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Siempre que pasaba por ese callejón oscuro, incierto, lúgubre y frío sentía una suave atracción que recorría mi pecho. Mis pasos querían desviar el camino hacia esa mística fuerza. Eran encaminados por una extraña y helada mano invisible que jalaba mi cuerpo hacia el centro de mi perdición.

Desde pequeña sentía tu energía, tibia, amenazante, perturbadora pero excitante, una mezcla de pánico y atracción, de miedo y de obsesión. Eres mi destino, lo sé desde siempre, mi tumba, mi luz, mi deseo y mi desconcierto.

Pero esta noche es diferente a las demás, y lo será por el resto de mis días. La luz azul de la luna es impresionante, hipnotizante. Aunque ha sido mi compañera nocturna esta vez sus pálidos rayos no acompañarán mis pasos hacia lo inevitable.

Al entrar siento la mirada penetrante de un ser nocturno, malévolo, que lo sabe y lo percibe todo. Observa mi caminar y contempla mi sombra ¡Qué tiempos aquellos en los que tenía sombra! ¡Un reflejo! ¡La sensación de ser humana! Ese gato negro, de brillantes ojos verdes y actitud pasiva conoce tu estrategia a la perfección. Me mira impávido, disfrutando mi miedo, saboreando cada paso lento, cada escalofrío.

No sé bien a donde ir, mi instinto me guía hacia ti, porque fui hecha para sentir tu presencia, seguir tu oscuro caminar. Me siento como una presa acorralada, sé que puedo correr pero nunca podré darte la espalda, no puedo escapar de tu mirada, ni de tu deseo.

Al doblar el callejón ahí estás, tan varonil, atractivo, conjugas una belleza sutil, tu porte maduro. Puedo contemplar cada detalle de tu rostro y sentir que tu mirada acaricia sutilmente mi alma. Aunque te conozco bien en sueños, es perturbador al enfrentarlo y conocer tus más profundos deseos.

Tu palidez me asusta, tus ojos azules no están vivos, sin embargo desbordan mares de pasión contenida, sacas lentamente las manos de los bolsillos de tu saco, esas manos que me estrujarán, me harán estremecer, me llevarán al infierno y devolverán un suspiro, pero no la vida.

No hay palabras, en silencio reconocemos nuestros instintos, porque el alma ya no existe, ¿quién pudiera creer que el alma muere, se va y los sentimientos sobreviven? Pero no de la forma espiritual, son más intensos, profundos y puros, casi animales, instintos incontenibles pero a la vez perfectos.

Y ha llegado el momento de enfrentar mi muerte. Conforme te acercas mi cuerpo comienza a temblar, soy presa del pánico ante la tragedia que no puedo evitar, pero mi interior arde en deseos de disfrutar cada segundo de tu cruel tortura.

Me tomas entre tus brazos con firmeza, contemplas por última vez mi mirada con vida, hay un cierto dejo de arrepentimiento por la belleza que estás por perpetuar. Por un momento pienso que no te atreverás, pero ambos sabemos que eso no puede ser, es nuestro destino.

Tu rostro está tan cerca, siento tus labios fríos en los míos, primero suavemente y luego subes la intensidad. Nos fundimos en un abrazo en el que nuestro deseo y la pasión nublan por un segundo tu pensamiento.

Intempestivamente, me tomas con todas tus fuerzas, siento un fuerte jalón hacia atrás. Tus brazos me sostienen. Alejas tus labios de los míos e inmediatamente siento un fuerte dolor que me paraliza. Mi vida se extingue por dentro mientras me acercas más a ti. Tengo mareo, repulsión, un inmenso sentimiento de amargura se apodera de mi alma.

No puedo describir el momento. Es una mezcla de tristeza, dolor, furia, amargura, desesperación, pánico, quiero gritar pero mi voz se ha apagado, una guerra enardecida de fuerzas malignas asfixia los sentimientos de mi alma, ya no quiero continuar con esto, mi esperanza, mis ilusiones y mis pensamientos se han desvanecido por completo.

Por fin terminas con la tortura, aunque el remolino de sentimientos sigue agotando las últimas fuerzas de mi espíritu. Te arrodillas gentilmente sosteniendo mi cuerpo, retirando el mechón que cubre mi rostro, comprendiendo mi sufrimiento y mi despedida a la luz.

Al abrir los ojos, mi mirada vacía se encuentra con la tuya. Es un placer indescriptible, eres mi creador, mi amante, mi pasión, eres todo para mí, es un deleite que mi caballero de las tinieblas sea a su vez mi mentor.

Delicadamente limpio la gota de mi sangre que quedó en tus labios, el último rastro de mi existencia humana. Por un momento siento que palpita, aún tibia, pero sólo es un vago recuerdo de lo que es la vida.

Ahora caminaré a tu lado por el mundo de las sombras, indiferente al dolor, al sufrimiento, con deseos extraños que despiertan en mí, con una pasión infernal hacia tu presencia, con el ansia de beber cada gota de sangre de esas indefensas criaturas, sentir como su vida escapa saciando mis deseos.

Sin saberlo, estaba muerta en vida. Era una ignorante mortal que no conocía la verdadera pasión. Contigo encontré el sentido de mi existencia, el exquisito sabor a muerte, el excitante olor a miedo. Vivía dormida en la inconciencia de la razón y lo absurdo hasta que llegaste a mí.

Insulsos y patéticos mortales que creen entender el concepto del amor. Ignorantes que no conocen más allá de los insípidos impulsos de un corazón vacío, que vagan sin rumbo y sin razón en el mar de sus existencias.