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«Mundo al revés»

Lamento no poder deciros cómo entrar y, aunque lo supiera, no os lo diría. Mi intención es avisar.

Hace tan solo un mes me trasladé a un piso en la costa gaditana, a un piso pequeño y acogedor con mi gata «Medialuna» —llamada así por su color de pelo negro y blanco —. A mi gata le gusta acompañarme a todos lados, y ya pasó un día desde que los muebles fueron puestos en su sitio. La casa ya es habitable, así que medialuna ya habrá visto cada rincón y cada recoveco de la casa que algunos seguramente desconozcan.

La segunda noche, cuando me dirigía al baño para enjuagarme, mi gata se subió a la bañera justo detrás de mí. La podía ver desde el espejo, pero, al girar la cabeza , noté, allí no estaba. La busqué por toda la casa para ver cuán rápida es. Sin embargo, yo no había escuchado nada trotar o subir a alguna cosa bruscamente. Así que, volví al cuarto de baño y, antes de entrar, divise un charco de sangre sobre las baldosas blancas. Entré apresurado y vi el cuerpo de Medialuna destripado sobre el pico de la bañera.

Los días posteriores fueron un mar de lágrimas. No le encontraba sentido al levantarme y pasé días y noches recostado en mi cama. Había perdido a mi eterna compañera de vida, y el dolor me invadía. No obstante, siempre hay un haz de luz que ilumina el sendero que tomar. Así, todo pareció mejorar, mi trabajo, mi familia y mis relaciones parecían estar mejor que nunca, y, poco a poco, el recuerdo de mi fiel amiga ya no era tan doloroso. Pude seguir con mi vida.

Ese día, al terminar el trabajo, fui a casa a dormir un poco y descansar, me tumbé sobre la cama, pero recordé que tenía que levantarme nuevamente y asearme. Al llegar, me paré frente al espejo y comencé a limpiarme los dientes con el cepillo. Algo me intrigaba. Me sentía observado y, por el rabo del ojo, vi a Medialuna sobre la bañera con restos de sangre en su boca, relamiéndose y mirándome con maldad. Entonces huyó como un rayo. Me giré bruscamente para ver si realmente era Medialuna y si aún estaba viva. La busqué por toda la casa, pero no la encontré.

Más tarde, me di cuenta de que aquella «Medialuna» —si aún se podía llamar así —solo aparecía frente a los espejos, así que puse espejos por todos sitios. Se me ocurrió poner uno delante del cuenco de comida de medialuna, y ver cómo se acercaba. Medialuna ha muerto. La ha matado su reflejo. Pero, no contento con matarla, ahora me vigilaba. No sabía qué hacer, así que me dispuse a ser su cebo. Me armé de cuchillos, palos... En fin, todo lo que encontré. Vacié todo un cuarto para llenarlo de espejos altos y grandes. Al pasar media hora en la habitación, aquel reflejo apareció.

De repente, sentí cómo me arrastraba violentamente hacia el espejo. Al rozarme con este, pude ver, estaba siendo teleportado hacia otra realidad a través del espejo. En aquella bizarra realidad, aprecié, esa entidad era enorme. Aquel reflejo, que, en esa realidad, era el verdadero Medialuna medía dos metros. Sus zarpas eran capaces de abrir un tórax. Esa bestia me atacó, me mordió en mi garganta. Cuando, creía, iba a morir, desperté en casa. Todo era igual O, al menos, eso parecía. Sin embargo, aunque era muy temprano, mi reloj decía, eran las 21:30. Me fijé en mi calendario que estaba a un lado del despertador. Los meses, los días, ese maldito calendario esta invertido.

Volví a girar mi vista al espejo y, ante mi sorpresa, vi mi cuerpo tendido y ensangrentado tumbado y destripado en el suelo del baño del otro lado. Vi policías, gente que recogía pruebas.

Este es el mundo donde vivo ahora. Mandé esta carta al vuestro, para que sepáis dónde estoy y que no he muerto. Os lo escribo al revés, pero, al pasar por este espejo, podréis leerlo sin problema alguno o eso espero.

Permítanme darles un consejo, ¡Rompan todos sus espejos!