FANDOM


Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.

- Mateo 5 : 6

En la venganza, como en el amor, la mujer es más bárbara que el hombre.

- Friederich Nietzche

Al fin, es de día otra vez. Bueno, la cosa no es perfecta: el cielo es gris y hace frío pero, oye, has sobrevivido un día más aquí en la calle. ¿No es genial?

Bueno, no del todo.

Tu aspecto es malo y tu olor es peor, tienes que aguantar que la gente te trate como si sufrieras de lepra pero, bueno eso es un defecto del oficio. Bueno, si la mendicidad fuera oficio.

¿Nunca te has preguntado por esas personas de la calle?... ¿Si tuvieron una vida antes de... ya sabes: tocar fondo?

Sales del callejón, hace algo de tiempo que te acostumbraste al suelo húmedo y a los olores penetrantes, ahora te toca vagar por ahí, buscar entre la basura y tal vez, ser auxiliada por algún alma caritativa. Si tu mente racional funcionara al cien sabrías que estás en el distrito conocido como Bajo Novacruz, no es un lugar especialmente agradable: pobreza, fábricas sucias, vagos, tugurios, drogas, violencia... tienes cierta intuición de que las cosas son malas aquí.

Oye, nadie dijo que la vida es justa.

Vez a uno que le llaman el profeta, el "Loco Juan", ahí está: todos le ignoran pero el aire retumba con sus pulmones llenos de su encendido celo de profeta: — ¡Su ojo ha visto la corrupción del mundo! ¡Él desencadenará el Juicio Final!

Llegaste a la ciudad pasando por ¿si te acuerdas? Bueno, no sabes si se trataba de una caseta de entrada o un puesto de vigilancia (o ambas cosas), un oficial te hizo educadamente unas preguntas pero no respondiste nada. Ese oficial ya iba para hacerte un interrogatorio pero, ah el corazón humano, parece que se compadeció de verte y simplemente se hizo de la vista gorda.  

Tu seguiste tu camino. Habías llegado a Novacruz. 

Puedes distinguir en una esquina la camioneta de la Brigada de Asistencia Social. Vamos, vamos, ve por tu ración, éste día no tendrás que buscar entre la basura.

Regularmente sientes ese dolor (ahora lo experimentas de hecho), en las uñas y las encías... ¿te has visto las uñas? Están en muy mal estado, las tienes negras y endurecidas. Parecen de animalito ¿dónde estuviste? ¿qué hiciste antes de llegar a ésta ciudad?

Mientras comes como un perro hambriento en un recoveco dentro de un oscuro callejón, te acuerdas de Érica, esa chica pelirroja que sintió compasión por ti y te trajo alimentos.

Recuerdas cuando, un chico que le acompañaba le preguntó: — Oye, Érica ¿qué acaso te gusta? Es... vagofilia o algo así, ja ja ja.

— No fastidies... Me recuerda a mi hermana. Tendría su edad si hubiésemos podido pagar la operación.

El tipo no dijo nada.

Sigues comiendo, escuchas el sonido de tus dientes mordiendo lo que después engulles, lo haces entre olores de podredumbre y calle corrompida, escuchas una patrulla: esa sirena que parece la voz de un espectro enloquecido y otro recuerdo estalla en tu mente.

Una vez, habías recibido una paliza por parte de unos sujetos que te dijeron que no debías estar en la parte de atrás de ese famoso restaurante italiano en el centro de la ciudad: esa patada en la cara fue la que más dolió.

Estabas llorando y herida, Érica te vio, pasaba por ahí y te vio, se acercó; no le importaba tu olor ni la sangre seca en tu rostro.

— Dios, quién demonios te hizo ésto... — estuvo contigo un rato, tal vez pensó que quien te había lastimado regresaría: las calles son duras. Luego, sin decir nada sacó un diminuto sobre de plástico del bolsillo de su cazadora, contenía una especie de cristal molido de color violeta (quizá púrpura) y te impresionó que al ver ese polvillo parecía emanar una luz propia que creaba un espectro visual púrpura (quizá violeta) cuando mirabas hacia un punto opaco.

— Ésto permitirá que vivas tus recuerdos más felices, lo tienes que respirar con una fosa nasal así... ¿vez? Apuesto que tuviste buenos recuerdos... ésto te hará revivirlos. No lo consumas todo o morirás... o experimentarás otra clase de memorias... memorias dolorosas; te sirve para dos dosis. La policía no debe ver que la tienes o te irá muy muy mal ¿entiendes?

>> Cuídate.

Viste cómo se alejaba, cómo la alumbraban las farolas mientras recorría la calle de regreso a su casa (su hogar). Lo que te había dado se llama memento; hay una guerra declarada entre pandillas y trae de cabeza a la mafia, la policía y los laboratorios NovaScire en ésta ciudad por ese fino polvo de cristal violeta... o quizás púrpura.

Al día siguiente viste como dos oficiales llevaban a Érica al interior de la patrulla, ante la mirada de todo el mundo, las luces encendidas: rojo, azul; rojo, azul.

No lo has visto desde esa vez. Lloraste mucho, en tu soledad, nadie te abrazó ni te dijo "no te preocupes, esto pasará".

Te acuerdas que eso sí pasaba, que había quien te decía que todo estaría bien. Pero ahora tu mundo se reduce a las calles oscuras de la maligna ciudad, la basura, la podredumbre y la soledad.

No entiendes muchas cosas, una intuición persistente te dice que las cosas no van bien: porqué el mundo es tan malo o porqué la gente puede ser tan despreciable.

Una vez escuchaste hablar de algo o alguien llamado Dios ¿te acuerdas? Si es tan bueno ¿porqué deja que sucedan estas cosas?

Tampoco entiendes muchas cosas de ti: porqué te asustan ese tipo de cantos como los que escuchaste en el parque central, donde un policía te tuvo que echar (ópera, crees que se llama ese tipo de música) o porqué le temes a los objetos que son totalmente blancos, sin mancha que violente tan puro color o cómo llegaste hasta este punto de tu vida.

O porqué, una vez, te aterraste de modo inexplicable al ver a esos estudiantes de bata blanca que se rieron por tu reacción.

— Debe de ser tu paciente, ja ja ja.

En la soledad de la noche también recuerdas un nombre: Damián, te sorprendes que dicho nombre te da un poco de felicidad, pero también una honda tristeza.

Es de noche. Hace frío, mucho frío.

Es raro pero, parece como si el sonido, la vida en general se hubiese esfumado del mundo. Es de las pocas veces que no piensas... o como se llame eso que ocurre en tu cabeza (una amalgama de cosas que chocan de manera idiota, en ocasiones muestran un contenido coherente).

Duermes, sueñas.

A veces sueñas una gran casa, es hermosa y su jardín es grande ; no recuerdas los rostros de mamá y papá pero sabes que existieron. Que estaban allí. Recuerdas la primaria, las clases de ballet, la secundaria, la guitarra, la preparatoria y el equipo de voleibol (no destacaste allí pero tampoco eras mala) y ese chico artista... Damián: tú lo amaste y él te amaba y ese amor se consumó: estás embarazada. Tus padres entristecen, lloran, se reconcilian: sí, serán abuelos. La vida es hermosa.

Pero Damián te deja: su padre murió por descuidar su salud; tendrá que ir a vivir con su madre en Estados Unidos. La vida es injusta, la vida es cruel.

Viene ese viaje de navidad y después el incidente: el coche se quedó sin gasolina, en medio de la nada, todo alrededor era la verde naturaleza y su inexpugnable reino, se abría la autopista y escuchabas a las cigarras cantar.

De pronto ese zumbido: mamá tiene un disparo en la cabeza, un hilillo de sangre baja por su frente, después cae al suelo, y luego otro zumbido más: tu padre, que intentaba contactar con el móvil una grúa, que apenas se volteaba para saber qué era ese sonido sordo y carnoso y que su corazón le dijo que era algo malo. También cae muerto.

No lo puedes creer, estás sola, allí, en medio del bosque, caes de rodillas y pides un milagro: que mamá, que papá resuciten y gritas sus nombres, te diriges al cadáver de tu padre y lo sigues llamando porque no puedes creer que todo haya acabado para él.

Pero ahora sólo son cuerpos sin vida que miran al cielo con miradas vacías.

Aparece de entre la maleza aquél hombre pálido, calvo y alto de ojos rasgados. No, no es un monstruo pero ha hecho algo inhumano. Te mira y sonríe, porta un rifle, un instrumento de muerte.

De una funda negra saca una pistola de aspecto extraño, te apunta, sientes un agudo piquete en el cuello.

Caes. El bosque se pierde en la oscuridad.

Despiertas en la calle nuevamente: tu sudor es frío y llueve, la lluvia es fuerte. Sientes un dolor insoportable en tus uñas, en tus encías.

Gritas. Nadie te puede escuchar.

Tus ojos ven algo inconcebible: tus uñas, están largas, afiladas y son de metal. Te desmayas.

Abres los ojos, es de día y el mundo da de vueltas.

Te apoyas sobre las manos y vomitas. Hay sangre en tus uñas, hay sangre en tu boca.

El día pasa con esa sensación extraña. Tu corazón parece decirte algo... ¿qué es esa sensación? Es como si quisieras recuperar algo o como si hubiese olvidado algo que tienes que hacer.

Llega la tarde, cae la noche y ese sentimiento no ha cesado, ha sido como una música incompleta que ha invadido insidiosamente tu cabeza.

Recuerdas algo, algo lo cuál no quiere explorar tu mente pero tu corazón dice que es importante.

— Nazaret...— balbuceas, te quedas parada.

¿Qué es eso? ¿Qué significa?

Un muchacho, un estudiante te lanza un grito que te hace brincar; los otros dos que le acompañan ríen: — Creo se orinó. Ja ja ja.

Hoy dormirás en los túneles de la estación Heredia del metro, fue abandonada desde hace seis décadas por uso de material defectuoso el olor del lugar es de decrepitud y deshechos. Te quedas pensando en esa sensación y en otras cosas que has vivido... de pronto recuerdas ese polvo extraño que te dió Érica.

Sí: aquello de revivir los tiempos felices.

Aunque...

Experimentarás otra clase de memorias... memorias dolorosas.

En el bolsillo trasero de tus desgastados pantalones hayas aquél sobre intacto.

Lo miras, y te pierdes en ese espectro alienígena que emana.

¿Lo tomas? ¿Lo dejas?

Te pierdes en su espectro alienígena. No puedes evitarlo, te llama con una voz de ultra mundo, es seductora, es de un deva, un dios, una ninfa, una sirena, un fantasma, una sombra, el Olvido, la Muerte.

Lo consumes. Consumiste mucho.

Pupilas dilatadas, frío repentino primero y un calor sofocante después; sientes como, si de golpe, estuvieras en dos sitios a la vez: aquí y muy, pero muy allá.  

Caes al suelo, te convulsionas, los músculos de tu cuerpo se tensan y tienes la sensación de ser todo en uno y uno en todo. 

Un universo estalla en tu mente y millones de recuerdos van y vienen, todo es movimiento: al inicio es el Verbo y el Verbo ha provocado una salvaje Revolución en la trama de la Realidad. Eres la Virgen María, eres Lillith; eres un santuario y un campo de pruebas nucleares; eres lo sagrado y eres lo profano.

El hombre calvo, alto y de ojos rasgados te llevó a su casa, un lugar lo suficientemente apartado a las afueras de cierto pueble cito veracruzano.

Vive solo, viste de blanco, la casa toda es de blanco (por fuera, por dentro) y vive muy bien. Por las mañanas, tardes y noche suena música de ópera en el interior.

Te ha tenido sin comer en un diminuto cuarto oscuro y sin cama, te vigila con una cámara de circuito cerrado y tan pronto intentas dormir enciende un sonido ensordecedor. Ha veces te lleva a punta pistola a que te bañes con agua helada, le has suplicado, le has dicho que estás embarazada.

Una vez, él sólo dijo: — Lo sé.

Su acento era ruso. Habla continuamente en una grabadora, habla de cosas extrañas, inquietantes, bizarras.

Se refiere a él como Pavel Svyatski.

Se ha referido a ti como "Sujeto de pruebas 5" o bien "Nazaret". Habla con devoción religiosa de la Revolución Rusa y de Bakunin y de Stalin y los gulags... y de una Revolución Final que consumirá el mundo capitalista.

— Un nazareno que jamás existió encendió el fuego de la maldita Iglesia burguesa... otro, que será real, encenderá el fuego de la inminente nueva revolución socialista.

Ha elevado el nivel de horror, te ha llevado a una camilla, te ha atado con correas. Cuánto tiempo has estado ahí, no lo sabes: te tortura con descargas eléctricas y, desde una pantalla plana te ha hecho ver unas filmaciones con secuencias horrendas: por tus ojos que no puedes cerrar pasan torturas, violaciones, agonías y vejaciones de todo tipo.

— Desde que recuperé los estudios de mi padre, el Dr. Sergei Svyatski en la base de Kazajstán me dí a la tarea de continuarlos, por fortuna en un país tan corrupto como México he podido hallar la forma de utilizar los fondos de la universidad para seguir mi investigación en solitario.

>> ... estaba por casualidad de cacería cuando vi el coche desde la mira telescópica; vi como se detuvo; cómo, después de unos minutos, salió un hombre con el móvil en mano y después su mujer y su hija. Sentí mis pupilas brillar al ver a la joven: estaba embarazada. Nunca fue tan fácil conseguir otro objeto de pruebas

>> ... las pruebas del Dr. Sergei Svyatski durante la Guerra Fría tuvieron resultados exitosos llevando al límite sentimientos como el miedo, la ira y la locura provocaban lo que el llamó "Extralimite Pasional"

>> ... éstos estados de extrema tensión parecían tener un efecto transformador no sólo en la psique del individuo, sino que también en su propio cuerpo.

>> ... se menciona el caso de una niña conocida como Nadiia 13: provocare un Extralímite Pasional de ira la llevó a desarrollar la capacidad de malear su piel a gusto, incluso podía hacer emerger de ella estructuras parecidas a salientes rocosas... aunque debido a su inestabilidad por su psique destruida y por su impredecible nivel de amenaza, tuvo que ser sacrificada como un perro rabioso.

>> ... lástima que, como trágica ironía, la Madre Rusia tuvo que sacrificar a todos los implicados en el proyecto para mantener oculta la horrible realidad de dichos experimentos... mi padre incluido.

Tortura. Imágenes horrendas. La música. Su voz hueca. El instrumental. Inyecciones. No dormir. No comer. Cuerpo frío.

Es una pesadilla: gritas que te maten.

— Mi sujeto de pruebas número 3 —decía Svyatski en su bitácora— . Dio vida a un infante el cual tenía en la cara un pseudópodo que terminaba en jeringa metálica. Lamentablemente no vivió más que unas pocas horas. Ésto me motivó a seguir con más ahínco mis pruebas.

>> ... esta generación de infantes servirá para provocar una revolución socialista. La Madre de las Revoluciones que arrasará con el sistema capitalista burgués.

>> ...el sueño nació con esa frase que dijo aquél héroe latinoamericano: ¡Esta es una revolución! Y un revolucionario debe convertirse en una fría máquina de matar motivado por odio puro. ¡Que así sea!

Al fin diste a luz y aquella criatura te llenó de horror: el recién nacido (tu hijo) parecía una máquina humanoide con tubos de plástico de donde fluía sangre y un líquido negruzco, su cuerpo era como de metal, al abrir la boca para soltar su llanto liberó un pavoroso sonido que parecía ser alterado por un sintonizador, dejó salir una hilera de pequeños y puntiagudos dientes que lucían como agujas.

Svyatski lo toma cual si fuese su legítimo progenitor. Cuando el innombrable recién nacido lanza una mordida al doctor, éste reacciona por instinto y le deja caer...

Y en ese momento todo parece estar en silencio, estás agotada por la labor de parto, cubierta de sangre. Cuando escuchaste un sonido sordo golpear el suelo, algo en ti te hizo recobrar las fuerzas, y tomaste valor para ver a tu bebé.

Y viste como, con total perplejidad, el Dr.Pavel Svyatski miraba al monstruoso recién nacido. A tu hijo... ya no se movía más... estaba muerto.

El tiempo se detiene.

Ya no puedes más y algo se quiebra en ti y después estalla como si lo hiciera todo el arsenal nuclear del mundo.

Lanzas un grito, un grito en el cual se ahogaría el fragor de todas las guerras.

Y el milagro ocurre.

Unas descomunales garras emergen de tus dedos, una segunda hilera dientes: fieros colmillos surgen de tus encías, tapando tus dientes naturales.

Garras y colmillos son de metal, te hacen sangrar y causan dolor terrible. Pero lo ignoras.

Ahora eres una bestia incontrolable, una madre con sed de sangre: en todas las especies, la hembra es siempre más mortal que el macho.

Pavel Svyatski está asustado, oh sí, casi se le va el alma al cuerpo cuando te liberas de la camilla.  

Estás desnuda y cubierta de sangre salvaje, con tu intensa y fetal mirada asesina.  

Tus ojos le prometen una muerte horrenda. 

Svyatski huye de la sala de pruebas y entra a una habitación de pánico: una gruesa puerta de metal reforzado le protege y solamente puedes arañar con furia.

Destruyes todo alrededor: su laboratorio de pruebas maldito, por la ventanilla, el doctor grita al ver todo su trabajo hecho trizas, casi lo puedes escuchar: lo miras con el voto de que regresarás y ajustarás cuentas con él.

Pero el hombre ha presionado un botón en la pared. De unas rendijas en la las esquinas superiores del recinto emerge un gas que, ante tu sorpresa de animal sorprendido, llena tus pulmones, los cierra y te asfixia.

No tienes tiempo: tienes que irte.

Tomas a tu bebé. Te incorporas. Corres.

Tambaleas y caes, estás como si salieras de una pesadilla. Te incorporas de nuevo y sigues con tu escape.

Estás en la primera planta del lugar, escuchas ópera salida de las bocinas en toda la casa.

Has caído nuevamente en la cocina, aferras a tus brazos a tu bebé.

Tropiezas pero te incorporas de nuevo, llegas a la amplia sala (blanca), se escucha un disparo ¡el maldito viene por tí y sabes que no lo puedes enfrentar! ¡Huye son el cadáver de tu bebé!

Te arrojas contra la ventana y usando tu cuerpo para proteger a tu hijo, logras salir de la casa de pesadilla.

Corres, corres sin mirar atrás, tu corazón late como el de un asesino desquiciado.

— ¡Morirás antes de que amanezca, maldita! —escuchas a lo lejos. Su voz se pierde en la oscuridad.

Recorres el bosque bajo la luz de la luna llena, el gas venenoso está haciendo estragos en tu cuerpo.

Resbalas por una ladera, sientes como tu cuerpo es magullado por rocas, el sólido suelo y arbustos, caes a un río.

El mundo es devorado por la oscuridad.

El sonido del agua agua de río borboteando te despierta, descansas sobre unas gruesas rocas húmedas.

Todo da vueltas, tu cabeza parece que va a estallar. En el pecho lo sientes, sí lo sientes: tienes a tu bebé en brazos. Parece un muñeco monstruoso pero conoces la verdad: salió de tí y un psicópata lo convirtió en monstruo y su incompetencia lo mató.

Es de madrugada, tras las tupidas copas de los árboles alcanzas a ver cómo las nubes oscuras son salpicadas por el color naranja de la nueva alba.

Pero tu hijo está muerto, sientes cómo las lágrimas calientes bajan por tu rostro.

Está muerto.

Al fin, en un claro solitario, sepultaste a tu bebé.

Tus lágrimas brotaron y lanzaste un grito que desgarró el día naciente.

Lloraste hasta el cansancio. Al despertar, habías perdido completamente tus recuerdos, la voz y tu razón.  

Deambulaste como un autómata averiado pero con un sangriento instinto animal activo: sobreviviste cazando, comiendo animales, carne cruda, viscosa y fría.  

Sí es verdad: la hembra es siempre más mortal que el macho.  

En medio de la carretera hallaste una caja con objetos de uso, entre ellos la ropa con la que llegaste a Novacruz. 

Has vuelto al fin al mundo real. Se ha disipado al fin el efecto de la droga memento.

Sobreviviste.

La estación fantasma se llena de tu llanto, de tus gritos, de tu cólera, tu dolor, la sangre de tu pequeño clama a Dios a través de tí.

Pero al fin entras en una especie de trance, miras el techo y te das cuenta quién eres.

Eres Nazaret, la sobreviviente de un maldito experimento médico; mataron a tu bebé y su asesino sigue suelto.

El odio fluye por tus venas.

¿Qué harás?

EPÍLOGO

De cierto te digo que no saldrás de allí, hasta que pagues el último cuadrante.

- Mateo 5 : 26

25 de diciembre, 2015.

Svyatski ha recibido un galardón por parte de la empresa NovaScire, en el prestigioso Hotel Szandor de Novacruz.

Trajes y vestidos, ocasión de etiqueta, champán, meseros y perfumes caros. Svyatski tiene que tragarse su odio por dicho evento capitalista pero al fin se acopla.

El discurso fue emotivo: habló acerca de esos talentos no reconocidos en su tierra de origen pero que florecen en las patrias que les dan cobijo. Aplausos y hurras para el doctor ruso-mexicano y sus estudios acerca de nuevas terapias para combatir el cáncer, al parecer, uno de sus experimentos ha sido un éxito.

Al fin, ha llegado a la suite. Está vestido de un impoluto blanco al igual que todo lo que le rodea dentro de su lujosa estancia.  

La vista es hermosa: puede apreciar a toda la ciudad de Novacruz desplegarse con sus infinitas luces de colores de las Fiestas Invernales bajo la noche. Desde la Plaza Mercaba se alza un majestuoso árbol de navidad con luces multicolores que se apagan y prenden suavemente. La niebla está devorando la ciudad.  

Pero sabe bien que todo esto que ha fingido es una tapadera para lograr crear aquella máquina de odio puro con la cuál sueña.  

Oh, sí, llegará: logrará concebir a la máquina perfecta, nacida del vientre de una mujer y alterada por los inenarrables horrores que experimentará su madre. Se desatará la guerra y los profetas de la Revolución habrán logrado que su sueño se haga realidad.  

Toma un baño, al salir desnudo se mira al espejo, su cuerpo arrugado, su calva, su rostro marcado por líneas de expresión, uno de sus ojos tiene un coágulo permanente, es rojizo, enfermo y cruel.

Al fin se pone el pijama, programa música: sí, opera.

Oh mio babbino caro interpretado por María Callas.

Un libro: Jesús alias el Cristo de Rius. Una vez le dijeron que ese autor era el representante idóneo de su ideología radical: ser cabeza cuadrada y ciego ante los errores propios.

El sofá es cómodo. Cruza la pierna, un sorbo al vino.

Sì, sì, ci voglio andare!

E se l'amassi indarno

Un ruido, un extraño siseo que le recuerda la nerviosa carrera de un ratón asustado le hace voltear rápidamente a la izquierda.

La tensión te hace alucinar, doctor Svyatski. Vuelve al mundo.

De pronto la sensación de ser observado.

Siente el peso de una mirada. Sí, doctor: estás siendo observado.

Primero alza sus fríos ojos azules, después los mueve, lentamente a su derecha.

Hay algo en el otro extremo del sofá. Hay alguien en el otro extremo.

La copa de vino cae, mancha la alfombra de líquido granate.

La figura que está en cuclillas en el brazo del sofá (como si de un gato se tratase) tiene una expresión furtiva; es de estatura pequeña y tiene el delicado pero entrenado cuerpo de una bailarina de ballet. Sus ropas están terriblemente gastadas y sucias. Su mirada cruel y salvaje, cabello largo y totalmente descuidado.

Es un duende, es un fantasma, es un demonio. Una santa mártir castigada y furiosa.

Sonríe. Sí, sonríe.

— Oh, doctor —dice al fin—. Creo que me fui sin agradecerle por haberme convertido en una nueva persona.

La piel de Svyatski está helada, su rostro contraído y pálido y sus ojos abiertos, es la viva imagen de quien ha visto un muerto redivivo.

O Dio, vorrei morir!

El doctor Svyatski siempre quiso morir a manos del ejército de una nación capitalista y poderosa, después de haber desencadenado la madre de las guerras y al grito de ¡Viva la Revolución!

Pero ahora, está frente a frente con su creación involuntaria, una víctima con la vida partida en dos, una madre que busca vengar a su bebé muerto.

Apenas logra hacer un movimiento y siente una ligera vibración en el aire, es dulce y milagrosa como el suave suspiro de una driada enamorada. Su antebrazo cercenado cae al suelo blanco su sangre derramada empieza a profanar el blanco de su sagrado recinto de descanso.

La mano de Nazaret le tapa la boca.

Svyatski quiere gritar, quiere llorar y orinarse del miedo.

Babbo, pietà

— Pero si apenas comenzamos... doctor.

Pietá!

- Adolfo Ser