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Estas noches mi sueño se vio interrumpido por culpa de aquello que me acosa todas los días. Desde que el sol cae, ella me espera en la habitación, y en mis sueños. A este punto, creo que esta noche será mi último día con vida.

Hace varios días, luego de una dura jornada laboral en la empresa donde trabajaba, tomé el bus para volver a mi hogar, y fue en la primera curva cuando me di cuenta que tomé el equivocado. Frustrado, me bajé en la estación más cercana a mi casa, que a pesar de mis intentos para decirle al conductor si pudiera acercarme más, eras bastante lejana. Me tocaba bajarme en un edificio o tienda abandonado.

No era tan grande, pero sí tétrico. La humedad había consumido casi todas las paredes, y el moho iba tras ella. Mientras caminaba, note, por el rabillo del ojo, que una persona estaba en aquel horroroso lugar. Pensando que podría ser alguien en peligro, me dispuse a investigar. Apenas entré, noté que el edificio era una empresa de televisores en sus años gloriosos, ahora solo quedaban las pantallas. Misteriosamente, ninguna parecía desgastada por el tiempo, como un hechizo para que fueran intocables e inamovibles. Podía decir con facilidad que había un piso, el cual vi desde fuera, y una bodega. Sin encontrar nada más que pantallas apagadas, pensé que la persona que buscaba debía estar arriba, así que subí.

Apenas subí, encontré a quien buscaba, una simple niña que, una vez se percató de mí, corrió hacía la bodega cual niño aterrado. Me dispuse a seguirla, porque una niña sola no puede decir nada bueno. Una vez llegue a la bodega, mi pulso se aceleró. Había millones de pantallas, todas intactas por el tiempo, contrarias a las paredes que ya se caían a trozos. Allí, en el fondo de la habitación, estaba la niña, mirando fijamente con sus ojos verdes.

La niña estaba inmóvil, y yo me acercaba para ayudarla. No hablé ni grité porque podría asustarla. Sin embargo, la niña empezó a moverse, pero no hacía mí, si no hacía una de las pantallas. Apresuré el paso, pero mientras trotaba, la chica era tragada por la oscura pantalla. Fue una escena extraña, la sólida pantalla, parecía ser líquida al entrar, y luego, una vez los pies terminaron de pasar, un vapor surgió del lugar por donde había pasado, y luego se esfumó. Entonces, todas las pantallas tenían la cara de la niña. Tan real y tan tétrica. No le vi completamente el rostro, pero nadie quisiera verlo. Solo pude verle una sonrisa macabra, de oreja a oreja. Corrí y corrí fuera de la bodega, y a pesar de todo, las pantallas seguían emitiendo la cara de la niña y su macabra sonrisa.

Una vez llegue a mi humilde morada, prendí la TV creyendo que eso me salvaría. Estaba agotado de correr y exhausto del terror sufrido. No podía dormir en la noche, y cenar no me apetecía.

A pesar de mis esfuerzos en vano por mantenerme despierto, el miedo me ganó, y la pesadilla continúo en el mundo de los sueños. Allí, estaba exactamente en esa bodega, y la cara de la niña en las pantallas otra vez. Todo era más real y cruel que el evento. Las paredes mohosas y húmedas, y el suelo tan delicado que parecía de porcelana sucia por el tiempo. La niña me seguía cruelmente con la mirada, y a pesar de todo, intento por escapar, no había salida. Las pantallas se acercaban cada vez más, y con ellas la sonrisa macabra.

Tan solo me quedaba un rincón, y ya llorando, me apresuré a esperar mi fin. Las pantallas estaban tan cerca, pero no me atrevía a mirar por miedo. Finalmente, una solo pantalla, la del medio, se acercó lo suficiente, y de ella salió la niña a estrangularme, y lo último que veía era su sonrisa.

Luego de eso, despertaba, pero las marcas de sus manos estaban en mi cuello. Durante el trabajo evitaba pensar en eso, y siempre que tomaba el bus me aseguraba que fuera el indicado. Pero las pesadillas siempre sucedían, era inevitable, incluso con la TV prendida.

Hoy, mi última noche, me he dado cuenta que solo queda una solución. Tengo cuchillos muy afilados en mi cocina. Solo espero que sean lo suficientemente afilados para atravesar mi cuello.