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Si piensas que has pasado miedo por tener alguna que otra pesadilla, todavía no sabes lo que es un verdadero terror nocturno. Que conste, que esto no solo lo digo yo, que hasta el mismísimo Iker Jiménez, en su nave del misterio, en el rincón de lo paranormal, allá donde todo es insólito cuanto menos, ha tratado este tema. Os hablo de la parálisis del sueño.

Pero dejando a un lado los vídeos os pregunto, ¿sabéis algo sobre esto? Pues os explico.

UNO: Te duermes. O al menos lo intentas. La parálisis del sueño llega en ese momento en el que estás a punto de dormirte y, en menos ocasiones, una vez pasada la noche cuando vas a despertarte. Podríamos decir, que no estás ni despierto ni dormido, sino en un estado intermedio.

DOS: Tu cuerpo ya se ha dormido, pero tú sigues despierto. Tu mente es consciente de la situación, de dónde estás, de qué sientes.

TRES: Comienzas a sentir una presencia junto a la cama, pero como somos unos valientes creemos que es fruto de nuestra imaginación e intentamos conciliar el sueño. Pero la valentía va disminuyendo a medida que siente que esa extraña presencia cada vez se acerca más a ti. De hecho, está tan cerca que sientes que de un momento a otro se echará encima de ti.

CUATRO: La situación pierde la gracia por momentos y entre asustado y extrañado intentas darte la vuelta hacia el otro lado de la cama. Y aquí es donde llega el verdadero problema. Tu cuerpo está completamente dormido aunque tu mente no lo esté y estás inmovilizado. No sientes tu cuerpo y la presencia cada vez está más cerca. Se mezclan el miedo, la angustia y el desconocimiento.

CINCO: Como si estar inmovilizado no fuera suficiente, empieza a invadirte el agobio. Comienzas a respirar más fuerte y cada vez te cuesta más hacerlo. Quieres moverte, darte la vuelta y huir de la presencia pero ahora, además, solo te oyes a ti mismo respirar angustiado.

SEIS: Comienzan las dudas. ¿Grito? No, es absurdo. Pensarán que estoy loco. ¿Intento abrir los ojos? No, a saber lo que puedo encontrarme. Pero la angustia aumenta de tal manera que decides pedir ayuda, y eso solo puedes hacerlo gritando. Pero cuando ya has decidido que te da igual el ridículo que hagas o las explicaciones que tendrás que dar por montar semejante numerito te das cuenta de que gritar es imposible. Lo único que consigues es que tu corazón se acelere, el ritmo de tu respiración aumente y el agobio sea aún mayor.

SIETE: Los músculos se van relajando y empiezas a poder mover las manos y, a continuación, las piernas. De inmediato te sientes bombardeado por preguntas a ti mismo. ¿Qué era esa presencia? ¿Por qué no podía moverme? ¿Por qué solo me oía respirar? Pero prefieres seguir durmiendo y hacer como que nada ha pasado, eso sí, en la otra esquina de la cama, es demasiado pronto para tomarse tantas confianzas con la presencia.

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