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No sabíamos muy bien qué hora era, pero aproximábamos que redondeaban las dos de la mañana. Mi hermana, mi novia y yo hacíamos vídeos en la sala. Estaba de moda fingir ser alguna caricatura y representarla, por lo que intentamos un buen tiempo hasta quedar exhaustos.

Cansado, tomé la cámara mientras ellas conversaban. Reproducí una y otra vez los vídeos, fijándome en cada detalle. Sin encontrar nada divertido, dejé la cámara a un lado y caminé hasta mi cuarto, adentrándome en los acordes de mi guitarra y un par de canciones propias. Los minutos pasaban, las voces cada vez se callaban hasta que me sentí cabecear en la silla.

Dejé todo a un lado y me dirigí hasta la sala, para despedirme de ambas y poder descansar. Una vez dentro, me sorprendió no encontrar a ninguna cerca. La cámara ya no descansaba en la silla, sino en la mesa. La luz de la pantalla estaba encendida, indicando que alguien la había estado usando hace poco. 

—¿Antonella? —Llamé a mi hermana, pero no hubo respuesta. —¿Priscila? —Nadie contestó.

Bastante extrañado, decidí ver la cámara, que a pesar de pasar los minutos no se apagaba.

Mis dedos la escanearon y se dirigieron a galería. Todo estaba exactamente igual, a pesar de dos últimas grabaciones de la sala, en la que se veía a las dos chicas sentadas.

Abrí el primero, angustiado, y comenzó a reproducirse.

Parecía que alguien las grababa de frente. Los sonidos de rasgueo de mi guitarra hacían fondo al paisaje y la conversación animada de ellas respaldaban el ambiente. De repente, la cámara se acercó y sentí mis vellos erizarse bajo mi manga larga. Ellas pararon de conversar, mirando a todas partes. Priscila fue la primera en mirar directo a la cámara. Sus ojos quedaron desorbitado de inmediato, y se levantó con la espalda jorobada y la boca entreabierta.

-¿Cila? -Preguntó mi hermana, al verla caminar hacia el pasillo.

Sin obtener respuesta, la siguió, pero la cámara no. Casi de inmediato un grito resonó en el vídeo, haciendo que mis manos temblaran ligeramente.

El video terminó y sentí mi corazón dar un vuelco de ansiedad. ¿Qué fue eso?

Automáticamente vi el segundo vídeo, en busca de una respuesta. La cámara estaba de nuevo en lo alto, grabando a la nada. Me tranquilicé dejándome pensar que era una broma bien elaborada, hasta que escuché un susurro que parecía provenir de mi cabeza.

Da la vuelta...

No fue necesario que lo repitan. Giré mi cabeza y una silueta estaba parada frente a mí.

No parecía tener rostro, a pesar de esos dos orificios que pintaban con ser un par de ojos. El pelo lo traía largo y gris, combinando con el color de su piel. Sus uñas eran largas y dobladas, dándole un aspecto tenebroso.

Mi aliento se atascó en mi garganta cuando sus palmas apretaron mi tráquea, siendo que lo último que vi fueron sus oscuros ojos.