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Fue el último hermoso fin de semana que el verano brindaría. Cielos soleados y ninguna nube a la vista. No había manera de que mi amigo John y yo desperdiciáramos el fin de semana. Decidimos ir a nuestro lugar favorito de pesca, una cabaña junto al lago en la parte rural de Nueva York. Nadie por kilómetros que pudiera molestarnos; Era el lugar perfecto para abrir un par de cervezas, hablar de nuestras vidas, y atrapar algunos peces.

Viernes llegó, y después de trabajar y junte algunas cosas y me dirigí junto a Johnny para recogerlo. Las cinco horas a coche parecían volar mientras bromeábamos y cantábamos junto a la radio. Sin darnos cuenta, llegamos y descargamos nuestras cosas para el fin de semana. El lago era hermoso, con el sol brillando encima del agua, y las verdes colinas a lo lejos. Agarré mi mochila y me dirigí hacia la puerta principal. Cuando me acerqué a la puerta, sentí una sensación incómoda, que hizo que se revolviera mi estómago. Rápidamente lo ignoré, echándole la culpa al hecho de no haber comido todavía. En retrospectiva, desearía haberle hecho caso a esa sensación...

Después de acomodarnos en nuestras respectivas habitaciones, y de prepararnos unos hot dogs, agarramos nuestras cosas y nos fuimos al pequeño muelle para pescar un rato. Nos sentamos allí hasta la anochecer, sin nada más que un par de cervezas.

Recogimos nuestro equipo de pesca y regresamos a la cabaña. Al hacer la caminata por el muelle, esa inquietante sensación volvió a tomar el control de nuevo. Algo se sentía fuera de lugar. En broma, se lo dije a Johnny, preguntándole si se había sentido igual en algún momento. Johnny se rió, diciendo:

"He visto el proyecto Blair Witch demasiadas veces".

La risa de Johnny rápidamente se convirtió en silencio, y de repente mi compañero de pesca ya no estaba a mi lado. Miré hacia atrás para ver que se había quedado completamente quieto, mirando fijamente a la cabaña. Seguí su línea de visión, y vi lo que le hizo detenerse. Había alguien, algo, asomándose por la ventana del dormitorio. La ventana de mi dormitorio.

Lo que haya sido desapareció en cuestión de segundos. Caminamos lentamente hacia la casa, con los ojos bien abiertos como si eso nos ayudara a ver mejor en la oscura noche. La puerta estaba abierta. Johnny lo hizo girar el resto del camino, y ambos gritamos:

"¡Quienquiera que esté aquí, muéstrese!"

Siguió un silencio ensordecedor. Por suerte, sabiendo que estaríamos en el bosque, ambos habíamos llevado nuestras escopetas. Los dos pusimos un pie adentro, pero el crujir del piso hizo que nos pusiéramos más nerviosos.

La puerta trasera por la que entramos, inmediatamente nos llevó a la cocina. Las escopetas descansaron contra la pared a pocos metros de distancia, y estaban finalmente a nuestro alcance. Una repentina oleada de calma se apoderó de mi cuerpo sabiendo que tenía mi escopeta en mano. Sin embargo la calma duro poco, una puerta se cerró de golpe en el pasillo. Tanto Johnny y yo nos sentimos más valientes con las escopetas en mano. Grité:

"Si alguien está aquí, muéstrate o vas a recibir un disparo"

Cargué mi escopeta con la esperanza de asustar al intruso. Otra puerta se cerró de golpe. Pasos. Risas. Estábamos temblando de miedo. Y de repente, el silencio.

Después de esperar unos minutos, decidimos que la mejor opción era despejar la casa. Pasillo, despejado. Sala, despejado. Habitaciones, despejadas. Baño, despejado. Johnny y yo nos miramos fijamente. Cerramos todas las puertas, ventanas, y decidimos dormir en la sala, con las escopetas cerca.

Antes de quedarnos dormidos, reflexionamos qué podría ser. Ninguno de los dos sacó la posibilidad de que fuera un evento paranormal. No porque estuviera descartado, en realidad era porque ninguno de los dos quería mencionarlo. Llegamos a la conclusión de que tenía que haber sido algunos niños que nos vieron venir al pueblo, y decidieron jugarnos una broma. Probablemente hicieron un escape fácil por una de las ventanas. En realidad, creo que sólo dijimos eso para hacer sentir mejor al otro.

A las 2:03 a.m., fuimos despertados por un gran ruido. Para nuestro asombro, la puerta principal estaba abierta, y todas las ventanas de la sala se habían roto. Nos levantamos, escopetas en mano. La puerta trasera estaba abierta, y todas las ventanas de la cocina también estaban rotas. Un grito se escuchó desde el baño, recorrió toda mi espalda. Las puertas delanteras y traseras se cerraron simultáneamente. Johnny y yo teníamos nuestras armas apuntando, listos para disparar, pero no había nada que disparar.

Otro grito. Otro accidente. Por más misterioso que era el silencio, queríamos que regresara.

Los pasos estaban de vuelta. Corriendo justo por delante de nosotros, pero no había nada ahí. Me congelé al caminar mientras escuchaba una risa a mi lado.

Otro accidente. El ventilador de techo se había caído en la cocina. Casi simultáneamente con el accidente, las luces se apagaron.

Llegamos al pasillo. Estábamos en camino hacia el interruptor cuando Johnny se quedo pálido. Mi estómago se encogió cuando me di la vuelta. De pie en el medio del pasillo había una figura grande, mirándonos. Después de unos segundos, la figura dio un paso hacia adelante. Levanté mi arma y di un tiro. El acero no le hizo nada. Johnny levantó la suya y disparó. Pero una vez más, nada. Después de eso la sombría figura lanzó un grito agudo, como si fuera una mujer torturada.

La sombra parecía ganar tamaño, y lo siguiente que supe es que estábamos cara a cara con ella. Lanzó otro aullido, lo suficientemente fuerte como para despertarme...

Aún estaba en la sala. Johnny todavía dormía. Miré el reloj solo para ver que eran las 2:02 a.m. Tomé mi escopeta y esperé.