. Tal dolor cómo perder a una hija no podía ser superado, la madre que se enfermó gravemente, paso sus últimos días recostada en su cama junto con su esposo, que ahora trabajaba en una tienda de juguetes, quizás era el único recuerdo que le quedaba. 

Cuando su esposa no pudo soportarlo más, dio su último respiro para dejar este mundo. El pobre hombre ya había quedado en soledad completa. Su hija ya no estaba con él, y su esposa se marchó para siempre. Desconsolado trato de realizar un pedido muy peculiar, se trataba de una muñeca tamaño real que una muchacha le había pedido, si su hija estuviera con él a estas alturas, de seguro que sería idéntica a ella. Cuando él estaba en su tienda, una muchacha elogio la muñeca de trapo que él le hizo a su hija, a lo que solo se limitó a dar un gracias de manera seca. Ella pregunto que si podía hacerle una similar a esa que tenía en su estante a lo que el encantado le dijo que sí.

Al leer las indicaciones que la muchacha le había dado al hombre, se quedó extrañado puesto que la muñeca iba a ser de su tamaño, ella le explicó que sentía una atracción hacia las muñecas de tamaño real, por lo que quería una de esa manera.

“Yo soy muy exigente, por ende pago caro” dijo aquella chica. La muñeca estaba terminada, y el hombre pudo estar contento por un momento al ver tal obra maestra. Cuando la vio por completo, y se detuvo a ver la original, unas lágrimas recorrieron por sus ojos y no pudo dejar de sentir un gran dolor en el pecho, ese dolor se volvió más intenso y termino muriendo a causa de él. Unos especulan que fue un paro cardíaco lo que lo mato, pero son solo rumores. Justo cuando estaban en su funeral, naturalmente enterrado al lado de su esposa, algunas personas comentaban que su último trabajo desapareció por completo, como si se hubiera esfumado. Mientras las personas que estaban en su funeral hablaban de tal tragedia, un niño pequeño apuntó con su dedo algo y dijo lo siguiente:

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-Mamá, mira esa muñeca, parece humana. Me ha dado algo de miedo.

-¿Pero cuál muñeca hijo mío? Si no hay nada –respondió la madre ante tales palabras de su hijo 

-¿No la puedes ver? Está al frente tuyo.

Todos los niños empezaron a decir lo mismo sobre la muñeca que los miraba pero, los adultos no podían ver nada, era en vano. 

Extraído de un diario local:

“Joven de 18 años se suicida tras varios años de maltratos por parte de sus secuestradores, se especula que la víctima pudo haber entrado en crisis al ser descubierta cuando quería escapar”