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Vania era una niña pequeña muy tímida, tranquila y callada. Ella tenía un programa favorito que amaba ver todos los días cuyo nombre era “ZobooMafoo”, un muy conocido programa infantil. Para su cumpleaños le regalaron un peluche de aquel personaje cómico y educativo.

Vania se sintió feliz al tener al peluche, ya que le dio mucha confianza en sí misma y tenía algo con qué jugar. Zoboo también lo usaba para dormir, el típico peluche que espantaba las pesadillas.

Tiempo después, Vania comenzó a ver cosas raras y relataba extrañas historias a su madre, quien quedó sorprendida al escucharla. Vania decía que Zoboo le contaba esas historias retorcidas y escalofriantes y que si algún día él se llegara a perder, le sucederían cosas raras… 

Aquella niña siguió gozando el tiempo con su peluche hasta que el tiempo pasó y Vania creció y su tan amado peluche desapareció. Ella aún recordaba la advertencia que Zoboo le había hecho, pero como ya estaba grande, no le dio importancia y Zoboo quedó en el olvido. Estaba perdido y su dueña ni se preocupaba por eso.

Una noche Vania escuchó un susurro extraño, una voz conocida. La ignoró. Pero el susurro continuó despertándola cada noche y comenzaba a transformarse en una voz siniestra. Era la voz de Zoboo, esta vez oscura y aterradora, le susurraba amenazas. Vania también recordó la advertencia que un día Zoboo le dio pero las cosas estaban muy agravadas, ya que ahora se le perdían sus objetos más valiosos y aparecían rotos y con amenazas escritas. 

Cada objeto decía “no me olvides” escrito con letra tétrica. Vania comenzó a tener pesadillas horribles y los bonitos recuerdos de infancia que ella tenía se transformaron en horribles pesadillas traumantes. Cada noche veía a Zoboo de una manera terrible llorando, preguntando “¿Por qué me olvidaste, por qué me olvidaste? Tú prometiste jamás perderme”.

Al final, Vania decidió buscar al peluche para acabar con toda esta pesadilla. Tardó mucho tiempo en encontrarlo y en todo ese tiempo de búsqueda ella sufrió trauma y depresión por no haber cumplido la promesa con el peluche Zoboo.

Una noche lo encontró, feliz entre lágrimas, y abrazando a su preciado peluche. Ella traía un cuchillo a mano. Lo miró a los ojos y le dijo: "Ahora no te perderé."

Entonces apuñaló al peluche y posteriormente se suicidó, lanzándose desde el tercer piso de su casa, muriendo con el muñeco en sus brazos. Sus padres la hallaron junto al peluche, enterrándola con este en sus brazos. Ya nunca más se separarían.