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Parte I Funeraria

«Imbéciles» pensó Joe mientras veía a todas las personas a su alrededor. «Estupidos imbeciles».

Sin duda lo eran pensaba Joe Hillman para sus adentros, todo había marchado mejor de lo que pudo esperarse; Mientras Joe se regocijaba en su interior veía como la pareja Williams, sus vecinos, se acercaban lentamente con paso acongojado hacia él a través de la funeraria.

-Joe… Sentimos mucho tu perdida- Dijeron casi al unísono con una expresión de tristeza y lástima.

Joe con una falsa melancolía, le costó un poco no soltar una carcajada en frente de todos los presentes, pero logró contener este sentimiento, no había llegado tan lejos para arruinarlo todo al final.

-Gracias a los dos- dijo mirándolos con lágrimas forzadas en sus ojos.-gracias a los dos por venir en este momento tan difícil.

Había sido un momento difícil, sí, pero no por lo que todos los presentes esperaban, la muerte de Rebecca Hillman había sido un duro golpe para todos aquellos que la conocían, mas no para su esposo.

Luego de que la pareja Williams se apartara después de darle una vista fugaz al ataud, Joe volvió a hundirse sobre su felicidad, esperando acabar con todo aquel teatrito pronto para volver a casa donde sin duda pasaría una velada maravillosa llena de tranquilidad y cero remordimiento.

Lo más difícil de esa tarde fue tener que tratar con la madre de Rebecca, la mujer estaba apenada, pero no lo culpaba por el accidente que mató a su hija, no podía, nadie podía y eso para Joe era lo que más alegraba de todo.

«Si tan solo supieras vieja estúpida» pensaba mientras miraba con una mueca de triunfo hacia la madre, pero rápidamente cambio su expresión, no podía dejarse dominar por la felicidad, todavía no o todo se iría al diablo.

Rebecca Hillman había caído por las escaleras de su propia casa 3 dias antes, en la caída sufriendo una rotura en su cuello que la mató casi al instante, un accidente trágico, suponiendo que fue un accidente, pero este “accidente” fue más premeditado de lo que nadie se pudo esperar.

Joe Hillman un hombre corpulento, de ojos negros y poco pelo sobre su cabeza, trabajaba en el basurero municipal desde que tenía 30 años, ya con 40 las cosas no habían mejorado ni un poco desde que se encargaba del manejo apropiado de los desechos tóxicos.

Rebecca por otra parte, de cabello negro y ojos verdes con una expresión de compasión en su rostro, tenía el don artístico, su trabajo y pasatiempo era pintar, hacía cuadros de todo tipo y era muy buena en ello, conocida localmente y casi nacionalmente por variedad de personas, era gracias a esta que los Hillman llevaban una vida medianamente lujosa, sin sobrepasarse de extravagancias, excepto por los propios cuadros que ella tenía en casa.

El plan fue sencillo, tirar a esa engreída por las escaleras, con un poco de suerte ella moriría en el acto y si no, pues el se encargaria de que lo hiciera, pero no hizo falta, la caída fue fatal.

Lo que ocurrio despues fue mas sencillo, una llamada al hospital de alguien frenético que dice haber escuchado un ruido, momentos después encontraba a su esposa tirada en el suelo al lado de las escaleras.

Joe se aproximaba al ataúd abierto para mirar una vez más el rostro de su tan querida esposa.

«Oh cariño» pensaba Joe «si tan solo me hubieras escuchado»

A Joe jamás le sentó bien que su mujer fuera artista, ella llevaba los gastos, haciéndolo ver como un mantenido y peor aún, según él, como alguien por el que toman todos como el sexo débil de la relación.

Luego de mirar un rato más el rostro inexpresivo de su esposa decidió terminar con el asunto de una maldita vez, con un rostro lleno de tristeza simulada, paso todo el proceso hasta su debido entierro, tuvo que aguantar las palabras de ese maldito padre ebrio, según decían, y los lloriqueos de la mayoría de las personas presentes.

Hasta que finalmente fue el momento de ir a casa, el último paso del plan, quedarse unos cuantos días en casa, simular luto un poco, recibir mensajes de aliento y esperanza y luego finalmente podría largarse de una vez, quizá a canadá, u otro lugar donde empezar de nuevo, con todo el dinero de su esposa, por años de trabajo en el mundo del arte.

Con este pensamiento se encaminó a casa tomando un bus a unas cuantas calles del cementerio, el automóvil ya lo había vendido unas semanas antes.


Parte II sueño nocturno

El umbral de la casa era dado por una puerta de madera recién instalada, con las ventanas amplias, paredes de cerámica limpias y un techo en forma de V invertida, una casa de lo mas hermosa.

«Sin duda me darán un buen dinero por ella» tenía en la mente mientras observaba la casa que su esposa había comprado hace ya unos años.

Ni corto ni perezoso se dispuso a entrar a su hogar, dejando las llaves en la mesita al lado de la puerta como siempre, cerró todas las cortinas y se preparo unas cuantas hamburguesas, no había comido nada ese dia, pues necesitaba verse más pálido para disimular su dolor por su pérdida.

Su mente repasaba todas partes de la casa y por cuanto podría vender cada parte, la cama matrimonial, el comedor de madera tallada y muchas otras pertenencias pero lo que mas pensaba seria en cuanto podria vender los cuadros de su difunta esposa, había dos en casa, uno colgado de la cama matrimonial que compartía con su esposa todas las noches, y en el piso inferior en el estudio de Rebecca.

luego de hacer un par de hamburguesas se dispuso a ver televisión hasta pasada la media noche, y luego decidió irse a la cama sin prestar atención siquiera al cuadro de su esposa.

Estaba viviendo en una lujosa casa cerca de la playa, aunque no podía recordar qué playa exactamente, Joe se levantaba perezosamente de su cama y al volverse vio a una chica semidesnuda recostada en el lado izquierdo de su cama, se daba la gran vida luego del asesinato de su esposa, bajó a la cocina, una cocina grande del tipo que solo se ven en televisión, como el concurso que veía la noche que enterraron a su mujer.

Pasados unos minutos luego de tomar un poco de café decidió volver arriba, donde se encontraba aquella chica tan hermosa que suponiendo era su nueva esposa, al cruzar la puerta la vio de espaldas mirando por la ventana, se había hecho de noche de repente, pero Joe no se percato de eso.

-Amor mio ? - dijo este con una voz entusiasta pero ella no pareció responder.

Se acercó a ella lentamente pero al ver que esta giraba hacia él se detuvo, lo que vio en su rostro lo horrorizó. Lo que antes eran unos hermosos ojos azules ahora eran unas cuencas vacías, cayendo sangre a borbotones, los dientes tan perfectamente cuidados estaban podridos pero le sonreían.

Joe ante tal horror se echó para atrás buscando a tientas la puerta con una mano, sin dejar de mirar aquel rostro asqueroso y repulsivo, observando cada vez más el foso negro que tenía por ojos aquella cosa.

Volteo un instante para encontrar el pomo de la puerta con desesperación, al mirar a aquella cosa su cuerpo se petrifico de repente, ya no era la chica hermosa semidesnuda de la mañana, era Rebecca con sus ojos verdes inyectados en sangre, la cabeza tirada a un lado mostrando su cuello roto, sonriéndole, penetrando su alma con aquellos ojos sangrantes.

Y su boca soltó en un susurro mientras miraba a Joe - Amor mio.

Joe profirió un alarido de terror y de repente todo se puso negro, Dando gracias Joe se dio cuenta que acababa de despertar.


Parte III  3:33 am

Joe despertó desorientado, sudoroso y con un temblor que recorría todo su cuerpo, la hora indicada por el reloj sobre la mesita de noche daba las 3:33 am aunque Joe no se fijo en eso, lo primero que hizo fue levantarse e ir corriendo hacia el baño que había al lado de la habitación, vomitó, sentía aún el terror de semejante pesadilla pero ya iba menguando.

De pronto escuchó el ruido del agua caer sobre dónde se hallaba su cama, avanzó lentamente para ver qué sucedía pero en la penumbra no veía casi nada, encendió la luz y observó el cuadro de su mujer, un barco en altamar bajo aguas muy salvajes que amenazan con hundirlo.

Por un segundo le pareció que se movió, pero al momento lo confirmó, el barco se movia entre las olas, Joe creía que aun estaba dormido pero no podía ser, todo se sentía tan real, tan vivo, de pronto el agua azul de la pintura se tornó roja, como si toda el agua del mar fuese reemplazada por sangre.

El horror de Joe era cada vez más grande, la sangre empezó a salir de la pintura, cayendo por las paredes cada vez saliendo mas y mas sangre cubriendo el suelo, Joe se abalanzó sobre la puerta para bajar al vestíbulo y salir corriendo de aquella casa infernal pero la puerta estaba trabada.

El cuadro no dejaba de emanar sangre por todas partes de la habitación, el barco ya no era blanco sino negro, corroido por el tiempo, la sangre seguia y seguia saliendo.

Joe en su desesperación se lanzó contra la puerta de madera fina, atravesando esta con su cuerpo, no paro a pensar en el dolor punzante que sentía en su abdomen tras la embestida, ni le importaba.

Bajó corriendo hacia el vestíbulo pero la puerta estaba cerrada a cal y canto, aquella puerta no podría embestirla, era demasiado resistente, trato de correr a la cocina pero se veían ya borbotones de sangre en esta, el terror lo envió cada vez más hacia atrás y sin darse cuenta estaba en el estudio de su esposa, y la puerta se cerró de repente.


de pronto su cuerpo quedó congelado al ver el segundo cuadro de su esposa.

Una casa vieja, hecha de madera podrida, ventanas rotas y un césped negro, calcinado por el fuego, era su casa, o una visión macabra de lo que era su casa, esto no fue lo que lo aterró del todo, sino la persona que estaba parada junto a la entrada de aquella casa consumida por el abismo, era Rebecca, lo observaba con ojos furiosos, pero con una sonrisa tan ancha que llegaba hasta las orejas.

Joe profirió tal alarido que despertó a todo el vecindario.

-largate de aqui!!! - grito Joe desesperado cubriéndose los ojos con ambas manos- Déjame en paz!.

De pronto sintió que todo había pasado pero aún tenía las manos sobre sus ojos arrodillado ante la pintura de su difunta esposa, bajo las manos con la seguridad de que todo había sido solo una ilusión de su cerebro por todo lo que había pasado.

Pero al hacerlo sus ojos casi salen de su rostro.

Su esposa estaba frente a él, mirando con furia asesina hacia el que alguna vez fue su amado esposo.

-Ven amor mío- dijo ella sonriéndole mientras clavaba sus manos en los tobillos de su esposo arrastrándolo hacia la pintura.


Nadie supo qué pasó en realidad, los vecinos Williams escucharon los alaridos provenientes de la casa del señor Joe Hillman y de inmediato llamaron a la policía.

Fue un acontecimiento extraño porque no se descubrió nada inusual en la casa, solo que el señor Hillman había desaparecido, lo único que se encontró fue en el estudio de la que era su esposa Rebeca, en el suelo había marcas de arañazos que llevaban hasta la pared donde se expone un cuadro bastante grotesco, una casa destrozada por el tiempo, hundida en la penumbra, con un hombre y una mujer en la puerta de esta.

Fin.