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Despertó… Sentía como si algo le estuviera acechando, y sin la posibilidad de recordar su sueño y sin la credibilidad que le tenía a los monstruos de debajo de la cama. Se levantó, caminó hasta la otra habitación, cuestionándose como siempre, porque había puesto la entrada de una habitación en otra habitación.

El monstruo salió de su cama. Apenas lo notó, salió corriendo a la calle, la calle de un pequeño pueblo a las 4:00 a.m., obviamente vacía. Corría desesperadamente, no porque le temiera al monstruo, ni porque le aterrara lo que podría hacerle, más bien porque le tenía asco. Corría y corría. Entonces tropezó.

Sabiendo entonces que era el fin, vio que el monstruo se deslizaba por la calle, impulsado a la velocidad que brindarían 8 brazos a 2 torsos humanos. Supuso entonces que, sin importar cuánto luchara, no podría levantarse a tiempo para seguir corriendo. Decidió quedarse tirado, pero aunque hubiera cambiado de idea, el monstruo lo atrapó. Aún estando muerto pudo observar cómo le arrancaba su cabeza y reía arrogantemente.

Despertó… Sentía un escalofrío constante, por alguna razón decidió asomarse bajo su cama. Encontró un par de sandalias que luego usó para caminar al baño, sin saber por qué; tenía miedo de que un monstruo le atacara en el instante que cerraba los ojos para lavar su cabello, pidió a su esposa que le acompañara y así lo hizo.

Cerró los ojos tranquilamente ante la mirada alegre de su mujer y dejó de pensar, en ese momento, aunque hubiera sospechado y los hubiera abierto, el monstruo salió de la boca de su esposa sonriente y se lanzó hacia su cabeza. Aún muerto pudo suponer como el monstruo devoraba sus ojos.

Despertó… Por alguna razón decidió no bañarse esa mañana. Hacía demasiado frío y no quería enfermarse. Se convenció a sí mismo, a pesar de que en el fondo tuviera el tremendo miedo de encontrarse con un monstruo asqueroso, decidió salir a correr. Durante su descanso una anciana dejó caer una moneda, y a pesar de que estaba aterrado de perder de vista el frente, decidió que su inexplicable miedo era insignificante. Cuando se agachó, un monstruo salió de debajo de la banca de parque sobre la que estaba sentado. Salió corriendo.

Sin embargo, el monstruo iba demasiado rápido como para escapar de él; estando cansado, supo que aunque hubiera cambiado de opinión, ya era demasiado tarde para volver a correr. El monstruo lo alcanzó y le devoró la mitad de la cara en un instante. Pudo notar cómo el resto de su cuerpo era absorbido con placer.

Despertó… Tomó las chanclas de debajo de la cama, sin saber cómo, supuso que estaban allí. Se colocó su uniforme de deportes, para luego recordar que se había saltado el baño, pero sin el deseo de hacerlo salió. Decidió no descansar y regresar rápido a casa para el almuerzo. Sintió entonces un miedo de volver a su hogar, corrió a la plaza comercial “para hacer algo más de ejercicio” y no pudo resistirse a comprar un rifle. Regresó a casa con su anormal mercancía y le disparó a su esposa sin pensarlo. Aunque se hubiera arrepentido, su esposa ya estaba en el suelo. Se sentó a descansar de correr de más esa mañana.

Despertó... La mañana era un poco fría, ese día no quiso levantarse, se sentía culpable... En el fondo de sí mismo deseaba matar a su esposa.