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Como todos los domingos, mi familia se junta en la casa de mi madre para almorzar. Debo decir que mi familia está lejos de ser normal. Por dar un ejemplo, la menor de mis sobrinas, a sus 2 años y medio, puede ver fantasmas e incluso hablar con ellos. Uno de ellos se llama Pablo y vive en mi casa, y su primera manifestación fue un domingo, subiendo el volumen del estéreo. Mis hermanos y yo vimos cuando la rueda del controlador
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empezó a moverse sola y el sonido empezó a subir rápidamente. En ese momento mi sobrina entro a la habitación tapándose los oídos y gritando: “¡Basta, Pablo!”, lo cual hizo que se detuviera la música por completo.

Mis hermanos y yo miramos un tanto asombrados a mi sobrina, que con un gesto de alivio se dio la vuelta y se fue diciendo: “Pablo está loco”. Este incidente no tuvo mucha importancia porque un suceso aun más estremecedor ocurrió después. Luego de una larga sesión de vídeos de terror psicológico, me fui a dormir, al darme cuenta que faltaban 20 minutos para la hora muerta, el momento donde los espíritus y demonios se hacen más fuertes.

Ya en mi cama, intentando dormir, pude sentir como que algo me estaba observando; una presencia que espesó el ambiente. Levanté la mirada y vi algo completamente negro, a unos 30 cm al pie de mi cama, justo en el rincón más oscuro de mi habitación. Medía poco más de un metro y me estaba mirando con esos ojos blancos que resaltaban en la oscuridad de la noche.

Creí que era sólo mi imaginación, ya que esta cosa no se movía, así que cerré fuertemente mis ojos y me tapé con las sábanas hasta la cabeza, esperando poder dormirme. Escuché unos leves chirridos sobre el piso de madera, eran como pasos que se dirigían hacia la puerta de mi cuarto, pero se detuvieron un poco antes. Me armé de valor y me asomé sólo un poco para ver sobre mis sábanas. Esa sombra, que ahora era más alta, estaba mirando hacia el suelo, con esos ojos blancos casi entrecerrados. El miedo me invadió e hizo un nudo en mi garganta impidiéndome gritar. Casi inmediatamente, la sombra se giró hacia mí, levantando lentamente su mirada y abriendo sus enormes ojos blancos. 
Criatura en frente de la cama

Yo sólo me dispuse a taparme la cabeza y empezar a decir en voz baja: “Esto es sólo un sueño, es mi imaginación, esto no es verdad”; y volví a mirar para corroborar que lo que había susurrado era cierto, pero en su lugar me encontré frente a frente con aquellos ojos blancos que me miraban fijamente. Un alarido de terror salió de mi boca, mi grito fue tan largo que, cuando volví a abrir los ojos, mi madre ya estaba encendiendo la luz de mi cuarto y preguntándome qué había pasado.

Desde ese entonces, cuando voy a apagar la luz de mi cuarto, corro hasta la cama y me tapo con las sábanas hasta la cabeza, cerrando mis ojos hasta quedarme dormida. Aún siento a Pablo mirándome desde el rincón de mi habitación, y en las peores noches lo siento a mi lado, mirándome con esos fríos y blancos ojos.