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"Los logros de tu trabajo son justo merecimiento a tu esfuerzo diario."

¡Muchas felicitaciones a su autor! Esta es una de las creepypastas ganadoras del concurso del mes, se les invita a todos los usuarios a participar.

23:54 del 24 de Diciembre

Llegaba la medianoche en mi ciudad.

Como única compañía, mi soledad.

Me encontraba caminando por las calles, ya sin nombre.

El insomnio que atormentaba mi ser, hacía su aparición de nuevo.

Pero, era bastante oportuno.

Porque después de todo… llegaba justo a tiempo para la Navidad.

23:55 del 24 de Diciembre.

Abandonado, en Navidad.

Abandonado por todos.

Aún me pregunto si en verdad estaré solo.

No siento pasar el tiempo.

Va demasiado lento.

Veo una figura distorsionada por la niebla.

Veo dos puntos brillosos, de seguro serán las linternas de policías.

23:56 del 24 de Diciembre.

Todas las familias esperan los minutos para el brindis.

Los niños, mientras tanto, esperan con ansias abrir los regalos.

Otros, esperan que pase rápido la semana, así olvidan sus penas al comienzo de un nuevo año.

En mi reflexión, un animal salvaje está frente a mí.

Unos ojos amarillos, que me observan pacientemente, contienen una fiereza que estoy seguro será incontrolable en cuanto la libere.

No tengo nada para defenderme.

¿Siquiera es de este mundo?

Se acerca con cautela. Esos ojos se clavan como estacas en los míos, siento que pueden ver hasta mi propia alma. ¿Podrá oler el miedo? Porque es lo único que siento en cada fibra de mi ser.

Lo último que veo son sus fauces abriéndose.

23:57 del 24 de Diciembre.

Siento sus colmillos rasgando mi piel, lenta y tortuosamente, haciéndome sufrir con cada segundo que pasa.

Un vómito asqueroso inunda mis venas.

Sus garras, están sujetando con firmeza mi rostro y mi abdomen. Ambos completamente destrozados, para este punto ya no siento dolor, sólo siento la humedad pegajosa de mi sangre, cubriéndome por completo, acompañada de la sensación de tener a la bestia sobre mí, moviéndose erráticamente para desgarrar mi piel todavía más.

¿Por qué?

¿Por estar caminando solo por las calles, en Navidad?

¿Esto, no va a dejarme solo?

Tampoco puedo deshacerme de él.

Me está cargando, me lleva hacia un bosque de pinos.

23:58 del 24 de Diciembre.

Me dejó tirado, en un tronco.

Estoy agonizando.

No sé cuánto más resistiré, ya tampoco me importa.

He perdido demasiada sangre, todo alrededor mío se ha teñido de un color rojo carmesí y mi vista comienza a nublarse.

Aun así sigo vivo, desconozco la razón, pero no lo agradezco.

¿Qué clase de broma es esta?

Ni puedo moverme, no hay modo de intentar escapar.

Esa criatura va a volver.

Y quién sabe qué me pasará entonces, y la verdad, ni siquiera sé si sigo asustado, de todos modos, lo único que me queda es esperar la muerte con paciencia.

23:59 del 24 de Diciembre.

Así es, volvió.

Lleva en su espalda un... ¿Saco? Ni siquiera me atrevo a imaginarme qué clase de atrocidades se esconden dentro

¿Está arrastrando un trineo?

Es decir... Esa cosa, no puede ser.

¿Cuenta con espíritu navideño?

Si van a darme mi regalo, que sea la muerte, es lo único que pido.

No quiero otra Navidad, nunca más, no después de vivir esto.

Detuvo su marcha a unos pocos centímetros de mí, mirándome directamente a los ojos, si no me podía mover ahora estoy paralizado por completo.

Su alargado y grotesco hocico desprendía un olor putrefacto que hacía que lo que quedaba de mi estómago se revolviera, dándome náuseas. Mi sangre, y la de muchos más mancha su pelaje blanco.

Sus ojos, como dos faros en la oscuridad. Reflejaban algo.

Logré ver...

La perdición, la muerte, la ruina... el mismísimo infierno brillando en ese par de orbes amarillentos.

La más temible de las muertes me aguardaba.

No me refiero a una tortura.

Una muerte sin una despedida.

Solo tú sabes de tu muerte.

00:00 del 25 de Diciembre.

Hasta aquí he llegado, lo sé con certeza.

Adiós, ya no hay esperanza para mí, se perdió desde el momento en el que me topé con esa monstruosidad.

Pienso todo esto mientras mi cuerpo está siendo destrozado, dejando pedazos de carne irreconocibles.

El dolor ha vuelto, uno profundo, tanto que ni siquiera te deja gritar, obstruye la garganta y se mete por cada pequeño espacio en mi cuerpo. Después de unos pocos minutos, dejo de pensar con claridad, pierdo la mente en el dolor.

Puedo decir, que en esos ojos, vi el fin de la raza humana.

Es curioso, porque será, exactamente a las 00:01.

Yo estaré muerto para ese entonces.

Es momento de dejar ir mi vida.

Es una necesidad, sería una tortura y una incoherencia demasiado grandes.

Están todos brindando en este momento, hay familias felices por todos lados.

Fuegos artificiales de todos los colores iluminan el cielo, que es casi negro.

A los niños al fin les ha llegado el momento, abren sus regalos con una velocidad impresionante.

Si supieran que todos morirán ahora...

¡Feliz Navidad!

00:01 del 25 de Diciembre.

Se escuchó un grito en cada rincón del mundo.

Pero nuestro personaje no escuchó nada, no sintió el ardor de las llamas, o las explosiones causadas por una guerra. No sintió un remordimiento por haber pedido el fin del mundo.

No sintió como mil miradas se clavaban en él. Buscando culpa porque pasarían a formar filas en el infierno.

Solo sintió su cuerpo desmembrado.

Y lo último que atinó a escuchar fue un...

¡Ho-ho-ho! ¡Feliz Navidad!


Aleksai Sagir-Lazzuli

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