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La lluvia cae suavemente sobre mi rostro mientras vigilo la ciudad de nueva york desde la azotea de un lujoso hotel que no mencionaré, ya que sé que ella aparecerá en cualquier momento, seguramente en una lujosa limusina o algún coche lujoso. Lo sé, la conozco demasiado, ya que llevamos más de 5 siglos en una guerra personal entre ella y yo. Todo comenzó en la España del siglo XVII, y he de decir primero que soy un hombre lobo. Contrario a lo que dicen las leyendas de nosotros, casi siempre somos criaturas que viven y protegen los bosques, cazando solo animales y no humanos. Vivía con mi compañera en lo que es hoy la sierra de Madrid, antes de la de deforestación y corriendo libres. Aun la recuerdo, bella como un amanecer, incluso en su forma de licántropo, ya que adquiría un pelaje blanco como la nieve. Recuerdo cuando nos tumbábamos en la hierba y hablábamos hasta tarde, de lo mucho que nos queríamos, y de nuestro futuro. Aunque vivíamos con nuestro clan, cuando estaba con ella solo parecía que existiésemos nosotros.

Todo esto fue antes de que los vampiros fuesen a cazarnos como si fuésemos bestias inmundas. Recuerdo que el primero en caer fue un buen amigo mío, que fue alcanzado por una flecha de plata en la espalda, otros miembros de mi clan le cogieron y lo llevaron, los demás empezamos a correr. Yo iba junto a mi compañera cuando una flecha la alcanzó en la pierna, corrí a socorrerla enseguida, pero otra flecha me hirió en el hombro y caí junto a ella. Los chupa sangre enseguida corrieron a echarnos unas redes encima, yo traté de defender a mi compañera, pero empezaron a dispararme flechas envenenadas, y caí desplomado. Cuando desperté me encontraba en una jaula con mi amor acunándome, no podíamos convertirnos en forma de lobo, ya que nos habían puesto grilletes y collarines de plata que nos lo impedían. Llegamos a un castillo, que más que un castillo parecía una prisión, me di cuenta de que en otras jaulas había más miembros de mi clan encadenados. Nos metieron en las mazmorras, di gracias a dios de que me encerrasen con mi compañera.

-¿Por qué nos han encerrado?- Me preguntaba -no lo sé- le respondía con voz temblorosa

De repente oímos unos pasos, entonces apareció ella, una vampiresa, pero que inspiraba más temor que cualquier vampiro que vimos en esa fortaleza.

Caminando con las manos sobre la espalda, cada día elegía a uno de nosotros, que nunca volvía. Seguramente le sometían a algún tipo de horrendo experimento, ya que los vampiros siempre hacían eso con nosotros.

Entonces llegó el fatídico día: caminando entre las jaulas, veía que aquella vampiresa alzaba su mano señalando a mi compañera, entrando los guardias, me abalancé sobre ellos, que no pararon de clavarme armas hechas de plata, las cicatrices que tengo hoy en todo el cuerpo lo demuestran. Usé toda mi rabia, pero fue en vano. Se la llevaron, ella no paraba de llorar y patalear, y yo no hacía más que lanzarme contra la jaula en un vano esfuerzo por romperla, en mi forma de licántropo lo hubiese conseguido.

Pasé horas encogido en mi jaula, y apareció la vampiresa, poniéndose enfrente de mi jaula me dijo:

-Debes sentirte orgulloso, aguantó muchísimo gracias a vuestro amor, pero finalmente ha muerto en pos de la ciencia-

Desesperado, lancé un rugido de rabia y me volví a tirar contra la jaula hacia ella.

-Aunque escapases y vivieses conmigo, soy una vampiresa muy anciana, y a ti se te ve un licántropo joven... no podrías conmigo- dijo entre risas marchándose.

Me desesperé, deseaba morir, pero había un sentimiento que me mantenía vivo: venganza. Por eso empecé a golpear el colar de plata contra las paredes de mi jaula, como un animal salvaje. Tras varios golpes, empecé a notar que la cerradura cedía.

-¡Uno más!- pensé.

Me lancé a toda velocidad hacia la pared y conseguí abrirlo. En ese momento empecé a cambiar de forma y destrocé la jaula, liberando a mi clan y disponiéndome a ir a por esa reina de los condenados. Después de asesinar a unos cuantos guardias, di con su torre. Allí estaba, enseñando los colmillos como si me esperase. Sin mediar palabra me abalancé sobre ella, los 2 libramos una batalla, pero ella tenía razón, era demasiado fuerte... Aún. Me dio un golpe en la cara que me dejo ciego de un ojo y me marcó con una cicatriz alrededor de la cara. Comprendiendo que no podría derrotarla escapé no sin antes jurarle que la perseguiría hasta que uno de los 2 muriese.

Pasaron los años y me fui haciendo más fuerte, hasta que a mediados del siglo XIX volvimos a encontrarnos en parís, empezamos una cruenta batalla en la torre Eiffel en la que íbamos subiendo más y más alto. Sin embargo, esa victoria fue mía, ya que conseguí amputarle las piernas, aunque consiguió escapar arrojándose por la torre.

Tuvimos algunos otros encuentros, pero ya no era lo mismo, aunque era inmortal, no sería la misma sin piernas y siempre tenía que pelear con esclavos suyos, para que ella escapara.

Ahora estoy aquí, vistiendo todo de negro, con un jersey con capucha y veo llegar su coche. Ahí está, sale en silla de ruedas y mira hacia arriba, sabe que estoy acechándola. Pero hay algo distinto, no va nadie con ella. ¿Una trampa? no importa, estaba muerta desde el primer día que la tocó.

Me cuelo por la puerta de la azotea y sigo su rastro, espero compañía, pero nada... Entro en su habitación y la encuentro sentada, tomando una copa de sangre junto a la chimenea.

-Sabía que vendrías...- Me dijo -¿Dónde están tus lacayos?- la pregunté -No hay lacayos, se acabó, hay que terminar con esto- me dijo con la mirada perdida en el fuego. -Estoy de acuerdo- la contesté. -Me has hecho vivir 200 años como una inmortal tullida, no sabes qué es eso, yo que era una de los mejores de mi especie, me has reducido a un tronco con brazos- me dijo con pena. -tú me quitaste lo que más quería de este mundo, no esperes que sienta lástima de ti- la dije.

-Quisiera poder decir que siento lo de tu compañera, pero no puedo, los vampiros no tenemos alma, hice lo que hice y me gustó, nada nos afecta ni nos define, tal vez por eso os odiemos tanto.

-¿A qué te refieres?- Le pregunté

-Tenéis una maldición similar, pero conserváis vuestra alma, lo que os hace humanos y bestias al mismo tiempo, nosotros carecemos de eso, pero sentimos dolor y angustia, como yo por estar confinada a esta silla de ruedas.

-Eso es solo una razón más por la que deberíais extinguiros- le respondí

-Sí, cumple tu venganza, y mátame ahora

Me acerqué a ella, iba transformándome poco a poco, pero me di cuenta de una cosa, ella lo deseaba, deseaba la muerte con todas sus fuerzas.

En ese momento paré la transformación, y la dije estas palabras:

-Durante 4 siglos he esperado hacerte sufrir tanto como lo hice yo, supuse que lo más valioso para un vampiro era él mismo, así que intentaba matarte una y otra vez, ahora me doy cuenta de que ya estás sufriendo... Y yo no te liberaré de tu carga. Considera nuestra guerra terminada, si quieres morir, hazlo tú misma.

En ese momento salí de la habitación, ella no paraba de gritar, diciendo que debía matarla, que cumpliera mi venganza, de lo que nunca me di cuenta, es de que lo hice hace 200 años.

Cumplido mi objetivo, ahora no sé qué hacer, mi clan se extinguió hace tiempo, y tal vez sea hora de reunirme con mi compañera.