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Chica-mirando-a-traves-cristal-luces
Sara es una niña que le gustaba ver el mundo a través de la ventana de su cocina, ella es muy especial como todos en el mundo, pero seguro algunos creerán que si todos somos especiales nadie lo es, la cosa es que no es así porque en un mundo donde todos somos especiales significa que tenemos particularidades que nos complementan los unos a los otros, así encajamos en la vida y enriquecemos esta máquina, en la que todos somos importantes peri no indispensables, llamada vida.

Bueno, hablando de la particularidad de Sara, sí, todo eso acerca de que miraba el mundo a través de una ventana, era porque ella podía apreciar las maravillas de lo que ocurría al otro lado de ésta. Todos los días lo hacía y así era feliz.

Un particular día mientras ella miraba a través de la ventana, de repente de la nada apareció un hombre en medio de la calle, no había explicación de cómo había llegado ahí. Pasaron varios minutos en los que el hombre estuvo ahí parado sin moverse, mirando fijamente el asfalto, hasta que giró y miró tajantemente hacia la ventana por la cual miraba Sara. El hombre, que vestía una peculiar levita negra y gastada, tenía un cabello largo y negro que rodeaba su afilada cara toda gris y llena de cicatrices prominentes y excesivamente rojizas, su boca sonriente tenía cortaduras en los labios, y tenía unos ojos negros simple y aburridos, se notaba lo escuálido que era incluso bajo la levita.

Era obvio que no era una buena presencia, pero Sara no sabía qué hacer, además ella tenía curiosidad. En unos minutos el hombre se acercó a la ventana sonriente, mientras Sara empezaba a sentir temor. El hombre ya estaba justo enfrente de ella, pero ésto no lo detuvo y pego su mórbido rostro al vidrio y con su mano escuálida, llena de esqueléticos dedos, la saludó y ella lo saludó de vuelta por impulso.

Pasaron varios minutos antes de que el hombre hiciera otro movimiento, esta vez empezó a forzar más su sonrisa, se veía cómo la piel se estiraba excesivamente de forma inhumana, entonces de un momento a otro sus mejillas empezaron a desgarrarse y su sonrisa era más amplia, toda la piel se iba separando, filamento por filamento, sangrando terriblemente y por si fuera poco, la sangre lucía completamente podrida. Sara, que nunca había visto algo tan grotesco, estaba fascinada, pero asustada con las nuevas sensaciones de náuseas y repulsión ante algo tan horroroso.

Después de que los desgarres llegaran a las orejas le siguieron los ojos. ¡Oh, Dios! Los malditos ojos, era horrible como los parpados se desprendían y se desgarraban por los lados dejando que las órbitas mostraran su carne y pequeñas porciones del hueso amarillento, pero para no dejar las cosas en cuestiones de piel, las órbitas se resquebrajaron hasta romperse y dejaron salir los glóbulos oculares.

Sara en la incertidumbre y el terror cerró los ojos y los apretó muchísimo, entonces sonó el golpeteo de los dedos de aquel hombre contra el vidrio, ella grito: “Aléjate”, pero él empezó a azotar sus manos contra la ventana, en la desesperación Sara grito: “Vete a la mierda” y abrió los ojos de golpe, pero esta vez ya no había nadie en frente.

Desde entonces ella le cuenta esta historia a sus amigos. Es por eso que siempre cierro las cortinas.