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Yauzin, mejor conocida como Yau, era una pequeña niña de 5 años, que vivía con su madre. Su padre había fallecido cuando Yau tenía 3 años, lo cual marco mucho su vida. A pesar de ser tan joven, veía con mucha nostalgia los vídeos que tenía su madre en su teléfono móvil. En los cuales se veía a Yau y su padre jugando en el parque, jugando “luchitas” en el dormitorio, o bien, se le veía a este cuidando a Yau en diferentes escenarios y hasta había algunas fotos de ellos 2 dormidos.  A Yau le llamo mucho la atención un vídeo en particular en el cual, estaba ella montada en los hombros de su padre, y este la paseaba por toda la casa. Una sonrisa amplia se dibujaba en el rostro de ambos. Cuando de pronto, Yau con una voz tierna y de bebé, dijo:

-¡Papá Yoshi!- y posteriormente le dio un beso a su padre en la sien.

Yau no pudo evitar reír al escucharse a sí misma decir eso, y sin reprimir en absoluto su curiosidad, pregunto a su madre:

-Mamá, ¿Por qué dije eso? ¿Qué es Papá Yoshi?-

Mag no pudo evitar reírse. Acaricio con ternura el cabello de su hija y le respondió:

-Veras, cuando tu papá y yo éramos muy jóvenes, en ese entonces había unos personajes de videojuegos que eran muy famosos, los juegos de Mario Bros, y todos sus derivados….-

Yau no comprendía del todo lo que su madre decía, pero a pesar de eso, no dejaba de poner atención. Mag lo noto, así que decidió ahorrarse los detalles y fue al grano.

-El punto es, que en esos juegos, Yoshi, el sonriente dinosaurio, siempre llevaba a Mario montado en él, y juntos tenían todas las aventuras que puedas imaginar. Y como tú te subías a los hombros de tu papá y el te llevaba a todas partes así, el se dijo así mismo “soy papá Yoshi” desde entonces tu lo llamabas así.-

-Oh, ya veo-

Una vez aclarada su duda, Yau volvió la mirada al teléfono móvil una vez más. En esta ocasión, estaba un vídeo en el que su padre la sostenía en sus brazos. Yau no tendría ni una semana de nacida en ese vídeo.  En dicho vídeo se veía como su padre se acercaba a ella, le besaba la frente y le decía dulcemente en susurro:

-No importa lo que pase. No importa la situación en la que nos encontremos. Te juro, mi amada hija, que siempre estaré contigo, siempre te protegeré. Nunca te faltara nada…- Dicho esto último, volvió a besarle en la frente. Entonces el vídeo termino.

Después de este vídeo, la cara de Yau mudo de expresión a una mirada triste, las lágrimas no tardaron en recorrer sus pequeñas y rosadas mejillas, frunció sus labios y empezó a sollozar.

-Mi amor, ¿estás bien?- Pregunto muy preocupada Mag al notar la tristeza en su hija.

-El dijo que siempre me cuidaría… ¿Dónde está el ahora, mamá?-

A su edad, Yau no era capaz de entender las razones de la muerte de su padre. Mag solo se limitaba una y otra vez a explicarle que su padre enfermo, y a pesar de que lucho cuanto pudo contra la enfermedad, no pudo más y falleció.

Al ver que no ayudaba en absoluto dicha explicación, decidió decirle lo que a cualquier niña de su edad le gustaría escuchar.

-Mi amor, papá ahora no está físicamente con nosotras. Pero en el vídeo dijo que siempre te cuidaría. Piénsalo, nada malo no ha pasado en todo este tiempo. ¿Qué te hace pensar que el no sigue cuidándonos? Quizá no lo podamos ver, pero él nos ve a nosotras, y apuesto a que ahora el te está viendo llorar, y se pondrá triste… ¿Quieres que papá se ponga triste al ver a su bebé llorar?-

-¡No! ¡No quiera que papá se ponga triste por mi culpa!- Dijo Yau e inmediatamente seco sus lagrimas. Mag apago el teléfono y se llevo a Yau a su habitación, dado que había llegado la hora de dormir. La arropo y beso su frente cual era costumbre. Pero cuando se disponía a salir de la habitación, Volvió la mirada a su hija y le dijo:

-Papá Yoshi siempre te protegerá-

-Papá Yoshi siempre me protegerá- Repitió la niña, sonrió y se acomodo para dormir. Mag de igual forma sonrió, apago la luz y salió de la habitación.

La mañana siguiente, Yau iba a presentarse a su primer día de pre escolar. Lucia muy linda con su pequeño uniforme, y la mochila en la espalda le daba ese toque de  escolar ejemplar. Mag, condujo su auto hasta la institución, bajaron del auto y procedieron a entrar a la escuela.

Esta lucia muy bonita en su fachada exterior, pero lucia mucho mejor en el interior. Cada detalle, cada mueble, cada decoración inspiraba al aprendizaje y al compañerismo.  Yau y Mag se dirigieron hasta la que parecía ser la recepcionista, la cual dejo de teclear en su portátil y bajo la mirada hacia la niña.

-¡Oh! Hola corazón, ¿Eres nueva?- Pregunto.

-Sí, es mi primer día…- respondió Yau, un tanto tímida.

-Buen día, hace un mes que terminamos el trámite de inscripciones, espero todo esté en orden- Repuso Mag, y comenzó a dar los datos de la niña, así como a mostrar los comprobantes de los pagos de inscripción.

Tras una exhaustiva revisión. Finalmente la chica de recepción les dio entrada y las encamino a la que sería el aula donde Yau tomaría sus clases. Era un salón de tamaño considerable, muchos niños jugaban por todo el salón con material didáctico. La profesora era una chica Joven, no mayor a la edad de Mag, la cual se acerco y saludo.

-¡Muy buenos días! Mi nombre es Karina, soy la maestra de esta aula- Dijo esbozando su mejor sonrisa y añadió:

¡Awww! ¡Qué niña tan hermosa! ¡Por favor díganme que tomara clases con nosotros!-

A pesar de lo escandalosa que era la profesora, parecía ser una chica amable, y además les inspiraba confianza a ambas. Mag se tranquilizo y presento a Yau. Para posteriormente despedirse de ella con un beso y dejándola en el salón de clases.

-Vendré por ti más tarde, corazón, ¡diviértete!- Dijo Mag despidiéndose de su hija.

La maestra procedió a presentar a Yau con el resto de los niños, les dejo algunas actividades, les puso algunas dinámicas y posteriormente los dejo un momento para que convivieran. Yau se había ganado una amiga, su nombre era Victoria. Ambas jugaban tranquilamente cuando un niño, de muy mala finta, se acerco a ella y le dio un tirón a su cabello.

-¡Auuuu! Eso duele, ¿Por qué me jalas el cabello?- Pregunto Yau muy molesta

-¡Porque si!- Respondió el niño dándole un empujón y haciendo que esta cayera sentada sobre las sillas de juegos.  Mirando satisfecho el resultado de su fechoría, se dio la vuelta y se fue a jugar al otro lado del salón. Yau por su parte, no estaba nada contenta, pero su madre le dijo que no peleara ni se buscara problemas, así que hizo de tripas corazón y se quedo callada. Victoria muy preocupada le ayudo a levantarse y tras consolarla, siguiendo jugando.

Transcurrieron las horas y por fin llego el momento en que Mag recogería a Yau.

-¿Cómo te fue en tu primer día? Caramelo- pregunto esta, con curiosidad.

Yau se lo pensó un rato, hasta que finalmente respondió:

-Bien, mamá. Hice una amiga…-

-Hay que bueno, mi amor. Al rato harás muchos más amigos y todo será mejor-

-Sí, eso espero…- Suspiro y se quedo mirando por la ventana del coche.

Al llegar a casa, Yau solo quiso ir a su habitación y recostarse. No tenía ánimos de salir a jugar, no aun.  Solo tomo el control remoto, encendió el televisor y se puso a ver dibujos animados.

Paso el día sin novedad alguna, hasta que llego la noche. Después de cenar, cual era la costumbre, Mag llevo a Yau a su habitación para arroparla. Entonces, con una sonrisa en el rostro le dijo a su hija:

-¡Mira lo que encontré cuando estaba limpiando el closet!- Y saco un peluche de Yoshi que tenia escondido detrás de la espalda.

-¡Yoshi!- Dijo Yau lo abrazo fuertemente.

-¿Es el mismo que se ve en los vídeos que nos tomabas a papá y a mí?- Añadió con una gran sonrisa en su carita.

-Así es, mi amor, es el Yoshi que papá te regalo con mucho amor, así podrás abrazarlo y sentir que papá te cuida. Bueno, buenas noches amor, descansa que mañana hay que volver al pre-escolar- Tras dicho esto, Mag volvió  beso la frente de su hija y salió de la habitación.

-Buenas noches, Papá Yoshi…- Dijo Yau abrazando su peluche y acurrucándose.

Mag iba hacia su recamara cuando se percato que no había arropado a la niña. Rápidamente volvió a la habitación, abrió la puerta con cuidado y… vio que la niña estaba perfectamente arropada. Muy desconcertada, volvió a cerrar la puerta con cuidado y se dirigió nuevamente a su habitación. Imagino que quizá si la arropo pero no lo recordaba. Le quito importancia al asunto y solo se dispuso a mirar televisión un rato y luego irse a dormir.

A la mañana siguiente, Yau y Mag se levantaron temprano y cada una se dispuso a realizar sus respectivos rituales matutinos. Desayunaron y Mag se dispuso a llevar a Yau a la escuela. Esta se reusó a dejar su peliche en casa, en insistió a llevarlo a clases. Mag, no muy convencida, finalmente accedió a la petición de su hija, solo advirtiéndole que no lo fuera a extraviar. Nuevamente la dejo en la entrada de la escuela, la despidió con un beso y se fue a su trabajo.

Cuando Yau iba al aula, se topo en el pasillo con Victoria, a la cual le dio mucho gusto verla también.

-¡Qué bonito peluche!, ¿Te lo compro tu mami?- pregunto Victoria.

-No, es un recuerdo de mi papá. Me lo dio desde que yo era una bebe- Respondió Yau.

-¿Recuerdo? ¿A caso el está de viaje o algo así?-

-No… el… falleció hace unos años-

-¡Ahhhh! ¡Perdón!- dijo Victoria muy apenada

-No te preocupes, no pasa nada- La tranquilizo Yau.

Entonces ambas entraron al salón de clases. Las clases estuvieron bien, sin ninguna novedad, el tiempo del recreo también. Pero entonces, la señorita Karina recibió una llamada y salió del aula para atenderla. Ahí fue donde se empezaron a complicar las cosas. El niño del día anterior, volvió a acercarse a Yau y jalar su cabello. Lo cual causo que esta reaccionara.

-¡¿Qué te pasa?! ¡¿Por qué me sigues molestando?!-  Pregunto está muy molesta. La cual aun tenía en brazos el peluche de Yoshi.

-¡Oh! ¿Qué tenemos aquí? Un peluche feo, más viejo que la maestra, jajajaja- Dicho esto, le arrebato el peluche a Yau y comenzó a arrastrarlo por el suelo y ensuciarlo

-¡Nooooo! ¡Dámelo! Es el recuerdo de papá- Yau alzaba sus brazos para tratar  de recuperar su peluche, pero la diferencia de estaturas entre estos 2 era considerable.

Entonces el chico tiro al suelo el peluche y comenzó a pisotearlo.

-¡Déjala en paz! ¡Devuélvele su monito!- Dijo Victoria muy enfadada.

-¡Dámelo! ¡Es mi Papá Yoshi!- Grito Yau y unas lágrimas salieron de sus ojos.

Inexplicablemente, el chico fue lanzado de la nada contra la fila de pupitres que se encontraba a su izquierda, fue lanzado tan violentamente que el pupitre vacio contra el que se estrello, fue derribado, y al ser tan violento el impacto, el chico acabo en el suelo con el pupitre encima. Después, todo se torno silencio, un silencio sepulcral, en el cual solo se escuchaban los sollozos de Yau.

Al escuchar todo el escándalo, la Señorita Karina volvió de inmediato al aula para presenciar dicha escena, Yau de pie, agitada y con lagrimas en los ojos, el chico derribado con el pupitre encima, el cual había empezado a llorar, el temor en la mirada de los otros chicos y el peluche, ahora muy sucio en el suelo. Nadie pudo decir nada, nadie se atrevió, de hecho, ni la misma Yau tenía la mínima idea de lo que había ocurrido. Por ende no pudo decirle nada a la Señorita Karina.  Solo se limpio las lagrimas, dio unos pasos hacia su muñeco, lo levanto del suelo, le sacudió la suciedad que pudo y lo abrazo con fuerza.

Esa misma tarde, llamaron a Mag para que se presentara a la escuela de inmediato. Y así lo hizo. Tuvieron una junta la directora de la escuela, la señorita Karina, Mag, el chico problemático y su mamá. Fue una discusión que no tardo mucho en dar pie a voces con tono levantado, aspavientos con las manos, reclamos y de mas. Afortunadamente el chico ya tenía fama de ser un molesto brabucón, lo cual beneficio a Yau en gran medida, mas no la dejo libre de una amonestación y advertencia, así como las represarías de Mag al llegar a casa. Por más que Yau daba su versión de los hechos, Mag, por obvias razón de una explicación tan irreal, no le creyó nada.

-¡Basta! Te dije que no causaras problemas, batalle mucho para poder inscribirte y me mato trabajando para que puedas tener educación, ¡Por favor! Pon algo de tu parte- Dijo Mag mientras terminaban la cena.

-¡Mamá, es enserio! ¡Yo no hice nada! ¡El solamente se lanzo solo hacia el pupitre! Nadie lo toco- Decía Yau en su defensa.

-¡Suficiente! Vete a tu cuarto y no salgas de ahí, y si me vuelven a llamar de la escuela otra vez, ahora si te voy a castigar, Yauzin!-

Yau se levanto de la mesa muy resentida y sollozando, y se dirigió a su habitación

-¡Y no vuelves a llevarte ese peluche y ningún otro a la escuela!- Añadió Mag antes de que su hija cerrara la puerta de  su habitación.

Yau por su parte, abrazo fuertemente el aun sucio peluche de Yoshi. Pequeñas lágrimas empezaron a recorrer sus mejillas.

-Papá… Papá Yoshi… ojala estuvieras aquí, tu si me hubieras creído… ¿verdad?-

El remordimiento se apodero de Mag. Espero unos minutos más hasta tranquilizarse, subió hasta la habitación de su hija, abrió la puerta y se encontró con una habitación con la luz apagada, su hija dormida pacíficamente en su cama, arropada y extrañamente, con su carita limpia de toda lagrima y el cabello suelto. Pero lo más extraño es que este lucia muy suave y alaciado, como si alguien lo hubiese cepillado. Se aproximo para quitarle aquel sucio peluche a s hija, entonces un escalofrió recorrió la espalda de Mag. Sacudió la cabeza para alejar todo tipo de pensamiento extraño.  

Entonces se percato el algo mas, un maletín negro estaba en el suelo de la habitación de la niña. Mag lo reconoció inmediatamente. Había hojas de papel regadas por doquier, y varios dibujos en hojas blancas, no eran de Yau, si no de su difunto esposo. Toda esa información y de mas era lo que el tenia como pasatiempo. Guardo todo dentro del maletín. Pensó en llevárselo pero, prefirió dejarlo en el suelo, donde lo encontró.

Miro nuevamente a su hija y vio que tenía muy bien aferrado el peluche. Entonces decidió también dejárselo y se retiro a su habitación.

Aquella noche, Yau tuvo un sueno en el que su padre se comunicaba con ella, que escucho su llamado, le dijo que a partir de ese momento ya nadie la molestaría. Que él, la defendería de todo, y de todos, aun que ella no lo pudiera ver. Le confesó que fue él quien arrojo al niño hacia los pupitres, y que él se encargaría de que las cosas fueran mejor en la escuela. Yau solo dormía con esa infantil y bonita sonrisa en su rostro.

A la mañana siguiente, Mag se preparaba a llevar a Yau a la escuela, y noto algo que la desconcertó por completo, el peluche de Yoshi estaba limpio, como recién lavado, no quedaba en el rastro alguno de polvo o suciedad del día anterior. Yau noto el desconcierto de su mamá y le dijo:

-Lo limpie con toallitas húmedas, y le di de cepilladas, déjame llevarlo a la escuela, por favor…. Prometo que todo será diferente-

Mag no tuvo más remedio y accedió.

-Por cierto, hija, ¿por qué tomaste ese maletín? Sabes bien que no debes tomar las cosas sin permiso- Dijo Mag.

-Perdón mamá, me dio curiosidad, pensé que era de papá y quise ver que tenía dentro, pero, no logro entender que eran todos esos escritos, pero había dibujos ahí muy raros, Mamá. Unos monstruos raros y muy flacos y feos. Y un tipo sin rostro que vestía un traje y corbata. Era cómico y a la vez aterrador. Dime, Mamá, ¿qué es todo eso?- Cuestiono Yau.

-Son un montón de relatos extraños que a tu padre le gustaba leer y archivar. Creepypastas creo que llaman- Respondió Mag.

-¿Creepy… que?-

-Son como cuentos de terror que la gente publica en internet, bastante ridículos la verdad-

-¡Me gustaría que un día me leyeras algunos!-

-Temía que dijeras eso…-

Una vez en la escuela, todos mantenían la distancia de Yau, excepto Victoria, quien, a pesar de sentir cierto temor, se aproximo a ella y camino junto a ella hasta el salón y tomaron sus lugares respectivamente.

-¿Estás bien? ¿Tu mamá te regano muy feo?- Pregunto Victoria

-Si me regano, pero no fue tan severo, se que en el fondo ella sabe que yo jamás hubiera buscado problemas- Respondió Yau.

-¿Y el peluche?-

-Aquí esta mira, limpio y tan lindo como al principio-

-Que bien…-

El día pasó sin más sorpresas, hasta el tiempo de recreo. Yau u Victoria jugaban al avión cuando el chico problemático, quien ahora lucia banditas de curación en distintos puntos de su cara, se planto frente a las niñas.

-¿Qué quieres? ¡Ya déjanos en paz!- Replico Victoria al percatarse de la presencia del chico. Yau por su parte mostraba una indiferencia desconcertante.

-Nadie está hablando contigo, idiota, ¡Tu!, niña rara, tuviste suerte aquella ocasión, pero dudo mucho que sea lo mismo ahora- Amenazo el chico, mientras Yau, sin siquiera voltear la mirada, solo tomo a su peluche del suelo y lo abrazo. Entonces dijo en un susurro apenas audible:

-Papá Yoshi… aléjalo de nosotras-

Vitoria y el chico no entendían lo que pasaba, pero entonces, algo sucedió, la sombra de Yau que se proyectaba en el suelo del patio, empezó a aumentar de tamaño considerablemente, hasta tener el tamaño de una persona adulta, incluso, esta misma no tenia similitud alguna con Yau, ni su postura, ni sus proporciones.

Entonces paso, la sombra se lanzo, no sobre el chico, si no hacia su sombra, el resultado de eso fue que hacia donde la sombra era arrastrada, el chico iba con ella. Lo arrastro por todo el patio, lo azoto contra unas macetas, lo golpeo contra los muros de la barda delimitadora de la escuela, y finalmente lo arrojo hacia dentro de una sala de juntas de los maestros, la cual en ese momento, se encontraba vacía.

Victoria, y el resto de los chicos, primero parecían aterrados… desconcertados…

-Vaya, ese chico está loco de atar… ¿No?- Dijo Yau rompiendo el silencio, luego Victoria y el resto rompieron en carcajadas.

El chico se levanto como pudo, tambaleante. La furia se reflejaba en sus jóvenes ojos. Entonces arremetió contra Yau. La cual, manteniendo el mismo carácter indiferente volvió a susurrar:

-Papá Yoshi, mándalo al baño de mujeres- Sonrió sombríamente al terminar la oración.

Nuevamente esa extraña sombra se proyecto a los pies de Yau, tomo al chico, y arrastrándolo de la misma manera, lo introdujo al baño de mujeres. Donde posteriormente, se escucharon gritos de niñas, y uno que otro de una mujer adulta.

-¡Esta loco! ¡Está loco!- Gritaban y carcajeaban los niños en el patio.

De aquel baño, salió la Señorita Karina junto con el chico, esta lo sujetaba del brazo con severidad.

-¡Esto ya es el colmo! ¡Te has ganado la expulsión de nuestra escuela!-

Y así fue, el chico, se cito a la madre del chico, y se llevo a cabo el procedimiento para la expulsión y la redacción de lo sucedido para que quedara en el expediente.

El resto de la mañana, todos hablaban del niño brabucón que se volvió loco. Y de cómo Yau ni se intimido ante él. De hecho, a partir de ese día. Yau no volvió a ser molestada por nadie. Los días posteriores todo fue diversión y sano aprendizaje. Solo la Señorita Karina no estaba del todo segura de lo que pasaba con aquella niña y su peluche.

Los días pasaron, y la Señorita Karina, observaba a Yau y su peluche, así como a Victoria y el resto de sus nuevos amiguitos, no veía nada extraño, pero algo la intrigaba, y era ese muñeco. Incluso los dibujos de Yau eran bastante extraños, en estos se apreciaban muñequitos de palitos muy coloridos que los representaban a ella, su mamá y su muñeco. Sin embargo, había un personaje más,  este lucia muy extraño, dado que no tenía color alguno. Era como si solo hubiese tomado el crayón negro y hubiese dibujado el monito sin más. Una silueta negra.

Una tarde, Mag había tenido que ir a la oficina por una información que le pidieron. Yau, que se encontraba en casa, recibió una llamada de su madre que se retrasaría en llegar, dado que la junta se extendió.

-No te preocupes mamá, estoy bien- Decía Yau por teléfono.

-No amor, le diré a tu abuelita Laura que vaya a contigo para que te haga de cenar y te cuide en lo que llego- Comento Mag.

-No mami, ya cene, un huevito estrellado y pan francés-

-¿Qué? ¿Quién te lo preparo?- Pregunto Mag, muy asustada.

-Fue… ah… Vino mi Tía Brenda y me hizo de comer, pero ya se fue-

-Hay que bueno mi amor, bueno, no tardare mas, enseguida iré- Terminaron la llamada y cada quien siguió en lo suyo.

A la mañana siguiente, después de dejar a Yau en la escuela, Mag llego a la oficina y tomo el teléfono para llamar a su hermana.

-¿Diga?-

-¿Brenda? Soy yo, Magaly-

-Ah, sí. ¿Qué onda?-

-Oye muchas gracias por ir ayer en la tarde a hacerle de comer a Yauzin, te debo una-

-¡¿Qué?! Magaly yo no me he parado en tu casa…-

-¿De qué hablas? La niña me lo dijo ayer, en incluso vi los platos sucios en la tarja-

-Pues yo no he ido, debes ver qué onda con Yauzin, algo no anda bien. Te juro que no he ido a tu casa desde hace 15 días que tuvimos la cena-

-Ok, gracias- Colgó Mag la llamada. Tomo muy asustada su abrigo y se dirigió lo más rápido que pudo a la escuela.

Mientras tanto, en la escuela, Yau jugaba con Victoria cuando la Señorita Karina la mando llamar. Ambas se dirigieron al interior del aula. Entonces la señorita Karina cerró la puerta.

-Yauzin-

-Yau, por favor-

-Está bien, Yau, hay algo que quisiera preguntarte, estuve mirando tus últimos dibujos, y hay algo que me llamo mucho la atención-

-Están muy lindos, ¿verdad?-  Interrumpió la niña sonriendo ampliamente y apretujando su muñeco.

-Mamá dijo que a Papá le gustaba mucho dibujar, igual y si sigo practicando, algún día pueda ser tan buena como el-

-Entiendo, respecto a eso, mira… - Acerco uno de los dibujos de Yau al escritorio y lo extendió para que ambas lo pudieran ver, y añadió:

-Aquí podemos ver a tu mami, a ti, a tu muñeco… pero hay alguien más aquí, que no sé quien es…-

Yau no respondió, solo mantuvo la mirada baja, sobre el dibujo.

-Dime, ¿es Victoria? No, no creo, está muy alto para ser Victoria-

-No... No es Victoria-

-Entonces, ¿Quién es?-

-¿Por qué lo pregunta? Señorita Karina-

-Porque necesito saberlo, corazón-

Yau suspiro, apretó su muñeco contra su pecho; y tras pensarlo un momento, respondió:

-Es… Papá Yoshi-

-¿Quién?-

-Es, es Papá, pero no es papá, no sé cómo explicarlo-

-Yauzin, ¿Has estado platicando con alguien sobre esto?- Al no tener respuesta, añadió:

-Mira, se que quizá extrañas a tu Papá, pero debes entender, que hay cosas que aun que sea en juegos, no son sanas ni para los niños. Todo mundo no se explica porque traes ese muñeco para todos lados, y el cómo te enojas cuando alguien si quiera trata de tocarlo-

-¡Es mío!, y nadie tiene por que tocarlo-

-¡Jovencita! ¡A mí no me levantes la voz!- Objetó la Señorita Karina, dando una palmada contra el escritorio. Entonces extendió una mano hacia la niña y le ordeno:

-Entrégame ese muñeco-

-¡No!- Rezongo Yau. Y retrocedió varios pasos para guardar su distancia.

-Escucha, llamare a tu madre, no voy a tolerar este tipo de conductas en mis alumnos-

-Papá Yoshi, detenla-

El cable del teléfono se arranco de este mismo, cortando la línea. La señorita Karina se estremeció cuando noto que repentinamente la habitación se comenzó a oscurecer. También empezó a sentir un repentino frio dentro de esta, el cual la obligo a rodearse con sus propios brazos para brindarse algo de calor. Entonces se giro hacia Yau, quien solo la miraba con el muñeco de Yoshi en brazos.

A espaldas de la profesora, una gran sombra se manifestaba. Se alzo y se poso detrás de ella. Amenazante y atenta. La señorita Karina se giro al sentir una presencia a su espalda, encarando entonces a dicha sombra. La sombra de un hombre adulto, entonces esta se lanzo hacia la profesora…

Mag estaciono su auto afuera de la escuela, y cuando se bajo de este para apresurarse a ir con su hija, noto que ella, Victoria, y el resto de los niños estaban saliendo. La directora estaba con ellos y hablaba por celular en ese momento. Mag rápidamente se dirigió hacia Yau, quien estaba platicando con Victoria, y como siempre, con su muñeco en brazos.

-Yauzin, ¿Qué pasó?- Preguntó ésta muy desconcertada.

-No lo sé, Mamá. La señorita Karina se sintió mal, y por ello la directora está llamando a los papás de todos para que vengan a recogernos-

-¿Qué dices?-

Entonces la directora, al ver a Mag, se dirigió hacia ella

-Gracias a Dios usted está aquí, tiene que llevarse a la niña, algo ocurrió con la profesora, y hasta no saber que paso, es necesario que todos los niños regresen a casa-

-Entiendo, entonces me la llevare. Gracias, Directora-

Mag y Yau subieron al auto. Ambas iban en silencio. Mag, por su parte, tenía muchas preguntas sin respuesta, las cuales la atormentaban.

Yau por su parte, iba tranquila mirando por la ventana. Hasta que empezó a canturrear una canción.

-"Siempre hay alguien, caminando tras tuyo, date la vuelta y mírame ser… 'Siempre hay alguien, cuidando tus pasos, no importa qué, ahí estaré"-

Papa Yoshi 2