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Esto le ocurrió a un amigo hace ya varios años, y vaya que no lo olvidaré.

Fred, aparte de ser mi mejor amigo, era un fan de Pokémon sin límites. Tenía montones de cartas, había finalizado montones de juegos sin ocupar cheats y tenía un sinfín de Pokémons.

Pero a lo que va realmente este relato es a como perdió la cordura por uno, uno realmente satánico.

Era una mañana común para mí, me había despertado a las 6:30 como siempre. Había desayunado, preparado mis cosas y tomado el Bus para llegar al colegio lo más puntual posible, puesto a que en la semana no había llegado de lo más temprano, por así decirlo. Llegué unos 10 minutos antes, por suerte. Ya ahí, me fui a buscar a Fred, uno de mis amigos y sin duda, el mejor. Éramos muy parecidos; a ambos nos gustaba Pokémon, el fútbol y la lasaña. Por fin caminando lo encontré, pero a decir verdad, pareciera como si él me hubiera encontrado a mí. Estaba de lo más emocionado, me comentó que habían introducido un Pokémon secreto, y que este era una nueva versión de Porygon.

Yo no estaba muy asombrado, pero decidí seguirle la corriente para que no se sintiera mal. Me invitó a su casa luego de la escuela para intentar conseguirlo, y yo por supuesto, cedí. Y así el tiempo pasó, las horas de clase finalizaron, y tocaba ya ir a casa de Fred a ver si podíamos conseguir el Pokémon y divertirnos un rato aunque no pudiéramos atraparlo. Salimos juntos de la escuela y caminamos hacia la casa. Por el camino estuvimos hablando del nuevo Porygon, de que podía hacer, donde se encontraba y demás cosas por el estilo. Llegamos al fin, Fred puso la llave en la cerradura y abrió la puerta. Había un silencio algo escalofriante en la casa. Mi amigo me explico que sus padres se habían ido por un rato al cine para ver una secuela de su película favorita, que es la que vieron al conocerse.

Después de que terminara de entender la razón de que la casa este vacía, subimos las escaleras hacia la habitación. Al subir, Fred encendió la Nintendo e introdujo la edición “Perla” del juego. Yo le pregunté si estaba seguro de que ahí se podía encontrar el Pokémon secreto, y él me aseguró que si, que había leído antes en Internet. Me quedé esperando a que el juego iniciara, cuando Fred me dijo que investigara en la Web donde se podía encontrar. Esto me confundió un poco, puesto que si él había leído sobre el Pokémon, tendría que saber donde estaba, pero no le di mera importancia y comencé a buscar. No encontraba nada, seguía bajando y bajando, cambiando el número de pagina, pero no había caso. Hasta que al fin, leí algo que podría estar relacionado.

El titular decía “Porygon 666” y como hasta el momento no existía esa evolución de Porygon, decidí entrar pensando que era lo que buscábamos, y en definitiva, así lo era. Era una página web con un diseño pobrísimo, tenía el fondo negro, y lo único que se podía clickear, era un enlace que decía “Captúrame”. Lo clickeé y me llevó hacia una sección que tenía un texto en Japones. Me dirigí al traductor y pegué el texto, que luego de ser traducido, podría haberse tratado de unas instrucciones sobre cómo capturar a tal Pokémon. Le avisé a Fred lo que había encontrado y una sonrisa de ilusión se le dibujó en el rostro. Fui hacia la cama, que es el lugar donde estaba jugando, y le leí las instrucciones, puesto que él tenía un computador portátil.

El primer paso era dirigirse hacia la Torre Lavanda usando vuelo, si lo hacíamos caminando no iba a funcionar. Mi amigo le ordeno a su Pidgeot que usara tal movimiento para ir al lugar deseado, y en un santiamén nos transportó ahí.

Leí el segundo paso, el cual era meterse a la Torre y salir rápidamente. Había que repetir esto unas cuantas veces, hasta que las melodías se convirtieran en una sola, y completamente diferente. Hicimos esto unas 9 veces hasta que funcionó. En ese entonces ya estábamos llorando de la alegría, pero yo me detuve para seguir leyendo. El tercer paso era meterse a la Torre y pelear con 6 Cubones, había que huir con 5 y matar al 6º. Lo hicimos al pie de la letra. El cuarto paso era decir al micrófono las siguientes palabras: “odnuforpsamolasonavellsoinomedsoledsoidnogyroP”.

Muy extrañados por la frase, obedecimos. El elegido para decirlo era Fred. Balbuceó la palabra frente al micrófono. Al terminar, esperamos un buen rato, pero nada pasaba. Estábamos por rendirnos, hasta que una irritante melodía comenzó a sonar. El computador se apagó repentinamente, y en el juego un mensaje había aparecido. Este decía “Se quién eres, y de esta no te salvas”. Nos mirábamos con una expresión de extrañes en nuestra cara, que muy pronto se convirtió en una de terror. La Nintendo se apagó también, pero a los diez segundos se reinició. Lo más raro es que al reiniciarse, instantáneamente se inicio Pokémon en la Torre Lavanda, como lo habíamos dejado. El miedo se había apoderado de nosotros, tanto que intentamos apagar la Nintendo, pero esta no reaccionaba.

Miramos a la esquina superior y vimos la batería que quedaba. Nos tranquilizamos, puesto a que quedaban unos pocos minutos de energía para que todo acabara. Pero esa sensación duro por poco tiempo, ya que un nuevo mensaje había aparecido en la pantalla. Este decía: “Eso no será un problema. Nada te salvará”. Repentinamente el icono de la batería se lleno hasta el tope. Nuestra desesperación era increíble. Tratamos de abrir la puerta e irnos corriendo de allí, pero estaba cerrada. Le pregunté a mi amigo si él había hecho esto, pero se negó. La otra opción era saltar por la ventana, el único problema era que estábamos demasiado alto, y podíamos lastimarnos o incluso morir por un simple videojuego. Fue hasta ahí que nos dimos cuenta que ya no había más camino por seguir. Había que terminar por capturar el Porygon y librarnos ya de todo esto. Volvimos hacia la Nintendo dispuestos a continuar, pero esto no iba a estar fácil, puesto que el computador se había quemado y no teníamos las instrucciones. De todas formas, esto no nos detendría.

Fred agarró la consola y comenzó a mover al personaje. Había pocas opciones de movimiento disponible, solo podíamos avanzar por un camino, el cual era un pasillo y estaba completamente teñido de un color rojo oscuro. Nuestros corazones latían a un ritmo impresionante y a medida que avanzábamos por el pasillo se escuchaban unos sonidos imposibles de descifrar. Seguíamos avanzando pero mientras más lejos íbamos los sonidos se iban amplificando, y era fácil escuchar que decían. Nos dimos cuenta de que estos eran unos sollozos acompañados de gemidos, también algo inquietante era que estos provenían de voces de niños. Tanto nos perdimos en nuestros pensamientos que no nos percatamos de que el pasillo llegaba a su fin. Al final, había una extraña sala sin iluminación, toda negra. Pero se podía distinguir una figura rojiza en el centro. Seguimos caminando, y los sonidos se escuchaban más y más fuertes. Estábamos a muy poca distancia de esa figura, los sonidos habían llegado a tal punto de ser irritantes, pero el mismo juego tenía razón, de ahí, no había salida. Lo único que quedaba por hacer era continuar y caminar los pocos pasos que quedaban para tocar a la silueta. Lo hicimos y nos chocamos contra ella. Lo que más nos sorprendió es que al tocarla se inició un combate. El enemigo era un Porygon en ruinas, con marcas de sangre y los ojos negros. No se veía como uno común, la diferencia era que este tenía unos dientes filosos que chorreaban una mezcla de saliva y sangre. Abajo, en donde supuestamente aparece el texto del combate, solo habían símbolos ilegibles.

No nos quedamos esperando y comenzamos a luchar. Mi amigo sacó a Torterra de la Pokéball y atacó con Recurrente, un movimiento que golpeaba al enemigo varias veces. Para su suerte, pudo propinarle 5 golpes seguidos. Por cada golpe que recibía, el Porygon emitía una especie de grito. El ataque había funcionado a la perfección. Extrañamente el contrincante había perdido muchísima salud con el movimiento, tanto que al menos dos golpes más lo dejarían fuera de combate, pero lamentablemente era el turno del Pokémon adversario. Este había atacado a Torterra con una especie de grito, que parecía real, puesto a que se escuchaba como si alguien lo hubiera hecho en la habitación. Porygon terminó por matar a Torterra, pero Fred no se dio por vencido y lo curo con una Hiperpoción. Pobre de él. Luego de curarlo me mencionó que, aunque esto de miedo, era la única posibilidad que había de capturar al Porygon. Completamente alterado le pregunte si se había vuelto loco, pero él me ignoro y se apresuró a lanzarle una Pokéball, logrando capturarlo al primer intento. La Nintendo se quemó luego de eso, y mi amigo no podía creer lo que había pasado. Estaba entre el miedo y la felicidad. Yo estaba agotado, el corazón me latía como una bomba y las piernas me temblaban por el terror. Le avisé a mi amigo que bajaría a buscar un vaso de agua a la cocina. Él ni se inmuto en responderme, así que, con total libertad, bajé. Aproveche ese tiempo para ponerme a pensar la razón por la cual los padres de Fred aún no volvían.

Miré mi reloj y me sorprendí al ver que eran las 12 de la madrugada. No lo podía creer, ¿Cómo mis padres no me habían llamado en tanto tiempo? Algo definitivamente andaba mal. Luego de tomar el vaso de agua, estaba entre dos opciones. Irme a mi casa, o quedarme con mi amigo. Pero no tuve tiempo de elegir, el estaba detrás de mí con un cuchillo entre las manos, dispuesto a matarme. Salí corriendo hacia la puerta principal, pero fallé al intentar abrirla, puesto a que estaba trabada. Mi amigo caminaba con total paciencia hacia mí, como si estuviera totalmente seguro de que iba a lograr su objetivo. Por la desesperación, no me percaté de que Fred no tenía sus ojos, en su lugar tenía unas cuencas rojas que chorreaban sangre, al igual que su boca. No me dejé atrapar así de fácil, salté por la ventana rompiéndola en mil pedazos, y haciéndome daño, pero nos más daño del que me habría hecho Fred.

Porygon-depresivo

Salí corriendo hacia mi casa, el miedo era mi combustible que nunca se acabaría. Al llegar, mis padres me reprendieron de una forma brutal.

-¡Tu madre te estuvo buscando por todos lados, hasta llamó a la policía!

-¡Y resulta que el señorito no quería atender el teléfono!

-¡Te ganaste un castigo de 1 año entero, sin Nintendo, computador ni televisión!

Mientras ellos seguían discutiendo conmigo, trate de excusarme diciendo que no me habían llamado jamás, así que saqué mi celular y para mi sorpresa, estaba quemado. Esa noche me mandaron a dormir sin cenar. Pero la realidad es que no podía dormir. Me preguntaba si los padres de Fred habrían llegado ya, pero unos descontrolados gritos me indicaron que ya lo habían hecho.