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A veces me siento quieto, leyendo estas historias. Ya este en la cama, en el sofá, en mi escritorio o incluso en el baño, siempre estoy quieto.

Me absorto esperando ese siguiente detalle que se que no será agradable. Llego finalmente a ese punto de la historia que me hace estar ansioso. Y encontró mi respuesta emocional. Siento cierto grado de miedo, tristeza o incluso disgusto. Si me afecta más de lo normal, puede que la vuelva a leer y piense sobre ella. Luego busco la siguiente. Estoy entretenido.

Así que tras horas de esta rutina, mi pregunta ya no es “¿Cómo alguien puede hacerle esto a otro ser humano?”

No, ahora se trata de una pregunta dirigida hacia mí mismo, así como al resto:

“¿Cómo es posible que alguien lea todas estas oscuras y retorcidas historias de violación, asesinato y enfermedades mentales? ¿Por qué disfrutamos de todas estas tragedias?”

Todas estas cosas que no podemos ni imaginar que nos puedan suceder a nosotros mismos o a nuestros seres queridos. Pero que sin embargo, aquí estamos, sentados muy quietos, preguntándonos cual será el siguiente horror que nos sorprenderá después.

Y eso me lleva a esta noche, sentado todavía. Habiendo devuelto a mi precioso bebe de vuelta a la cuna tras mecerlo para volver a dormirlo. Sonriendo al pasar delante del dormitorio y ver a mi bella esposa durmiendo pacíficamente. Cierro el portátil y miro el destello de la luna en la larga hoja del cuchillo sobre la encima, y por primera vez, pienso en lo fácil que sería…

Es por eso por lo que leemos.