Wiki Creepypasta
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Yacía en su cama Luciano Acevedo, un chico con apenas 15 años de edad, pelo corto y portador de un aspecto levemente demacrado.

Nació en el seno de una familia acomodada. Creció en un ambiente de constante consentimiento por parte de sus padres. Acorde fue creciendo, fue presenciando diferentes peleas entre ellos que Luciano más crecido pero tampoco tan consciente no entendía por qué, él sólo observaba. 

Dichos encuentros no muy constructivos carecían de armonía. 

Pasaron los años, Luciano ya iba al colegio, sus notas eran bastante buenas, aunque cuando Luciano les mostraba las notas a sus padres, éstos no parecían reaccionar de ninguna forma, como si no les importase, cosa que Luciano sí pudo notar. En una ocasión, en la que él estaba haciendo sus deberes cuando oyó de nuevo una discusión entre sus padres, y fue ahí cuando decidió espiarlos. Según lo que escuchó (más los opacos recuerdos que tenía de las peleas anteriores que presenció), el motivo de tantas peleas era por problemas económicos debido a los excesivos gastos que los dos habían realizado (en cierta parte para consentir al chico). Eso fue lo único que pudo escuchar en aquella situación. 

Pasaron algunos años, y las peleas habían disminuido considerablemente, pero no estaban completamente erradicadas. Luciano ya contaba con 12 años y fue enviado a otra escuela, ya habiendo terminado la primaria en su antiguo colegio, para comenzar la secundaria en un ambiente desconocido, con compañeros nuevos y profesores nuevos, cosa que a Luciano le provocó un poco de miedo e inseguridad. 

Luciano en su primer día de actividad escolar tuvo muy poca interacción con sus nuevos compañeros, al sentirse incomodado al ver la mirada penetrante con la que lo miraban. Esto le provocó mucha más inseguridad al creer que no fue aceptado por los demás, y lamentablemente no estaba equivocado.

Los primeros indicios de burla empezaron a relucir en las primeras semanas de clase, cuando se le burlaban de ser austero, juntarse con unos pocos, por esmerarse en sus estudios (cosa que entendió que se burlaban porque no se parecía a ninguno de los chicos), hasta se le burlaban porque no le gustaba el fútbol. La violencia física no tardó en comenzar, llegaba con algunas contusiones en distintas zonas del cuerpo. Sus padres no es que no percibían el abuso, no les importaba.

Ellos habían vuelto a pelear por una razón que a Luciano ya no le importó, ya estaba muy consternado con lo que le ocurría. Los meses pasaban y el abuso estaba ahí, siempre. No podía hacer trabajos grupales por lo complicado que le era buscar alguien con quien hacerlo, casi siempre los hacía con los mismos compañeros.

Por si había sufrido poco, las peleas entre él y sus padres también empezaron... solamente porque Luciano no sabía defenderse, lo que provocó agresiones tanto verbales como físicas por parte de su padre y madre. Tenía formas de calmarse, como salir a caminar por la ciudad (siempre con el miedo de encontrarse con los chicos/as que le hacían daño), leer y escribir canciones. Con el paso de escasos años, éstas se fueron volviendo ineficientes a raíz del incremento exponencial de su sufrimiento y las contingencias del día a día. Estaba cansado.

Lo que hubiese sido un día normal en su escuela se volvió un tormento.                                               

Sus compañeros lo esperaban en el salón de clases para burlarse de él, el pan de cada día por el que no rezó.

En una combinación de emociones severa para cualquiera, no lo pensó ni un minuto y decidió golpear a uno de ellos... su furia, exasperación, agonía, todo el dolor que le infligieron durante este tiempo se vio en los puños de Luciano y en la sangre derramada de sus agresores. Los acometedores de la constante angustia de Luciano, déspotas por naturaleza, no dudaron en victimizarse. Aunque para varios el hecho de que el chico, sumido en una amargura y desasosiego, haya golpeado a los bravucones generadores de su desprecio por la vida, sea algo inadmisible o indisciplinado, siempre es bueno que los matones prueben de su propio pastel envenenado. 

Sentía un gran vacío, al grito de cientos de alumnos repudiando su acción:

-¡Ese chico está loco! ¡Maldito descerebrado!- eran algunos de los comentarios de los compañeros que pasaban por allí.

El llanto de Luciano ya no fue creído por nadie.                                          

Sus acciones le valieron una sanción con duración de 3 días y un trabajo práctico acerca de convivencia. Los agresores, encargados de importunar a Luciano prácticamente desde que llegó, en medio de las clases y en los recreos, torturándolo psicológicamente a través de la exclusión, acoso verbal y físico, apoyado por los demás compañeros para no padecer lo mismo que él,  ahí como si nada.

Los padres de Luciano se encontraban enfurecidos por lo que había hecho, ya que lo que hizo no estuvo bien (sus padres fueron los que se encargaron de enseñarle a Luciano a defenderse de la peor manera, pegándole a él para que él se defienda como mejor pudiera. Incentivaron esto en su mente, aunque luego, cuando ejerce la fuerza en su defensa, ellos se enojan... antífrasis.)

Mentalmente hablando, el chico se encontraba entristecido y expectante ante la constante disputa entre sus progenitores, los cuales estaban ya más distanciados, al borde del divorcio, cosa que suponía una tristeza inmensa debido a que, a pesar de ser el incomprendido de la familia, los ama, enceguecido por el hecho de que son los más cercanos a él aunque a éstos ya no les importe su hijo.

Seis de la mañana, Luciano se levantó de la cama, para él, comenzaba  de nuevo, como todos los días por desgracia, la tortura a la cuál unos pocos muchos le dicen “rutina”. Antes de colocarse la mochila, se despidió de sus padres... por última vez.

Nada que no haya sido mencionado ocurrió ese día en el colegio, las mismas cuatro o seis horas de obligaciones que conllevan las distintas materias y esa constante burla, directa o indirecta, pero que siempre está.

Le tocó, como es de costumbre, volver solo a su casa, caminando con la cabeza baja. Entró a su hogar y ni bien ingresó a la misma percibió un mal olor ni bien entrar. Recorrió un poco la casa para indagar, no halló nada en el living ni en su habitación. El único lugar donde pudo encontrar algo fue en la cocina, donde pudo descubrir un cuchillo con la punta doblada.

La vida de Luciano cambiaría estrepitosamente luego de ver aquel cuerpo en la cama matrimonial de sus padres, boca abajo. 

Era su madre.  

El chico al dar voltear dicho cuerpo, observó una incisión muy profunda en la zona del abdomen. Era tan profunda que se podían ver algunos tejidos. 

Luciano, con la respectiva conmoción e impacto de la situación aunque fuerte, observó detenidamente el cuerpo para observar si había otros signos de violencia, encontrando solamente algunas heridas cortantes en el antebrazo. Estas heridas estaban repartidas en tres heridas horizontales y otras dos verticales.

El chico se vio obligado a salir del lugar, con lágrimas en los ojos, a salir de la habitación debido a que no quería ver esa obscena escena otra vez, sin saber que su padre estaba en el comedor.

El padre del chico se encontraba sentado en una de las sillas con la cabeza apoyada entre la ventana y la cortina, con heridas cortantes profundas alrededor de una de sus manos, al punto de que no habría que hacer mucho esfuerzo para despedazarla, y también en la zona del antebrazo, y de casualidad, de la misma forma en que su madre las tenía. Luciano, inmerso en su agobio, solo pudo deducir que las heridas fueron auto-infligidas. Sobre la mesa permanecía una hoja de afeitar oxidada. 

Luego de percibir ese ambiente desolador llamó a una ambulancia y a la policía.

Acudieron al lugar casi de inmediato y procedieron los médicos llevándose los cuerpos a la morgue, mientras que la policía le tomaba indagatoria a Luciano, el cuál contó además todo lo que vio, lo que pasó antes ese día y los antecedentes de violencia que había entre los dos.

Luego del accionar de los servicios públicos, se quedó solo, hundido en la peor depresión que ningún ser humano ha transitado, de sucesos en sucesos que han ido ocurriendo a lo largo de su corta vida. Se siente culpable de todo lo que ha ido sucediendo, se siente acomplejado porque no es como sus compañeros y razón por la que sus padres se suicidaron, debido a todo lo que han gastado para él. 

Revisando fotos de los viejos tiempos, en un considerable pico de nostalgia, encontró ciertos papeles de impuestos, casi todos impagos, y otros papeles con respecto a las deudas que ellos tenían.

Se siente culpable por el simple hecho de no ser el hijo ideal que sus padres esperaban, el hecho de no poder defenderse y de defenderse, motivos de disgusto, y entre otros, de sus padres. 

El sol se ocultó detrás de los árboles, y se oscureció, aunque es incomparable lo oscuro de la noche con lo oscuro del día de la vida en general de este caso perdido que se construyó de miserias. Luciano, mientras cenaba con notable dificultad para deglutir la comida restante del día anterior mientras miraba la televisión, se decía a asimismo:

-La causante de todos mis males fueron ellos y ellas. Me he transformado en un mendigo.

Luciano no tenía conocimiento de sus familiares, ni de sus primos, tíos, etc. Al día siguiente él planeaba ir al colegio, sin importar lo que pasase con los mismos de siempre

Y así fue, concurrió y algunos compañeros (que no pertenecían a su curso) le dieron el pésame por lo ocurrido con sus padres, que ya era noticia en el pueblo, debido al contexto extraño en que se desarrollaron los decesos.

El chico fue dando paseos alrededor de la escuela, el buffet, el patio, solo para no encontrarse con ellos y ellas. Así fue como antes de empezar clase se encontró con un compañero que él conocía, llamado Valentino, que se encontraba en unas condiciones iguales o mejores que Luciano. Ambos sin emitir sonrisa alguna.

-Para no aburrirte con la vida que no tengo, podría preguntarte qué tal fue tu vida en este tiempo-interrogó Luciano.

-Nada raro para mí -respondió Valentino- y supongo que nada raro para ti.

-¿Acaso también se murieron tus padres?- responde irónico.

-Para mí mi padre ya lleva muerto desde que nací -afirma Valentino- abandonó a mi madre poco antes de que yo naciera. Nunca más lo he vuelto a ver, lo único que tengo de él es su nombre.

La intromisión de la campana finaliza la conversación.

Ellos y ellas empezaron a concurrir a las clases con cuchillos y dagas pequeñas, nadie sabe por qué, pero no prefieren intervenir, por miedo a padecer las consecuencias. Y Luciano, bueno, se los imaginaba bien muertos, inexistentes.

Ese día, curiosamente, no lo molestaron, aunque el daño que originaron era irreparable. Imaginar que por un momento, no sufriera bullying, es pensar en un milagro. Ese día tuvo un respiro.

Lo único que pudo considerar extraño es el hecho de que al ir al baño de la escuela, solo para que no lo molesten, se oían leves llantos y mugidos de dolor, que no provenían del baño pero que se escuchaban con bastante notoriedad. Luego de un minuto, dejaron de oírse.

El agua de los inodoros y mingitorios estaban teñidas de rojo y lo más llamativo de todo: la hoja rota de uno de los cuchillos que sus compañeros tenían. Esta estaba completamente limpia, sin ningún rastro de sangre como se imaginaba.

Cerca del baño, había un cuarto, un poco amplio, donde se guardaban elementos de limpieza y, a su vez, de deportes. Había tres personas, una tenía mutilados los genitales y una pequeña herida en el tórax, probablemente la que lo hizo fallecer. La otra, estaba clavada a la pared con clavos en sus orejas. Luciano se acercó para ver detenida mente el cuerpo y al verle la cara, y tenía pequeñas heridas en la zona de los pómulos. El resto del cuerpo tenía cerca de 4 puñaladas en diferentes partes.

Y la tercera solamente yacía en el piso inerte, con una de sus piernas toda cortada, y con una parte de los intestinos afuera.

Luciano se fue del lugar, en shock y simplemente no dijo nada acerca de lo que presenció.

Él no tardó mucho en descifrar quién los habría asesinado, pensó inmediatamente en los compañeros que lo atormentan día a día, ya que gran parte de ellos andaba con estos cuchillos y dagas y fácilmente pudieron hacer lo que hicieron.

Lo más raro de todo es que al lado de los cuerpos había papeles con números escritos. Por ejemplo: el que estaba colgado tenía el número 9657.

Salió de su escuela, no se despidió de nadie al no ser amigo de nadie y tomó rumbo para su casa.

Era una tarde muy sublime, que Luciano no pudo disfrutar, él solo miraba al suelo, como si tuviera un dedo puesto en su cabeza todo el tiempo. Solo levantaba la cabeza cuando cruzaba la calle o cuando cambiaba la canción en su celular.

Era jueves, un día de semana, pero no había muchas personas en la calle, quizás por la tranquilidad del pueblo que lo suele caracterizar.

Para colmo, el trayecto entre su colegio y su hogar era bastante extenso. Era una tortura la ida, al saber que va a ser burlado, insultado y golpeado. Era una tortura la vuelta, al saber que al día siguiente iba a suceder lo mismo.

Su vida pasó a ser un vídeo en bucle, en blanco y negro.

Unos pocos, autoritarios sin autoridad alguna, y la constante presión por parte de sus padres, da igual el contexto en el que se haya dado, le han impedido a este chico hacer cosas tan simples como el hecho de entablar una conversación normal con alguien sin trabarse o incomodarse, disfrutar de una buena canción, salir a pasear, disfrutar de los lugares, tener hobbies y actividades de escape de la rutina que lo tiene hecho un muerto en vida. 

Él es el único que puede hacer algo por él.

Días después, se desarrolló una macabra masacre en la escuela, resultando en la cifra de 22 muertos, entre ellos cuatro profesores, dos preceptores y el director, que resultaron víctimas de los matones. Los perpetradores eran once personas, siete hombres  y cuatro mujeres, fueron algunos de ellos y ellas. Estaban armados con escopetas, pistolas, hasta dos fusiles. Estos después del hecho se suicidaron seis de los once, otros cuatro fueron detenidos y uno que quiso matar a un policía fue abatido.

Luciano por suerte no sufrió ni presenció la masacre, solo en su casa, melancólico, ya se había adelantado. Ahora son 23 víctimas, Luciano también fue víctima de ellos y ellas.

Yacía en su cama Luciano Acevedo.

Creado por: Franco Ivan Rey.

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