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Situacion Editar

Algúna  vez fui un hombre de buena vida, con un bonita rostro, buena figura y de negocios importantes, metido en trabajos con grandes  empresas multinacionales,  lo que implica una gran responsabilidad, a la par de grandes ganancias. Aunque también había peligros. Se sabe en el ámbito que un error puede costar millones, y una perdida así no se arregla con un simple despido. Muchos contadores, negociantes y administradores desaparecieron después de tener un error con pérdidas millonarias. Aunque la policía no encontró culpables,  los empleados y todos en la empresa sabíamos quien era el profanador de tan bajos actos.

Aun sabiendo esto, no me inmute, confie en mi habilidad y en la empresa, la cual me dio ganancias millonarias, por esta razón y los peligros que este trabajo implicaba, estaba a punto de retirarme. Solo faltaba un importante trabajo, que comprendía una ganancia económica gigante y la imagen pública de la compañía. Al ser mi último trabajo y tener tanto importancia para la empresa, me genero  nervios, normalmente no actuó bien bajo presión, y para empeorar esto, mi jefe me amenazo si no lograba manejar este negocio.

Un negocio millonario, los nervios, la mala actuacion bajo presiones grandes, el apuro y el mal ambiente de trabajo, conllevaron a  lo impensable. El negocio salió mal, cálculos fallidos y lectura rápida de mi parte originaron una pérdida millonaria de mas de diez mil millones de dólares a la empresa, además de dejar mal vista a la empresa, lo cual le quitaría futuros inversores y ganancias. Al enterarse del fallo en el importantisimo negocio, mi jefe me despidió furioso y me desalojo rápidamente de la oficina, destruyendo mis cosas y sin mediar palabra, solo una mirada llena de rabia. Esta situacion solo me dejo como única alternativa dirigirte a mi casa.

De camino a la misma, sentí que alguien me observaba, me seguia. Note, algunos minutos después, una camioneta negra con vidrios polarizados acercándose a mí. Intente inútilmente  tomar otro camino, alejarme, pero el automóvil seguía  detrás de mí.  Sentí nervios, escalofríos ¿serán ciertos los fuertes rumores de oficina o será solo paranoia y casualidad? Fue causalidad.

El automóvil comenzó  a tocarme bocina y a perseguirme literalmente. Aumentaba la velocidad y se acercaba cada vez más, yo corrí y grite, lo que fue respondido con  risas desde adentro, se estaban burlando de mí. Me daban golpes en las piernas, los cuales bajaban mi velocidad,  hasta que  con un fuerte golpe en mis piernas, me tiraron al suelo. En ese momento la camioneta se detuvo. Rápidamente me recogieron  del suelo y me metieron dentro del vehículo.  Allí se encontraban  dos hombres  corpulentos, vestidos de traje negro y con sombreros grises, los cuales solo dijeron: -Lamentaras haber cometido esos errores-.

Yo no medie palabra, aunque sabía lo que estaba pasando, lamentablemente para mí, los rumores eran ciertos y mi destino ahora era incierto.

Segundos deestas palabras,  me golpearon en el rostro violentamente, y repetidas veces.  Sentía cada golpe recaer sobre mi rostro,mis mejillas, labios, dientes y frente. Mis dientes se clavaban en la carne, mis labios sangraban, mis mejillas se hincharon.  Se detuvieron  solo al darme en el pómulo y sacarme el ojo de lugar, casi cayéndose de su órbita.

-Esto es solo el calentamiento- dijo uno de ellos, mientras el otro lanzaba fuertes carcajadas

Me taparon el desfigurado rostro con un saco sucio, el cual tenía dentro de ella heces aparentemente humanas y desechos de índole asquerosa, los cuales además de hacerme vomitar, infectaban las heridas de mi rostro. Se reían y burlaban de mí:-No ensucies el auto- decian

Tortura Editar

La camioneta siguió camino, y al detenerse me quitaron el saco, dejándome ver toda la escena. El saco era solo parte del “espectaculo”, no era necesario. Me dejaron ver todo el lugar, lo cual no era bueno, significaba que mi muerte era segura, mi mente entro en un estado de actividad avanzada, mientras caminaba por el descampado, dirigiéndome a un galpón en mal estado, imaginaba a mi familia, llorando y preguntándose donde estaré.

Abrieron la oxidada puerta del lugar, el cual estaba casi vacío, con una silla metálica en el centro y objetos aparentemente de tortura alrededor de ella. Naturalmente sentía miedo, paranoia, desesperación y furia, no había comenzado nada, y ya me torturaban psicológicamente.

Me obligaron a sentarme  a la silla de metal, mediante insultos y unos cuantos golpes más en las costillas y el rostro. Era una silla similar a las usadas en terapias de electro-shock en los antiguos loqueros,  con sujetadores también metálicos  para evitar movimiento, los cuales cerraron en mis muñecas, cortando la circulación de las mismas y generando un rotundo dolor debido al pequeño tamaño en comparación de las mismas.

-Esta será tu última noche, sentirás dolores inenarrables, pero al final todo oscurecerá- Se escuchó desde afuera.

Entonces uno de los matones de la camioneta entro al lugar con un tubo plástico y baldes de agua, yo desconociendo métodos de tortura y sin poder pensar demasiado por la confusión,  no entendía que haría. Comenzó  entonces a  introducir el tubo en mi garganta, raspando la misma  y dificultando la respiración. Prosiguió a hacer avanzar el agua, lavando toda mi garganta y llenando mi estómago de agua. Fue un experiencia horripilante, fluía agua por todo mi cuerpo, mis ojos despedían agua, al igual que mi nariz, incluso el ano, de a litros. Cuando comencé a toser por ahogamiento y desesperación durante más de 3 minutos,  detuvieron el  avance del agua. Apenas podía respirar y la garganta me dolía tanto que producir algún sonido generaba un agudo dolor y sangrado. Intente decir algo, pero solo llene mi boca de sangre y sentí un penetrante dolor.

-¿Tienes sed? Pregunto irónicamente el otro matón, observando la escena y riéndose con su compañero

Después de eso me abofetearon nuevamente. Para terminar la segunda bofeteada, me pisotearon el pie, para, según ellos "empezar el divertimento". Se armaron de dos palos de madera, situados a un costado de la habitación y cada uno de los dos matones golpeo un pie. Repetidos golpes iban destrozando los huesos y la  carne de mis extremidades. Sentí como proseguía la hemorragia y como el dolor insoportable llegaba hasta mi medula. Después de un largo rato se cansaron,  dejando  al descubierto mis dos pies, completamente reventados e inútiles ya. Intentar moverlos me genero un insufrible dolor, solo comparable con el emocional que generaba estar en esa situación.

Los matones se marcharon por un rato.  -Nos tomaremos un rato, puedes ir pensando en lo que te gustaría haber hecho y nunca podrás. O la gente que amas y nunca veras- replico entre risas

Mi rostro se sentía completamente hinchado, no podía llorar, mi ojo estaba casi cayéndose, el dolor de mis pies me producía escalofríos, y mis zapatos goteando sangre eran una visión horrenda. Mi mente, por la situación y el dolor, se encontraba  confundida. La pérdida de sangre era poca, solo deseaba que eso terminara.

Los verdugos de esta cruel situación volvieron, tomando un café. Uno de ellos escupió sobre lo que alguna vez fue mi rostro,  y el otro vertió el líquido hirviendo en mis pantalones. Rieron y abrieron, frente a mí, una caja. Contenía diferentes cuchillos, de diferentes formas, tamaños y diversos cortes.

Primero usaron el más grande, similar  a un machete, para cortarme los destrozados pies. El mismo estaba desafilado, lo cual produjo un corte lento y extremadamente dificultoso, lo que solo aumentaba el dolor. Sentí un dolor extremo, seguido de una hemorragia tremenda.  Finalmente, mis nervios estaban destruidos, ya no sentía nada, aun así, veía como finalmente, me arrancaron los pies, los cuales lanzaron como basura a un costado del lugar. En ese momento solo quería morir. Lance un grito potente, el cual no produjo más que risa entre los torturadores.  No entiendo cómo puede existir gente tan malvada, desgraciada e impiadosa como esa.

-Por favor, mátenme, terminen mi sufrimiento- Suplique, sufriendo la peor sensación de mi vida.

-No aun, pero falta poco, chico- Dijo uno, burlándose y guiñándome el ojo

Casi no me encontraba en este mundo, la pérdida de sangre y el dolor inimaginable estaban acabando con mi mente. Apenas tenía los sentidos activos. Entonces sentí algo en mi rostro.

Uno de los matones recogió ahora una daga y  me estaba cortando la cara. Apenas sentía un pinchazo, pero podía ver la sangre salpicando sobre toda mi ropa. Era horrible, no sabía que estaba haciendo, pero veía toda mi sangre  caer, aun sin  perecer yo ante la muerte.

De pronto los sentidos volvieron, sentí un dolor mucho mayor a los anteriores, uno tan superior a incluso parir un hijo. Aun estando debilitado y casi destruido mental y físicamente, podía sentir ese dolor. Me acercaron un espejo, solo para producirme un shock y para revelar lo que sería una de mis últimas imágenes, y la más horrorosa de mi vida: Mi rostro no existía, solo era carne. Me habían despellejado el rostro.

-Ahora te pareces a cráneo rojo- Dijeron entre risas

Habían destruido todo. Mi vida, mi cuerpo, mi mente. Ya no estaba allí, no morí, pero no sentí nada. Estaba teniendo visiones, solo podía ver el suelo ensangrentado y a los matones charlando, aun cuando estaban cerca de mí no comprendía sus palabras.

Recogieron un galón de nafta y repartieron el líquido por todo el lugar. Prosiguieron a prender fuego el  lugar desde afuera y terminar con la tortura, y mi sufrimiento.  Pronto vi las flamas expandirse,  sentí el abrazador calor del fuego consumiendo mi cuerpo y mi esencia, todo lo que alguna vez fui o seria.