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Ya era lunes. Javier y yo nos pasamos el resto del sábado y todo el domingo investigando sobre ahau, el destino y todas esas cosas en general. Los libros de su abuelo eran extensivos y encontramos algo que podría explicar el mensaje que el sacerdote le había dado a Javier en sueños.


Aparentemente, se consideraba una bruja a aquella persona que pudiera descifrar los acontecimientos con su mente subconsciente. Y esa era yo. Javier cree que yo soy la bruja del mensaje. ¿Pero, a quien tendría que encontrar? No sabíamos todavía. Y en cuanto a Ester, bueno estaba castigada por un mes. Lo que era bueno para nosotros.


Como dije, ya era lunes. Tenía una idea de cómo sacarle la verdad al profesor Castro. Javier estaba muy nervioso, como siempre, no le gusto mucho mi idea pero era mejor que pasarnos la vida tratando de mantener viva a Ester sin tener idea de con quién estamos tratando. En los exámenes su nombre aparecía como Pablo Castro, pero sabíamos que su verdadero nombre era Miguel Armijo.


Definitivamente estaba huyendo de algo. Probablemente de su extraña infancia, pero tenia que haber algo más especifico.


Me encontré con Ester en el autobús. No parecía muy feliz conmigo, pero trato de no demostrarlo. De seguro estaba enojada porque le impedí ver al profesor Castro el viernes y después Javier hizo que la castigaran por un mes. De seguro ella no pudo inventar una excusa plausible para explicar su mentira. Pero, no podía hablarme de sus preocupaciones por que supuesta mente yo no sabía nada y lo había hecho ¨sin querer¨.
No me gustaba verla así. Ella nunca me escondía sus sentimientos. Siempre me contaba sus problemas, ella sabía que yo la ayudaría de cualquier modo que pudiera. Es lo que trataba de hacer ahora, aunque ella lo ignorará. Deseaba poder decírselo, pero ya no podía hacerlo. Pensé en decírselo todo en varias ocasiones, pero no me creería. Especialmente la parte en que su relación con el profesor Castro la lleva a su muerte. El parece tener alguna clase de poder sobre ella, mintió por él y estoy segura de que hizo otras ¨cosas¨ por él.


Me pregunté cuando habíamos caído en esto. ¿Desde cuándo no podemos hablar honestamente? Yo tenia demasiado miedo de contarle sobre mis pesadillas porque sabía que no me creería y rechazaría la idea de que el hombre que ama es malo para ella. ¿Por qué estoy tan segura? Bueno, porque la conozco demasiado bien. He analizado y observado todo lo que ha hecho estos últimos diez años. Yo hacía eso con todo el mundo. El sacerdote me advirtió sobre eso. Dijo que no importa cuánto observe a las personas, nunca podre conocerlas completamente. Tenia razón, me había estaba dando cuenta de eso todos esos días. Ester estaba haciendo cosas de las que yo no la creía capaz, pero las hizo. Después de tantos años de pensar que la conocía, descubrí que no sabía de lo que era capaz. Y ahora no sabía lo que ella pensaba. ¿Por qué no podía decirme?


Ahora las dos estábamos sentadas lado a lado en el autobús, mirando al vacio con mirada perdida. Me preguntaba lo que estaría pensando y si ella también se preguntaba lo que yo estaba pensando. Bajamos del autobús después de un largo rato de incomodo silencio.
Me senté en una de las sillas de atrás del salón de matemáticas, como siempre lo hacía. Pero, ese día el profesor Castro había decidido molestarme, de seguro no le gusto que hayamos impedido sus reuniones con Ester. Me ordenó que me sentara en la primera silla de la fila. Yo lo hice, esto era bueno para mi propósito. Le di una mirada a Ester que estaba sentada junto a mí, como siempre, pero había algo diferente en ella. Normalmente estaba radiante durante la clase, pero ahora parecía enferma. Estaba pálida y su semblante era frío y desconfiado. Algo más había pasado, algo que yo no sabía. Bueno, supongo que lo iba a averiguar cuando terminara la clase.

El profesor empezó a explicar unos ejercicios en la pizarra con su estúpida y molesta voz. Siempre pensé que sonaba como cerdo en agonía. Era profunda, pero demasiado gutural. Ni siquiera me moleste en ver los ejercicios, solo empecé a hacer trazos en un papel, a ver que me salía. Hice la forma de una cara y pensé en que facciones ponerle. Estaba poniéndoselas cuando el profesor arrebato el papel de mi escritorio, si que estaba furioso.


-¿No se lo he advertido antes? ¡Esta es una clase de matemáticas! Ya se lo he dicho Ariana tiene que empezar a trabajar si quiere pasar
-¿Y qué problema hay con mis notas? Tengo promedio de noventa, por si se le ha olvidado- un gran golpe a su autoestima, probar que está equivocado. El piensa que nunca pongo atención, pero siempre escucho aunque esté haciendo otra cosa. Mis notas son prueba de ello y por eso me odia. Porque yo no lo adulo como un ser que sabe más que yo.


-No me explico cómo puede tener tan buenas notas si nunca pone atención.


-¿Esta acusándome de algo?- dije en mi tono odioso de sabelotodo.


- ¿No sé, hay algo de que acusarla?


- No, claro que no. Siempre escucho lo que está diciendo, pero no se me hace para nada interesante. Realmente debería actualizar sus métodos de enseñanza- su cara empezó a ponerse roja de la cólera. Definitivamente lo había provocado. Ese fue un golpe directo a su gran ego.


-¡Siéntese! Yo soy su profesor, no puede hablarme así. ¿Acaso no sabe lo que es el respeto?
-Tengo muy claro el concepto, pero yo no tengo ningún respeto por usted. Me parece un idiota, engreído que nos mira a todos con desprecio porque cree que es mejor. Pero, créame que no lo es- mire a Ester brevemente. Estaba pálida, tenía los ojos como platos y se cubría la boca con una mano.


-Voy a tener que llamar a sus padres otra vez y hablaremos muy seriamente con la directora- dijo mientras me fulminaba con la mirada. A mí no me importaba, estaba consiguiendo lo que quería.


-Haga lo que quiera pero la directora no va a hacer nada. A ella no le interesa lo que yo haga, solo quiere que mi madre pague la costosa mensualidad- Definitivamente que ahora va a querer hablar a solas conmigo. Sonreí un poco, me gustaba provocarlo, tenía reacciones muy graciosas y disfrutaba torturarlo un poco por lo que le estaba haciendo a mi amiga. El odio esa sonrisa, pude ver que quería abofetearme pero no podía hacerlo. Afectaría su imagen perfecta.


Le arrebate la hoja de papel de la mano y me senté otra vez. Seguí trazando las facciones de la cara que dibujaba. El profesor solo se quedo parado allí, tratando de matarme con su mirada pero yo lo ignore. Se quedo parado en frente a mi silla apretando los puños hasta que sonó la campana. Se podía sentir la tensión y la campana fue como un alivio. Todo el mundo se paro y empezó el barullo que se oye siempre después de que terminan las clases. Probablemente hablaban de mi y de mi osadía, pero así es la gente la verdad no importa. Ester estaba como petrificada en su silla viéndome a mí y después a el profesor.


Yo recogí mis cosas y puse mi mano en su hombro.


-¿Pedimos pizza en la cafetería?- le pregunte, como si nada hubiera pasado. Ella solo se me quedo viendo. Después se recogió sus cosas y ya nos íbamos a ir cuando el profesor reaccionó y me detuvo.

-Ariana, quédese. Quiero hablar con usted- el idiota había caído en mi trampa.


-Pensé que iba a hablar con mi mamá y con la directora- dije inocentemente.


-Primero me gustaría hablar con usted, a solas- miro a Ester con mirada tierna pero severa para guardar las apariencias, pero no me engañaba a mí. Ester dijo que me esperaría en la cafetería y huyo del salón. Se notaba que la enemistad entre el profesor y yo estaba acabando con sus nervios.


-¿Bueno, que quiere?- dije mientras volvía a sentarme en el pupitre. Parecía estar muy calmada, pero en realidad tenía una sensación extraña en el estómago. Solo esperaba que me saliera bien.


-¿Y me lo pregunta después de esa escena que acaba de hacer? ¿Me gustaría saber qué es lo que le he hecho para que me desprecie de tal manera?- el hombre es un maldito hipócrita. La manera como me miraba a los ojos y mentía era despreciable.


-No lo llamaría una escena, yo me estaba expresando. Todo lo que dije es lo que realmente pienso de usted.

-Ariana, percibo que usted tiene un gran problema con la autoridad. No es la primera vez que hace algo así. Entiendo que es difícil lo de su padre, pero no es aceptable su comportamiento. ¿Cuántas veces se meterá en problemas antes de que se dé cuenta de que esto no es bueno para usted? Soy su profesor, no una niñera y no tengo por qué aguantarle esto- ese maldito bastardo. ¿Cómo podía pretender saber algo sobre mí? Si había tenido problemas con él en el pasado y lo de mi padre había surgido, pero pretender conocerme era una villanía imperdonable.


-¡Ay, cállese ya! No puedo creer el grado de su hipocresía. Si le soy sincera usted nunca me agradó, pero no es por mí, es por usted. Es usted un hipócrita, cobarde, mentiroso y un pervertido sexual, pedófilo. Usted no sabe nada sobre mí, pero yo sé todo lo que ha hecho- el rostro de el profesor palideció.


-¿Que…que?- balbuceo
-Ah sí, yo sé todo, hasta tu pasado, Miguel- era mentira, no lo sabía todo, pero con lo que había visto en las pesadillas me alcanzaba para engañarlo. Estaba funcionando porque él se paro y trato de alejarse de mí, chocando contra la pared.


-¿Cómo podes saber eso?
-Eso no importa, lo que sí es importante es que lo sé. Tu nombre no es Pablo Castro es Miguel Armijo. Pero no has usado tu nombre real desde que eras un niño. Debo decir que me das algo de lástima, tu infancia fue realmente bizarra. Viviste en esa casa completamente blanca y desprovista de toda calidez, le fallaste a tu padre y él se deshizo de vos. Te mando lejos con tu tía Francisca, pero no sin apuñalarte en el corazón primero- el profesor asemejaba a un conejo acorralado, a punto de ser devorado. Y, en este caso, yo era el depredador.
-¡Lo hizo por mi bien! ¡Me estaba purificando!- interesante.


-Obviamente no funciono. Más bien te jodio bastante. Has pasado el resto de tu vida huyendo de lo que paso allí- me levante de la silla y camine hacia él- Pero no importa cuán lejos estés, siempre tendrás esto- dije mientras ponía mi dedo exactamente donde estaba su cicatriz. Parecía que iba a desmayarse.


-¿Qué quieres de mi? Papá dijo que era libre, ya no tenia que hacerlo- temblaba y podía ver que las lágrimas comenzaban a brotar de sus ojos. Ahora si se parecía más al niño de las pesadillas. Todo rastro de arrogancia se había borrado de su rostro. Solo parecía asustado.


-Y lo sos, no tienes que hacerlo porque es malo y vos no haces cosas malas. ¿Verdad?- esperaba que me dijera que es lo que su padre quería que hiciera. No estaba muy segura de lo que estaba haciendo pero parecía funcionar.


-¡Yo nunca la mataría!- eso era una pista.


-La amas.


-¡Claro que la amo, es mi madre, aunque haya hecho cosas malas!- pensé que su madre estaba muerta. Es lo que su padre había dicho en la pesadilla. Aparentemente, no era así. ¿Por qué sería mala?


-Te entiendo, solo no pudiste hacerlo. No debiste de ser castigado por eso.


-¿Cuánto tiempo lo has sabido? Sabía que había algo raro en vos. El instante en que te vi, supe que eras una bruja. Y cuando Ester dijo que hablabas con mi padre fue seguro.- escondió la cara entre sus manos. "Bruja".


-¿Y cómo sabias eso?- ahora yo me quede estupefacta, pero no lo demostré.


-Papá me enseño a detectar esas cosas, es muy obvio para mí. Y lo de tu amigo también, sabía que era un sacerdote indio cuando leí su apellido en la lista de la clase- así que tenía conocimientos sobre el mundo del espiritismo.


-Y aun así te metiste con Ester- ese era el tiro de gracia. Se altero mucho al oírlo.


-¡Eso es diferente! ¡Ella no es una pagana como ustedes!- ahora volvía a ser el mismo idiota arrogante de siempre.


-¡Ella no es para vos! ¿Qué te pasa? Es inocente. ¡Déjala en paz!.


-¡No sos nadie para decidir eso! Ella es para mí.


-¿Si yo no soy nadie, quien sos vos para decidir eso?


-¡Ella misma lo ha decidido! ¡Me escogió a mí!- esas palabras realmente me llegaron. Ella si lo había escogido a él y yo nunca había dudado del juicio de Ester, pero mis pesadillas y las extrañas circunstancias que envolvían su relación me hacían dudar de la autenticidad de su decisión. El tuvo que haberla manipulado.


-¿La amas?- pregunte cuidadosamente.


-Claro que sí. Sé que mi pasado y mi familia te hacen desconfiar de mí, pero eso fue hace mucho tiempo. Mi edad también deber ser un problema para vos, pero no lo es para Ester. Le parecerá inapropiado a todo el mundo. Si un compañero mío se encontrara en mi situación yo también pensaría mal de él, pero me paso a mí. Solo me enamore de alguien que no puedo tener y después tuve la suerte y la desgracia de que ella también se fijara en mí. - díganme loca, pero le creí. Parecía ser sincero. Era difícil engañarme, siempre podía descifrar las mentiras de la gente. Este hombre no me mentía, pero no podía estar segura todavía.


Recordé lo que mi subconsciente me dijo en una de las pesadillas. Dijo que era demasiado obvio que él la matara. Tenía que ver con él, pero no fue el profesor. Lo que me dijo sobre su madre era una pista importante. Tal vez su madre iba a matar a Ester. Pero, en mi pesadilla era un hombre el que la mataba.


-Tienes que alejarte de ella. Si no lo haces, morirá- me miro incrédulamente.


-¿De qué estás hablando?- dijo con tono amenazador.


-No sé muy bien todavía de que se trata. Pero sé que tiene que ver con vos, Miguel. Estaba perfectamente segura hasta que empezaste a follar con ella.


-¿Eso es lo que crees? ¿Qué solo uso su cuerpo?


-Es lo evidente, todavía no se si debería creer lo que me decís.


-¡Yo la amo!- grito desesperadamente.


-Ya veremos. Por ahora te vas a alejar de ella. Si no lo haces, voy a hacer todo para destruirte.- realmente no haría eso, pero solo porque significaría humillar también a Ester.


-¡Mamá tenia razón sobre ustedes! ¡No tienen escrúpulos!


-¿Y, de quienes exactamente estás hablando?


-Ustedes, los paganos. Practican esas inmorales religiones indias- que bien, ahora resulta que es fanático religioso.


-No tienes idea de lo que estás hablando. ¿Vas a seguir mis órdenes o no?


-Solo para proteger a Ester- maldito cobarde, solo quería proteger su imagen.


-Qué bueno que estés cooperando. Y, por cierto, nunca tuvimos esta conversación. Vamos a actuar normal, lo que no va a ser muy difícil ya que ahora te desprecio más- tome mi bolso y salí dando un portazo. Me pareció que lo había manejado muy bien y que le saque información importante. Yo había probado ser una gran actriz, todo el tiempo estuve al borde de mis nervios, pero no se notó. Había logrado pasar por una despiadada y amenazante bruja. El se lo creyó, espero que no se dé cuenta de que soy inofensiva.


Cuando llegue a la cafetería, ella aun parecía preocupada y me pregunto mucho sobre mi plática con el profesor Castro. Yo solo le dije que me había gritado mucho y que quería ver a mi madre. Pero, la preocupación no abandono su rostro. Me sentía extraña y algo mareada por estar sentada allí rodeada por tantas personas. Yo casi nunca me siento en la cafetería.

La comida se veía muy bien, pero no podía comer en un momento así. Acaba de amenazar al profesor Castro y lo peor era que yo no podía cumplir mis amenazas. Todo lo que quería era ganar tiempo y conseguir información. Había hecho ambos, pero no sabía cómo ponerle fin a todo esto. Estaba empezando a pensar que ese viejo sacerdote era nuestra única esperanza, pero Javier jamás aceptaría sus condiciones y yo no podía ni tampoco quería obligarlo. Ahora sabia cosas que me ayudaban a rellenar los espacios.


Sabía que el profesor Castro tenía que matar a su madre por órdenes de su padre, pero no pudo hacerlo. En el salón el profesor Castro hablo de ella como si aun estuviera viva, entonces, lo más probable es que lo esté. Entonces supongo que Horacio fingió la muerte de la madre del profesor Castro y después lo mando lejos. Me sentía tan abrumada por las cosas que había descubierto. A mí me gustaba mantener a Horacio como un buen recuerdo, a pesar de que me trajo algunos problemas, pero siempre lo considere un amigo. Después de un tiempo como un amigo imaginario, pero siempre un amigo. Ahora no sabía que pensar de él, la situación no estaba muy clara y entre mas averiguaba mas se enturbiaban las cosas.


-¿En qué pensas?- pregunto Ester. Era un juego que teníamos entre nosotras. Una preguntaba lo que la otra pensaba y la otra tenía que responder, pero sin mentir, aunque yo mentía a veces y estoy segura de que ella también. Es más divertido de lo que parece, antes lo hacíamos por horas pero hace unos años que ya no lo jugábamos. A los trece años, Ester empezó a pensar que era algo estúpido y me dijo que deberíamos dedicarnos a cosas más maduras. Esas cosas incluían maquillaje, atuendos, chavos, escuchar música sin ninguna gracia, ver películas cursis, leer revistas mentecatas y no podían faltar las asquerosas fiestas. A mí no me agradaron ninguna de esas cosas, nunca lo han hecho, pero ella parecía feliz en su mundo de banalidades. Así que simplemente nunca volví a mencionar el juego. Trate de hacer las cosas que ella quería, pero siempre me parecía muy aburrido y me sentía como una idiota. Aun hablábamos y nos veíamos mucho, pero era como si viviéramos en planetas diferentes.


-Estaba pensando que hace mucho tiempo que ya no es lo mismo. Antes yo me divertía mucho con vos, pero hace años que no sos la misma. Creo que ya ni te conozco- ni siquiera pensé en lo que estaba diciendo. No me gusta mostrar mis sentimientos, pero esta vez solo se salieron por si solos.


-¿Ari, de que estás hablando?- me miro desconcertada. Yo estaba totalmente abrumada por todo. No es que no me hubiera dado cuenta antes, pero es que seguía esperando que las cosas pudieran volver a ser como antes. Pero ahora ya nunca lo serian. ¿Verdad? Era algo que yo debía aceptar, y allí en la cafetería mientras ella me miraba como si estuviera loca, allí me alcanzo como si de un fuerte puñetazo se tratara.


-¿De qué te sorprendes?


-Ari…- trato de tomar mi mano, pero yo la retire.


-Necesito decir esto. Ester, siempre me has agradado y hasta llegue a quererte mucho, aun lo hago, pero has cambiado demasiado y yo no. Tal vez se supone que debamos cambiar y yo estoy mal, pero no me gusta en lo que te convertiste. Y no creo que haya nada de malo con vos, es que yo ya no encajo en tu vida. He tratado de ignorarlo porque no quería perder a mi mejor amiga, por cursi que suene, pero es la verdad. Siempre me gusta cuando hablamos, pero ahora ya no quieres hablar conmigo, y no lo niegues. Sabes que no podes mentirme. Y no te culpo, no es que yo sea la persona más divertida, pero antes pensabas que lo era. Aprecio que trates de hacerme encajar, me presentas a tus nuevos amigos y yo hago el esfuerzo de hablar y agradarles, pero la verdad es que pienso que todos son unos idiotas y siento que te avergüenzo. Es que no hablan ni hacen nada interesante para mí. No significa que no respete tus decisiones, lo hago aunque piense que no están bien. Y creo que vos también te has dado cuenta y te niegas a aceptarlo. Yo acepto quien sos, es solo que no es lo que yo creía- mire para abajo. Había dicho lo que sentía hace ya tanto tiempo, lo había reprimido por mucho tiempo y ahora lo había dicho sin mesura ni control. Estaba convencida de que estaba perdiendo la cordura, poco a poco.


-Ari, yo no sé qué decir. Supongo que tienes razón. Yo creo que sos muy rara, siempre lo he pensado, pero no como algo malo. Es que nunca he conocido a alguien como vos. Notas todo, al punto de ser obsesiva, sos antisocial e inexpresiva y no tienes ningún sentido de la prudencia. ¡No tienes idea de cómo comportarte en público! Eso no me molestaba cuando éramos niñas, pero ahora sí. Sé que esto te va a parecer idiota y probablemente me vas a odiar por ello, pero a mí si me importa lo que la gente piense. Todos creen que sos rara y que no sos buena compañía para mí.

¿Todos, o solo el profesor Castro?


-De todos modos yo aun pienso que sos mi amiga- continuo ella- Me has apoyado muchas veces, pero es que nosotras queremos cosas diferentes, demasiado diferentes. A vos no te gusta cómo estoy viviendo mi vida y siento que te decepciono. Perdón por no ser lo que vos queres. Pero a mí me gusta ser así. Es el modo en que quiero vivir y vas a tener que aceptarlo o irte-estaba atónita. No podía creer que me haya dicho eso. ¡Le gusta ser superficial! ¿Cómo paso esto? No podía procesar sus palabras, se me dificulto respirar y el ensordecedor ruido de la gente en la cafetería parecía ahogarme. Me levante de la mesa y corrí.


No había corrido así en mucho tiempo. Pare hasta que mis piernas cedieron y caí de rodillas en la grama. Estaba en un parque. Cuando mire a mí alrededor supe que no estaba tan lejos del colegio, pero tampoco cerca. El bus siempre pasaba por allí en las mañanas, me gustaba observar como el sol alumbraba el cuerpo de bronce de la gran estatua que estaba en medio del parque. Ahora el prócer me miraba con pena mientras me sentaba en la grama que rodeaba a la estatua.

Lo que me dijo Ester había sido demasiado. Ni siquiera sabía cómo había llegado hasta allí. Lo que si no me explicaba era como me había salido del colegio. Normalmente, cuando quería irme temprano le daba un pequeño soborno al guardia de seguridad que estaba en la entrada trasera. Pero no recordaba haberlo hecho. Ni siquiera recordaba por donde había salido. Pero, ese no era el problema. El problema era lo que había dicho Ester. Sus palabras parecían quemar mi alma. Fue todo lo que dijo.

¨Sos tan rara¨. ¨Me gusta ser banal¨.


-¿Y por qué estas tan sorprendida?- dijo mi subconsciente.


-Ella no era así- me conteste a mí misma.


-¡Claro que lo era! Te has negado a ver la verdad porque solo querías una amiga. Cuando crecieron, te diste cuenta, pero pusiste más empeño en negarlo. No la queres a ella, queres a la idea que te hiciste de ella. Bueno, no podías seguir engañándote para siempre.


-¿De qué estás hablando?- mi voz empezaba a temblar.


-Lo sabes muy bien. Ella no es más que un borreguito, tu borreguito. Eran perfectas la una para la otra. Vos que sos mandona y voluntariosa; ella que es débil y sin convicción. Siempre la has protegido, has compensado su debilidad y ella en cambio te ha servido para sentirte aceptada. Si le agradas a alguien tan corriente como ella, le podrías agradar a todo el mundo. Así que ya no tenías que ir y comprobarlo vos misma, no tenias que enfrentar tus miedos. Ella lo hizo por vos. Y vos enfrentaste sus miedos por ella.- mi maldito subconsciente siempre me dice lo que no quiero escuchar.


-¿Entonces solo nos usábamos la una a la otra?- me pregunte a mi misma.


-Era más como un acuerdo, ambas son un desastre. ¿Así que, por qué no? Fue bueno mientras duro, pero no podía ser para siempre. Un día iban a crecer y a completarse solas. Vos la convertiste en una damisela en peligro, como las de los cuentos, que no pueden hacer nada por ellas mismas y tienen que ser salvadas. Ella te convirtió en el infalible caballero que la salvaría de todos los villanos. Pero ustedes son más que eso. No son solo un papel unidimensional que tienen que desempeñar, son personas con fallas, debilidades y muchas facetas. Pueden ser caballeros, damiselas y villanos al mismo tiempo.


-¿Estás diciendo que vivo una mentira?


-En parte sí, pero solo porque te niegas a aceptar todas tus facetas. Pensas que siempre tienes que ser el infalible caballero. ¿Nada afecta al caballero, verdad? Ni el desengaño, ni la tristeza y lo más importante, la soledad. No, al caballero no le importa nada ni nadie. Así es como te has ido protegiendo de tus miedos. Aún antes de que vieras a tu padre con su secretaria sabias que todos estaba mal. Ellos siempre peleaban y vos solo los observabas destrozarse mutuamente. No había espacio para vos en sus vidas, nunca lo hubo. Vos sabes la verdad de por qué estás aquí, tu madre solo quiso evitar que papá se fuera. Así que se embarazó. Él no es tan malo, él asumió su responsabilidad económica pero él nunca quiso una hija. Simplemente no le quedo más remedio que aceptarlo. Y, bueno, sabes que tu madre nunca piensa en nadie más que en ella misma. Ella nunca ha sabido qué hacer con vos.

- ¿Solo busco excusas verdad? Ester era una excusa.


- Hay cosas que necesitas enfrentar. Empieza por Javier. ¿Por qué siempre huís cuando toca un tema sensible? Siempre decís que no queres hablar de ello o que lo olvide. Él no sigue con el tema, pero sabe que es difícil para vos. Huís porque él puede ver a través del caballero, aunque vos no queras. El ve tus verdaderos sentimientos y eso te pone incomoda, pero es un alivio al mismo tiempo. Y Ester, tienes que dejar de convertirla en la pobre inocente. Ella quería meterse con el profesor Castro, a ella le gusta, nadie la forzó. Él no es más que un hombre. Ellos se aman, los dos tienen la culpa. Has estado viendo solo lo que queres ver y por eso no podes hallarle el sentido a todo esto.


Desperté sobresaltada, todavía estaba a los pies de la estatua. Debí de haberme dormido sin darme cuenta. Ese sueño me fue muy útil, ahora me daba cuenta de que nunca podría resolver esto si no enfrentaba la verdad. Ella no es inocente en todo esto, ella estaba enamorada del profesor y él le correspondía. Ella había tomado esa decisión, por cuenta propia y bajo su responsabilidad, no había nada que yo ni nadie pudieran hacer. El sacerdote tenía razón, nunca podría conocer por completo el alma de una persona y eso me molestaba, pero no por eso dejaría de quererla. Ester si era amable y buena, pero yo lo exagere y me negué a ver las otras cosas que conformaban su alma.
Empecé a entender lo del destino. Ester ya había escogido su destino. Era difícil de aceptar, pero era la verdad.


Mi mochila estaba tirada a mi lado, me alegre de que al menos la haya agarrado antes de huir. Busque mi teléfono y vi que tenia demasiadas llamadas pérdidas. Llamé a Javier.


-¿Ari, adonde has estado?- me contesto.


-Es difícil de explicar. ¿Me venís a traer? No creo que pueda correr más.


Estaba tan feliz de ver a Javier, como nunca lo he estado. Lo abrace muy fuerte cuando lo vi. Estaba muy sorprendido, yo nunca lo abrazaba. Él siempre me agarraba primero. Pero, como he estado perdiendo la cordura y dándome cuenta de muchas cosas últimamente yo lo abrace.
-¿Estás bien, Ari?


-No realmente- ya estábamos en mi casa. Él no hizo preguntas en el camino, pero ahora supongo que tenía que saberlo.


-¿Qué paso? Te espere en la parada y nunca llegaste y después Ester me llamó y dijo que ustedes habían peleado y que solo corriste.


-¡Si lo hice! Pero fue algo bueno porque hable con mi subconsciente y la verdad no entendí del todo lo que me dijo, pero entendí lo del destino.


-¿De qué estás hablando?- dijo mientras se frotaba las manos entre sí.


-Tenemos que ir a ver a ese sacerdote.

Sé que no queres, pero tengo que preguntarle algo. Es extremadamente importante- dije mientras le tomaba de las manos para que dejara de frotárselas.


-Bueno, podríamos ir. He estado pensando en eso y repasando los libros del abuelo y encontré esto en su cuarto- dijo mientras me mostraba una vieja fotografía, de esas instantáneas. Podía ver a una versión más joven del abuelo de Javier y, sentado a su lado, estaba el viejo sacerdote que fuimos a ver.


-¿Se conocían?


-Eso parece. La encontré anoche y he estado pensando en esa oferta. No sé cómo conocía a mi abuelo, él nunca lo menciono. Pero, me di cuenta de que mi abuelo nunca me contó nada sobre su pasado. Ari, no sé nada de mi abuelo- aparto sus manos de las mías y se acostó en el sillón apoyando su cabeza en mis muslos- Pasaba mucho tiempo con él, pero nunca me habló de él.


-¿Y de que hablaban?


-Me enseñaba cómo combinar hierbas, tallar madera, me contaba todo tipo de historias. Me decía que debía aprender a concentrarme y a ser bueno. Todo era sobre mí, nunca nos enfocamos en él.


-¿Nunca le preguntaste algo? Yo siempre había querido preguntarlo porque se fue de Copan y vino aquí. Él hablaba de allí todo el tiempo, parecía que le gustaba mucho. Pero nunca le dije nada porque me daba vergüenza.


-¿Sabes? Yo también he querido saber eso, pero me daba miedo lo que podría contestarme. Le pregunte a mi mamá una vez pero ella dijo que no sabía. Ella era un bebé cuando vinieron acá. Pero me daba miedo porque mi madre siempre le decía a mi abuelo que dejará de enseñarme esas cosas, que eran solo brujerías.


-¿Qué tiene en contra de las brujerías?


-Le parece peligroso, pero nunca quiso explicarme porqué.


-¿Vas a aceptar ser el alumno de ese hombre?


-No sé todavía. Pero si vos queres ir a verlo, no me voy a oponer a acompañarte.
Estábamos frente a la casa del sacerdote, otra vez....

Era algo tarde, pero él había dicho que siempre estaba abierto. Era verdad, porque la puerta no tenía llave. Entramos, las luces no estaban encendidas y pronto encontré al sacerdote durmiendo en el piso de su sala.
Lo desperté con cuidado. Los ojos se le desorbitaron cuando me vio.