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Era el año 2017 cuando el gobierno soltó a los drones. La tecnología de gravitación se había aplicado en masa, y debido a las altas tasas de criminalidad, el nuevo sistema de defensa interno fue bien recibido como el siguiente paso en la seguridad ciudadana.

Los drones eran pequeños, objetos redondos con un solo ojo, y la gente se acostumbró rápido a ser grabada en público. La propaganda cruzó la nación, alentando que, aunque no eran terriblemente necesarios, los actos criminales había descendido drásticamente. En cada ciudad y pueblo se empezó a utilizar un dicho: No te preocupes, están mirando.

Años atrás estaría preocupada por delincuentes o violadores, pero ahora que ellos nos estaban mirando tan solo era otra noche más.

Hasta que lo vi a él. Un tipo corriente vistiendo una gabardina, siguiéndome de cerca. Me giré a un callejón, asegurándome que los drones me siguen, planificando qué decirle a él y cómo argumentar que lo estaban grabando.

“Escúchame tío, te están mirando. No puedes hacer nada, así que deja de seguirme, ¿vale? Lo prometo… “ Todo ocurrió rápido. A mitad de la oración, tragué, mirando como el cuchillo había cortado mi carne. La sangre oscura manchó su mano, la cual se echó atrás antes de volver a apuñalar una segunda vez. Caí, cubriendo mis herida, jadeando. “Pero… Te están mirando…”

Mientras se arrodillaba, una sonrisa cruzó su rostro. Se giró hacia el drone y guiñó, mirándome de nuevo, mis heridas y mi cara. El hombre me apuñaló de nuevo y luego susurró en mi oído.

“Espero que así sea. Pagan una pequeña fortuna por tener esto grabado.”