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Esta oscuro. Los árboles son densos. Solía necesitar una linterna para moverme entre el camino de raíces sin tropezarme, pero ahora puedo caminar por la ruta a ciegas.

No recuerdo el primer viaje. Después de un poco, empezaron a enredarse en mi memoria. Todo se ha convertido en una rutina. Cada semana hago este viaje a la roca. Cada semana, pincho mi dedo, y dejó que una sola gota de sangre caiga en ella. Cada semana, escucho su mensaje en mi mente: un lugar y un nombre. Mi trabajo para pagar una enorme deuda.

Los requisitos son específicos. Viajo a un lugar. Ellos siempre están ahí, esperándome. El miedo siempre está en ellos, con sus corazones galopando y sus voces quebradas.

No se resisten. Se tumban y yo realizo las incisiones. Dos mil cortes profundos, en la forma de mil cruces, repartidas a lo largo de mi lienzo. Puedo escucharles expirar su último aliento mucho antes del último corte. El dolor es inmenso, puedo sentirlo por las contracciones de sus músculos.

Pero nunca gritan… Como mucho un quejido.

Mientras camino los metros finales, pienso, el último trabajo pesa con fuerza en mi mente. He pensado en poco más a lo largo de la semana. Al principio, al menos tan atrás como recuerdo, luchaba. Sintiendo las contorsiones de agonía en mis entrañas mientras hacía cada corte hiriéndome a mí mismo, pero esos nervios han muerto con el tiempo. El horror de esas miradas silenciosas, insoportables mientras profundizaba en la carne se había desvanecido en la apatía. Mi último trabajo… Era tan solo un niño. No más de diez años.

Sentí sus brazos agitarse mientras lo tomaba, con sus lágrimas corriendo por su rostro cuando empecé. Se retorcía antes de que llegara su final, mordiéndose su labio inferior por completo para acallar sus chillidos. Su diminuto cuerpo apenas me dejaba espacio para completar mi trabajo.

No. Él debía ser el último. Tenía que serlo. No podía seguir con esto más. Di mis últimos pasos, y llegué a tocar la roca. Eso es todo. Saqué el cuchillo, y dejé caer la sangre. No hay lugar o nombre. No esta vez. Sabe que estoy perdiendo la voluntad para ello. Oigo un nuevo mensaje, en un tono familiar.

Tu servicio aquí ha terminado. Es hora de que nos encontremos. Voy a enviar a alguien a recogerte. Deberías saber el ritual ahora.

No te resistas. No hagas ningún sonido. No grites.