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Todos pensamos que nunca nos va a pasar y por eso nunca prestamos atención a las advertencias, uno constantemente ve en la televisión las pandillas, los violadores de los barrios o los asesinos en serie, las precauciones que deben tomar por nuestra seguridad no obstante siempre hacemos caso omiso de esto, siempre creemos que somos la excepción y que no nos pasara nada.

Por eso cuando escuché sobre los homicidios en la tv, sobre el “Asesino del Péndulo” cuyo hombre asesinaba a diferentes personas sin importar sexo, color, edad o religión y dejando siempre clavado un péndulo de piedra en el pecho de sus víctimas pareciendo una especie de firma enfermiza, yo, ingenuamente, ignoré todo esto y seguí con mi vida.

Una noche, volviendo a casa de la facultad, vi mi ventana abierta, lo cual no era de extrañar, con esta temperaturas en verano, todas las noches dejo que entre aire fresco “Seguramente olvidé cerrarla” Me dije a mi misma y sin preocupación. Ingresé a mi vivienda y me senté en la computadora para navegar en Facebook, cuando de golpe se cortó la luz. Completamente fastidiada, cansada por el sueño y la facultad, fui a revisar los fusibles, lo cual me dejó sorprendida al ver que ya no estaban.

Por suerte siempre tengo un par más en mi cuarto, así que decidí ir a buscarlos. Alumbrando con mi linterna para poder ver un poco por donde caminaba, llegué a mi cuarto, abrí el cajón del modular buscándolos, pero quede completamente shockeada ya que no sólo no estaban los fusibles, sino que, en su lugar se encontraba un péndulo verde...

Corrí desesperadamente a cerrar la puerta y colocar un mueble en ella y así, me quedé sentada en mi cama viendo el péndulo por horas, buscando una explicación lógica la cual siempre concluía en que no estaba sola.

Uno diría que el peor terror o miedo es escuchar golpes, alguien forcejeando la puerta, gritos, amenazas o algo de ese estilo de película de terror pero no es así… La peor tortura es el silencio, un silencio fuera de lo habitual del ambiente... Allí encerrada en mi propia prisión, me asusté incontables veces por el ruido del viento en la calle, visualicé más de una vez una sombra por debajo de mi puerta la cual al segundo desaparecía; me repetía a mi misma intentando no creer que enloquecí "En medio de la oscuridad, es probable que fuera mi imaginación.” Y al segundo “Yo sé que hay alguien, jamás tuve un péndulo ni nada de ese estilo. Además faltaban los 4 fusibles, esto no es coincidencia."

Y así pasaron las horas … años para mi, en ese torturánte silencio, sola con mis pensamientos, intentando escuchar algún ruido o algo que me diera indicio de que no estaba sola, pero este silencio invadía todo; alumbrada solamente por la tenue luz de la linterna, sentía que la oscuridad invadía mi cuarto creciendo, opacando mi poca luz y cordura. La habitación se achicaba, el pánico me invadía, cada segundo que pasaba me ponía más paranoica...debía hacer algo, tenía que salir de la casa, tenía que salir de ese cuarto. Seguí mi impulso ignorando mi instinto de supervivencia. Moví sutilmente el mueble, arrojé esa porquería verde y empecé a correr desesperada hacia mi living con el objetivo de tomar las llaves. Esta era mi única oportunidad de escapar de este infierno creado por mi propia mente, de esta paranoia, seguro esto era producto de mi imaginación.

Mientras corría sentí de golpe un dolor agudo en mis piernas, el cual ignoré pero instantáneamente caí al piso. En medio de la adrenalina no me molesté en fijarme que tenía e intenté ponerme en pie nuevamente sin embargo por alguna razón que desconocía caí nuevamente lastimándome el rostro con el piso; giré para ver porque me dolía tanto y no podía pararme...el ver que tenía mis piernas ensangrentadas con mis tendones cortados no me aterró, pero cuando lo visualicé a él, atrás de mi, apoyado cómodamente contra una pared con un cuchillo goteando en su mano izquierda, contemplándome en silencio se me vino el mundo encima.

No sé cuánto tiempo estuvimos observándonos, la única reacción que tuve fue intentar huir ya que en ese momento me di cuenta que no era paranoica, mí pesadilla era, y es real.

Me movía forzosamente por el suelo, clavando mis uñas en el piso para alcanzar la puerta mientras escuchaba sus lentos pasos atrás...(silencio) En ese momento sentí el frío cuero de su guante tomar mi hombro y bruscamente girarme como si fuera un papel; grité, créanme que grité con toda mi fuerza pidiendo ayuda mientras intentaba empujarlo pero sucedió lo que más temía… Mientras me miraba fijo a los ojos, colocó su brazo derecho dentro de su campera de cuero y sacó el péndulo verde. Al ver esto empecé a suplicarle que no lo hiciera, que me dejara ir, le ofrecí dinero, le rogué, pero apoyó su cuchillo en mis labios silenciándome y lo deslizo lentamente hasta mi cuello...

Habiéndome silenciado, colocó el péndulo sobre mi pecho, apoyando la helada punta de la piedra en mi piel y la levanto unos centímetros dejándola suspendida en el aire. Entonces fue cuando unas frías palabras salieron de sus labios mientras me observaba con una mirada diabólica y sádica

- ¿Esta persona merece morir?

Al decir eso, observé como el péndulo empezaba a temblar en el mismo lugar. Los ojos del individuo ya no observaban los míos sino que miraba fijamente el péndulo esperando algún tipo de reacción y se puso serio cuando el péndulo vibraba en su mismo lugar hasta que empezó a moverse… se movía con mucha intensidad. Se me congeló el corazón al ver como dibujó nuevamente esa maldita sonrisa sádica, cerré los ojos llorando a más no poder, sentí el leve movimiento de ese frío acero rozando mi cuello, deslizándolo lentamente... Pero al mismo tiempo colocó algo en mi mano, mientras me murmuró sutilmente al oído.

- Cuídala, pues te ha salvado la vida.- Habiendo dicho eso, retiró el cuchillo de mi cuello, no me animé a abrir los ojos pero escuchaba como sus pasos se alejaban de mi...