Es una historia muy larga, pero como ninguna que hayas escuchado antes, probablemente creas que esta sea una historia muy básica, pero tienes que estar atento, porque a veces las palabras tienen dos significados, y sobre todo nuestros propios pensamientos son inquietantes.

Capítulo 1: Hiperium[editar | editar código]

Rabab, ese fue mi nombre, tenía como meta en mi vida recorrer todo un continente, era algo que tenía que hacer antes de abandonar este plano de vida, sabía que había un gran misterio por resolver, pero no sabía cuál. Inicialmente solo era un tierno pequeño que la pasaba todo el día dibujando, jugando y así, entre otras cosas investigaba mucho, me gustaba estar informado, ya sabes, un niño.

En el vecindario donde vivía tenía dos grandes amigos, un chico y una chica, teníamos nuestra propia casa del árbol, algo maravilloso si me lo preguntas. Ahí contábamos historias. Yo afirmaba que Agartha era real y para llegar ahí solo tenías que bajar una gran y larga escalera, que estaba en alguna parte del mundo, esperando a que alguien se atreviera a aceptar el reto, esto trataba de una vieja leyenda y creía que era cierta.

Una vez, cuando tenía diez u once años, no recuerdo bien, había quedado con mis amigos para ir a un lugar en el bosque, esta vez no iríamos a la casa del árbol, así que me apresuré, fui a llamar a Lariet y después pasamos por Nick, pero, cuando llegamos con nuestro amigo se le escuchaba discutiendo con su madre.

— ¡Mamá!, ya te dije que Michael no puede venir con nosotros —dijo Nick a su madre con tono desesperado.

— Lo tienes que llevar, necesito un descanso, además, él quiere ir con ustedes.

Ni Lariet, ni yo sabíamos quién era Michael, asumimos que era su hermano menor, un silencio reinó nuestro alrededor, cuando de repente.

— ¡Ah da igual! Michael ponte los zapatos, carga una mochila con tu medicamento, comida, ya sabes, saca tu bicicleta, nos vamos.

Luego salió de la casa Nick y seguido un niño más o menos de unos cinco o seis años muy similar a él, Michael definitivamente era su hermano menor, al cual no conocíamos pues el niño no solía salir porque era muy enfermizo. La familia de Nick era un misterio pues su padre siempre lo llevaba a excursiones por lugares boscosos según él, y de ahí sacó la gran idea nuestro amigo.

Nick nos iba a guiar al lugar, era un sitio en lo más profundo del bosque, más allá de la casa del árbol, hicimos un largo e interesante recorrido en bicicleta, hasta que llegamos y vimos un árbol mucho más grande de lo normal. Era realmente inmenso, enorme… Digamos que de cierta manera masivo, un Masiva-árbol.

— Harían falta unos quinientos Rababs para lograr tocar la punta del árbol —dijo Lariet seguido de una pequeña carcajada entre nosotros tres.

Mientras examinamos el árbol vimos que las raíces de este se habían acomodado en forma de cueva, en la cual podría entrar perfectamente un adulto y chicos obvio, al entrar Lariet, Nick, Michael y yo, nos quedamos con la boca abierta.

— Tallemos nuestros nombres aquí, sería como quedarnos inmortalizados por el resto de nuestras vidas —dijo Nick sacando de su mochila una navaja suiza.

— Espera, yo antes había escuchado hablar de un gigantesco árbol, ¿Podría ser este el Hiperium? Se dice que si interfieres en su ciclo de vida, la mala suerte te caerá y a tu familia… —Inquirí mirando el árbol. Antes de decir otra palabra, habló Nick.

— Nah, hagámoslo, el Hiperium se dice que queda en Canadá, además, si este fuera el verdadero, no nos pasaría nada, porque los “Dioses”, no existen, gallina. —renegó Nick.

— ¿Cómo que gallina? Hagámoslo —dije entusiasmado.

— ¿No veo por qué no? —dijo Lariet entre apoyando y negando.

— Tengo miedo, quiero ir a casa. —dijo el niño con voz temblorosa, estaba tan callado que nosotros no recordábamos que estaba allí, sacó un inhalador y lo usó.

— No. Te quedarás con nosotros, tú fuiste el de la idea de acompañarnos, además estamos muy lejos de casa para acompañarte o dejarte ir solo, y ¿de qué tienes miedo? —dijo Nick enojado y arremetiendo contra el niño.

— Nick, no trates así a tu hermano, solo tiene cinco años —dijo Lariet.

— ¡Seis!, y tengo miedo de que aparezca un ghost o algo así. —Replicó Michael.

— ¡Ja! Nosotros dejamos de creer en ese tipo de cosas cuando nuestra edad ya estuvo marcada por dos dígitos. ¡Y bien! si quieres puedes tomarle la mano, pero Michael no se puede quedar atrás. —dijo Nick a Lariet y Michael, mientras tallaba la raíz.

Cuando todos al fin tallamos nuestros nombres en el árbol comenzaron a brillar, un camino largo se iluminó al fondo de la cueva, esto se me hizo sumamente extraño, entonces un fuerte y agresivo rugido emergió de lo más profundo de la montaña, Lariet explicó que era un relámpago y su respectivo trueno, mientras que Nick alardeaba que era un cataclismo el cual estaba siendo presagiado, pero yo pensaba que el sonido era más bien como si una gigantesca criatura estuviera gritando o rugiendo, era como si la hidra hubiese despertado. Cuando el fuerte ruido paró, el entorno empezó a tornarse gris, unas nubes empezaron a bajar, una horrible neblina cubrió el ambiente y un silencio invadió el escenario.

— ¿Qué acabó de pasar? —pregunté.

— No lo sé, pero algo es seguro, hay que irnos ya. —dijo Lariet

— Sí, hay que irnos. —dijo Michael hundiendo su cabeza en el saco de Lariet.

Todo empezamos a correr despavoridos de vuelta a nuestras bicis pero la niebla hizo que esto fuera difícil, todos estábamos corriendo hasta que nos dimos cuenta de algo, un misterioso ser nos estaba acechando, un gigante reptil antropomórfico horrendo, tan horrendo que ni yo tengo palabras para describirle, iba tras nosotros y se acercaba cada vez más, en ese momento Michel entró en un trance extraño, los ojos se le pusieron de un color verdoso, paramos rápido mientras la criatura se nos acercaba, corrió Lariet por él y lo subió a su bici.

— Michael, sea lo que sea, no te vayas, estaré a tu lado todo el tiempo, hasta que logremos escapar de aquí. — dijo mi amiga muy alterada.

Cuando tomamos nuestras bicicletas empezamos pedalear fuerte para salir de allí, Lariet no dejó a Michael en ningún momento, el camino de vuelta se hizo casi imposible de percibir y todo empezó a fundirse en lo profundo de la oscura y densa niebla, solo después de unas horas dignas de una maratón que pareció una eternidad, el cielo empezó a despejarse, la extraña criatura que estaba siguiéndonos, desapareció de pronto, Michael despertó y todos quedamos desconcertados.

— ¿En dónde estamos? — dijo el menor de nosotros.

— Estamos en casa —dijo su hermano, aliviado por verlo bien.

Después de esto, regresaríamos a nuestras casas con algunos raspones y moretones leves por la intensa persecución. Cuando llegamos al barrio eran ya como las seis de la noche, el ocaso ya estaba en su última fase para darle entrada a la noche, todos teníamos seguro algo, no contarle nada a nadie.

Esto fue una de las ultimas anécdotas que pasé junto a ellos hasta que. Un día el hermano de Nick fue encontrado muerto en el bosque así que su familia tomó la decisión de irse a otro país pues querían dejar atrás ese horrible hecho y consiguieron mejores empleos. Lariet, se tuvo que mudar a otro barrio, al otro lado de la ciudad, esta es una de las razones del porqué a veces un hombre deja su infancia atrás y no vuelve a ser el mismo, yo tuve que pasar el resto de mi vida en ese barrio, solitario, pues me costaba hacer amigos y había adquirido una enemistad con algunos de los vecinos, así que todo fue mal. “Raro” me decían, es decir, no pensar igual como el resto de ellos me daba igual, desde que me había quedado solo, por lo que había concentrado mi vida en estudiar, además los constantes abusos me apartaron fuertemente de casi cualquier interacción fuera de mi familia, decidí hacerme a un lado, hasta que esa mala suerte que me atacó se pasara y volviera a tener algo estable en mi vida, había perdido a mis amigos y otras cosas se fueron con ellos.

Ya había crecido, estudié programación en una universidad pública, ya había trabajado y ahorrado lo suficiente, decidí hacer mi sueño de infancia una realidad, viajaría hacia Sudamérica y de ahí recorrería el resto del continente, creía que lo que estaba pasando era tan irreal, se cumpliría mi sueño, pero, escoger el lugar en el cual iba a iniciar mi nueva aventura era difícil.

Capítulo 2: El viaje de mi vida[editar | editar código]

Comencé en el punto más bajo de Argentina, fueron cinco años de recorrido, me topé con anomalías y estructuras en selvas muy densas, casi se podía decir que estaban enterradas, pero lo que encontré en el territorio Peruano y en el territorio Mexicano impuso un antes y un después en mi vida. Cerca del nevado de Huascarán, encontré una escultura que parecía un misterioso golem dorado, lo pasé por alto y seguí con el recorrido. Pero tres meses después, cerca del golfo de México, a las afueras de un pequeño pueblo en México me encontré en una situación similar, el golem que había allí era igual al anterior, esta vez no desaproveché mi oportunidad y tomé un par de fotografías.

Viajé a ciudad de México y reporté el caso a las autoridades de allí, pero no creyeron mi historia, decían que era un gran efecto de sombras y edición hecha en computadora, sentía ganas de golpear la pared pues lo que había pasado era real, no podía hacer nada, solo fui a dormir, ya era tarde así que conseguí un hostal.

En la noche, antes de dormir, tuve malos presentimientos que me carcomían la mente, como si una fuerza mayor estuviera vigilándome, pero simplemente pasé aquello. A media noche sentí una gran presión en mi pecho me hacía sentir como si me estuviera ahogando, de fondo escuchaba como si cuatro bestias estuvieran cantando la sinfonía de la destrucción final, las cuatro bestias lo destruían todo, era una pesadilla, desperté gritando: “¡¡¡ESTÁ POR VENIR!!!”, unos empleados del hostal fueron corriendo hacia la habitación para ver qué estaba pasando, pero lo que vieron fue mi pálido rostro de horror y una marca en mi torso. Andaba choqueado al ver aquel símbolo marcado en mi pecho, lo peor fue que lo vi en el extraño golem, parecía un jeroglífico egipcio antiguo, pero investigando esto con un conocido experto en lenguas antiguas; dijo que esto nunca lo había visto, que no había ningún vocablo similar a este extraño símbolo y que esto era algo sin explicación. Me dio un ataque de ansiedad, por un tiempo estuve en negación, comencé a creer que me estaba volviendo loco hasta que decidí por fin hablarle de lo sucedido a un primo experto en civilizaciones antiguas.

— Kensin, mi hermano, ¿cómo va todo allá? —dije muy feliz, pues no había hablado con él en años.

— ¿Rabab? ¿Cómo conseguiste este número? ya van casi dos años que no sabía nada de ti, pero no importa, ¿cómo te va?, ¿qué te hizo llamar? —dijo asombrado.

— Kensin ¿Puedes hacer un viaje largo e inesperado?

— ¿Qué? ¿Qué pasó Raba?

— Me topé con algo genial en mi gran viaje por América, parecido a un golem sin semejanza alguna a ninguna cultura humana conocida en México, es algo nuevo.

— Espera, ¿Qué? ¿Dices que te encontraste con una señal de una nueva cultura sin descubrir y apenas me hablas?

— Prácticamente, sí, pero… —antes de que dijera otra palabra me interrumpió.

— ¡Voy para allá! ¡Llego lo antes posible! —dijo esto dejando el teléfono sin colgar pues esto le emociono a tal punto que no pregunto que era, ni de que se trataba.

— ¡¡¡Kensin espera, espera!!! —dije sin ningún motivo, fue algo espontaneo.

El suceso que ocurrió aquella noche no se volvió a repetir en mí, pero el símbolo en mi torso no se quitaba por mas lavadas que hacía, era como si fuese un tatuaje. Dicho y hecho, Kensin antes de que se terminara la semana estaba allí esperando en el aeropuerto principal de ciudad de México, entonces llamó.

— Raba, ¿Dónde estás? estoy esperándote en el aeropuerto de ciudad de México.

— Ken, emm, estoy en el hotel, alistándome para salir… ¿Tú dónde estás?

— ¡En el aeropuerto Rab! Estoy en el aeropuerto, ya voy a salir de aquí para la plaza central.

— Quédate ahí, ya voy de camino al aeropuerto.

— Está bien —dijo Kensin con una voz un poco ronca.

Al medio día, logré encontrarme con Kensin en el aeropuerto, nos habíamos demorado, no teníamos un lugar específico para encontrarnos y el aeropuerto era muy grande y lleno de personas, pero al final coincidimos.

Lo primero que hicimos fue darnos un gran abrazo y sin perder tiempo tuvimos que ir a la ubicación donde encontré el segundo golem, pero justo donde estaba, justo donde había marcado la ubicación en un poderoso sistema de vigilancia satelital en mi computadora, el misterioso golem había desaparecido.

— Rabab, que esto no sea una broma tuya —dijo Kensin con una voz de rabia.

— Kensin, ¿crees que te haría esto? ¿Crees que te haría viajar desde el otro lado del mundo, para hacerte una broma?

— Emm, no, pero, no hay nada ¿Se supone que habría un algo aquí? —dijo Kensin casi a punto de llorar, se sentía muy desilusionado.

— Kensin, le tomé foto, agregué y programé la ubicación, algo ha de haber pasado

Lo único que se encontraba en la zona era un pergamino lleno de símbolos extraños, uno de esos símbolos era la extraña marca que yo tenía en mi pecho, lo menos que podíamos hacer era volver al hostal para regresar por la mañana. Hospedarse en un hostal para recargar energías y tratar de encontrar en internet algo, era lo que podíamos hacer. La luna estaba en su punto más alto, Kensin pasó por la misma horrible experiencia que yo pasé, despertar a media noche con la cara pálida del horror, sudando, y con el corazón palpitando como si se tratara de una canción de Hard Bass. Esa noche yo no sentía la necesidad de dormir, sabía que esto era una señal de Agartha. Tuve la oportunidad de ver de cerca a los seres que nos estaban perturbando los sueños, pero fue peor, hubiera preferido dormir en aquel momento, pues lo que vi me dejó pasmado, con la piel china y la sangre congelada. No lo podía creer, eran seres mitad hombres mitad reptil y la marca que le estaban haciendo a Kensin la estaban haciendo con un líquido parecido al ichor que leí hace tiempo en leyendas antiguas, y yo no podía ni moverme para evitar que tocaran a mi primo, era surrealista.

El ichor, era una forma corta de referirse a “La sangre de Dioses”, dorada, brillante y con capacidades únicas que desconocía, el símbolo de la riqueza y la inmortalidad, pero si este líquido fuera real y si hubiese sido ichor, significa que ellos habrían literalmente invocado a Dioses para aniquilarlos, entonces, tendrían el poder absoluto, capaces de crear y destruir pero ¿Por qué no se expandieron y dominaron todo el globo?

Tranquilicé a mi primo, pero él sabía lo que causó su pesadilla, lo describió como un hombre con la piel dorada, usaba una máscara que parecía un halcón, tenía en la parte superior un sello de un sol y una luna separados por una especie, y superior a él estaban cuatro bestias cantando “la última sinfonía”. La marca que Kensin tenía grabada en su torso era distinta a la que yo tenía.

El otro día que regresamos al lugar y cuando examinamos la zona nos dimos cuenta que muy cerca yacía una cueva geológicamente imposible, un aro perfecto, dentro un pasillo muy largo y grande, al final del pasillo una losa con forma de puerta o entrada, todo bien pero, en la “puerta” había un pequeño vacío en forma de estrella de ocho puntas representando el sol, o eso dijo Kensin.

¿Te acuerdas que todo esto pasó cerca del golfo de México? Pues cerca se encuentran Miami, Cuba y poco más lejos las islas bermudas. Es curioso, porque en el mar entre estos tres puntos es responsable de desapariciones de navíos y aviones, aparte desde una vista aérea forman un enorme y misterioso triangulo, muchos lo llamaban el triángulo del dragón, y navegantes lo llamaron el punto del infierno, porque una vez dentro, las posibilidades de sobrevivir eran cero.

A inicios de 1941 las siete naciones armadas estaban haciendo investigaciones para crear súper-armas con el poder de aniquilar ciudades enteras, Hiroshima y Nagasaki fueron pruebas reales de su macabro experimento, pero antes de esto hacían pruebas nucleares justo en el triángulo del dragón, esto de una terrible forma de hacerlo; pues la destrucción y energía liberada podrían causar daños de proporciones gigantescas en zonas costeras responsables de la pesca y causar estragos en la economía de varios países, pero esto no es lo peor, escritores antiguos narraban que en la zona se encontraba algo, capaz de borrar a la especie humana, parecido a un Dios, al cual era mucho peor dañar a su territorio, tratándole de forma desapercibida y despertarlo. Muchos dijeron que se trataba de Tifón, Hades o Cthulhu pero yo afirmaba que era el Dios de aquella cultura.

Habíamos continuado el viaje buscando de abajo para arriba en toda América durante meses, después en un punto sentimos que este caso no era para nosotros y decidimos, quisimos, necesitábamos olvidarlo huyendo hacia nuestras raíces.

Capítulo 3: Regreso a la búsqueda[editar | editar código]

Aunque tiempo después Ken y yo volvimos a coincidir, y decidimos continuar lo que habíamos dejado, el sentimiento este de que algo nos aguardaba nos hizo retomarlo, continuamos donde lo dejamos, y nos condujo hasta al otro lado del mundo. En Borneo, cerca del mar de java, explorando los fantásticos bosques meridionales encontramos una daga con una forma muy extraña, una apariencia muy antigua, con cuatro lados y una pepita de lo que parecía un hermoso zafiro incrustada en el medio, no dudamos en tomarla. La pesadilla no terminaba aún, cuando el ocaso estaba en su punto más alto, nos dirigimos a un hotel de la ciudad de Banjarmasin para no pasar la noche a la deriva, por segunda vez, notamos algo distinto, escuchaba voces que me gritaban: “Tú no sabes si es ella, él o eso pero una presencia maligna los está observando”. Mientras que Kensin dice que veía escritos en grandes murallas: “Esta va a ser una noche terrible, los gemelos te están mirando, siente el aire frío a tú alrededor, no ha terminado…”

Admito que estaba aterrorizado de que esto se relacionara con el caso en el continente americano, pero nos dimos cuenta de que esto no nos ocurría solamente a nosotros. ¿Cómo logramos saberlo?, al igual que el hombre del caso de “The skinwalkers” o por su traducción “Los caminantes de piel”, hay personas que publican en internet todo tipo de cosas extrañas que le sucedían. En la plataforma de vídeos más grande del mundo, dimos con un hombre americano en el anonimato y en su nickname llevaba como nombre “Thesickson”, hacia grandes recorridos en sitios selváticos, mientras grababa con su go-pro lo que veía en su camino, en uno de sus recorridos en una muy densa selva de Seattle se encontró con un emblema raro, no dudó en recogerlo y llevarlo con un experto en arqueología, pero de nuevo decían que era una broma muy bien elaborada, yo creía y logré contactarme con él por internet, le dije todo lo que me había ocurrido en mi trayecto por el continente, lo que me encontré, un misterioso golem de oro. Quedamos en vernos en Phoenix para tratar, pero a Kensin le parecía que esto era una mala idea, decía que nunca lo habían visto en persona, aun así yo confiaba en él, pues era la primera persona que le sucedía algo parecido.

Aún no sabía quién era, ya que su cámara nunca fue frontal, era un misterio hasta para sus mayores fans, aun así decidimos ir, un viaje de cinco horas en avión, con turbulencias, y en una casi le da un infarto a mi primo, bueno, cuando llegamos notamos que el aire estaba más frío alrededor, era otoño, por lo que el viento sacudía el largo cabello de Kensin, habíamos llegado a un acuerdo para vernos por primera vez en una cafetería en Phoenix. Es extraño que el encontrarnos fuese tan rápido, cuando entré al lugar de encuentro estaba tan perdido, estaba buscando a una persona desconocida, pero me topé con una versión en grande de mi amigo de infancia Nick, él no me reconoció quizás por la barba tupida que tenía y mi melena larga, se me humedecieron los ojos, quería llorar, me acerqué y dije con unas lágrimas en los ojos.

— Mi amigo, mi viejo amigo.

— ¿Eh? ¿Qué pasa? ¿Quién eres?

— Probablemente no me has reconocido, pero yo, a ti si Nicolas Urich… “Nick”.

— ¡Espera! ¿Qué? ¿Cómo diablos sabes mi nombre?

— Nick, cuando Lariet se fue, y tú te fuiste del país, me quedé solo, me volví antisocial.

Kensin entonces muy extrañado y asentando dijo: — Sí, le hicieron bullying.

— ¡No puede ser! ¡¡RABAB!! ¡¡MI AMIGO!!... Yo también tengo una sorpresa grande —dijo mientras hacía gestos de emoción. — Había contactado con una chica que igual encontró algo raro por donde vivíamos.

Entonces salió mi vieja amiga Lariet ya muy crecida y desarrollada, valga decir era una enorme coincidencia.

— ¡Raba! Que gusto encontrarte aquí. —dijo ella.

Rompimos en un largo llanto y carcajadas de felicidad hasta que Kensin interrumpió.

— ¿A ver, a ver? ¿¿Qué está pasando aquí?? —dijo Kensin preguntando.

— Probablemente estás confundido, pero, fuimos amigos desde que teníamos cuatro años, estudiamos en la misma escuela, crecimos en el mismo barrio, hacíamos las mismas locuras. Cuando Nick llegó a la adolescencia, hubo un incidente así que se fueron a Estados Unidos y Lariet, se fue hacia el otro lado de la ciudad, me quedé solo y después de tanto tiempo, aquí están.

Expliqué esto a Kensin, hablando más para mis amigos que para mi primo.

— ¡Espera, espera! ¿Entonces a ustedes les están sucediendo cosas fuera de lugar? —preguntó Kensin, y fue ahí donde todo se puso serio.

— Sí, desde que encontré ese misterioso emblema, he caído en un gravísimo estado de paranoia, insomnio, falta de apetito, pesadillas constantes y un largo etcétera.

— Me enteré lo del hermano de Nick hace no mucho por mi madre, ella me explicó que había fallecido en unas circunstancias extrañas, y como soy policía decidí ir a investigar un misterio sin resolver, al final di con aquel Masiva-árbol pero algo había cambiado, y desde ahí he tenido algunas pesadillas raras.

— ¿Cómo podrían explicar esto?, o ¿Todavía no saben por qué? —Pregunté.

— En realidad no, solo diría que este objeto me pareció tan interesante que mi propio ser debía encontrar una respuesta a esto, inconscientemente intentaba descifrar una respuesta a ello. —dijo Nick.

— Yo seguía mis instintos. —dijo Lariet.

— En realidad no son los únicos, me pasó igual —dijo Kensin un poco aliviado— ¡Pero ey! Esto puede ser el primer paso a descubrir una antigua civilización.

— Creo que… Sí. —contestó Lariet siempre intentando estar al margen.

— ¿O quizás encontremos lo que mató a mi hermano? —dijo Nick tan escéptico como siempre.

— Nick, esto es mucho mayor, son seres que no han sido avistados por ninguna otra persona antes, seres con un poder que escapa de nuestro entendimiento.

— ¿Espera qué? ¿Qué quieres decir con eso? —dijo mi amiga.

— Lari, ellos no son cualquier tipo de personas, son seres sacados de películas de ficción surrealista. Prometeo, la guerra de los mundos, algo de Lovecraft.

— ¿A qué te refieres con eso?  No te entiendo. — Comentó mi amigo.

— Verán, cada cultura tiene un Dios o Dioses dominándolos. Pero ellos son una cultura diferente, en vez de ellos ser dominados por un Dios, ellos lo dominan al Dios, a veces hasta asesinan Dioses, no estoy asegurando nada, solo estoy dando una explicación de lo que hay en mi pecho y en el de Kensin —dije esto mientras me levantaba un poco la camisa para mostrar la extraña marca.

— ¡¡¡Espera!!! Cuando éramos chicos, luego grabar nuestros nombres en ese gran árbol,  en la noche que murió Michael, cuando ya estaba en un profundo sueño, vi una marca así en el cielo, mientras una criatura de piedra lo destruía todo. — dijo mi amigo con una expresión de rabia en el rostro.

— Estás diciendo que esto está relacionado con lo que hicimos en ese árbol. Justo lo que pienso yo. —dijo Lariet intrigada.

— No sé, pero es muy probable… dejen les enseño el emblema que me encontré en Seattle.

Kensin, Lariet y yo nos quedamos viendo los rostros mientras que Nick sacaba el misterioso objeto de su mochila.

— ¡Este es! —dijo mientras mostraba la misteriosa pieza.

Era como si un misterioso instrumento antiguo estuviera en nuestro poder, sentí como la metálica estrella vibraba, como si esta tuviera vida, se la devolví a Nick, para en momentos sentir un escalofrió indescriptible bajando lentamente mi espalda, sentía que algo andaba mal a pesar de todo estar bien.

— Mierda, siento que algo malo esta por… —dije antes de que un rugido espeluznante se oyera por la ciudad, duró más o menos unos cuatro o cinco segundos

— Mierda, ese maldito sonido de nuevo, debemos salir de aquí de una vez por todas —dijo Nick.

Los cuatro salimos sin importar nada, una lluvia acompañada de fuertes relámpagos cubrió la ciudad y se escuchaban rugidos por todas partes, no sabíamos que hacer, decidimos ir al hotel donde Kensin y yo nos habíamos quedado, estaba muy cerca, cuando llegamos, los aterrorizantes rugidos pararon junto a la lluvia. Tuvimos la idea de volver a México para juntar la loza en la puerta de la cueva con la tablilla en forma de eclipse, así que decidimos ir, cuando llegamos, yo fui el único que noté como el ambiente estaba realmente más cálido que en Phoenix, el sol brillaba más de lo normal, en el aire se percibía una briza tibia, en fin, fuimos donde se ubicaba la misteriosa cueva, cuando llegamos, vimos que aquella cueva estaba rodeada de pesadas rocas, algo había sucedido

— ¡Mierda! ¿Qué ha pasado? —dijo Kensin observando las gigantes piedras que rodeaban aquella cueva.

Se podía dejar ver un poco lo que había dentro de la cueva, estaba iluminada con unas brillantes antorchas, entonces cada uno nos asomamos allí para examinar, vimos cómo alguien acomodaba tres lozas de tal manera que diera una imagen de tres formas, un sol, una luna y un eclipse.

El extraño ser gritó algo de manera furiosa mientras golpeaba la pared.

Los allí presentes presenciando este espectáculo, vimos un gran destello que iluminó nuestros rostros, la misteriosa criatura había desaparecido y las rocas se convirtieron en trozos de arenisca. Cuando todos entramos, las antorchas que habían allí desaparecieron, no había rastro alguno de aquel misterioso ser.

— Hay que investigar —dijo Lariet un poco impacientada.

— No hay tiempo de investigaciones, acomodemos esto en la pared —dijo Nick sacando la pieza de metal.

Cabía perfectamente en la pared, al acomodarla vimos que un mecanismo hizo que aparecieran dos huecos en la pared, uno en forma completamente circular, y otro en forma de una media luna.

— Ahora faltan dos, ¿dónde estarán? —dijo Kensin

— No sé, pero… —no alcancé a terminar pues un fuerte rugido se escuchó desde lo más profundo de la montaña, acompañado de una tormenta arrasadora afuera.

— ¡Mierda! ¡Hay que irnos de aquí! —gritó Ken

Cuando salimos de aquella cueva, las nubes estaban rugiendo y pudimos ver una criatura inmensa durante unos minutos en el cielo, todos quedamos pálidos del horror, era una criatura de quinientos o seiscientos metros de alto, de su mandíbula brotaban gigantescos tentáculos verdes, se le dejaban ver cuatro brillantes ojos, tenía cuatro enormes brazos y en lugar de manos, le salía una especie de fuego negro. Esa cosa era incluso más grande que Godzilla

No sabíamos que hacer, estábamos pálidos, aterrados y fuera de lugar, a escala éramos tan pequeños como si ahora mismo vieras una hormiga a tus pies, lo menos que podríamos hacer era entrar en esa cueva con esperanzas de sobrevivir, la lluvia y los truenos no paraban y ya era muy tarde. Tuvimos que acampar dentro de aquella cueva, cuando nos instalamos el teléfono de uno de nosotros sonó, era el teléfono de Nick.

— Emm, ¿hola? —dijo, pero cuando se logró escuchar algo lo único que se oía era un fuerte sonido de estática, lo extraño era que esta tenía un ritmo.

— Humm, que extraño, ¿Quién se supone que es? Debería tener un numero o un nombre, solo hay puntos y guiones. —alegó Nick mirando el celular tratando de entender la situación.

Lo pensé, hasta que me vino una idea a la mente.

— ¿Será este un código morse? —Agarré el celular y enseguida puse atención a la estática, cuando estudié mi carrera de programación me enseñaron un poco de morse en un curso, sabía que significaba cada sonido, el sonido paró y no dejó nada más que una extraña palabra.

— Rhyleh —susurré.

— ¿Qué? ¿Rey? ¿Triplay? ¿Ripley? ¿Ridley? ¿Riles? ¿Rilej? —preguntó Nick

— ¡No, ah! “Rhyleh”, es la palabra que decía el código morse. —dije alterado

— Vaya, ¿será este el nombre de esa cultura de la  que hablan? —dijo Lariet

— No estoy creo, cada sonido es una silaba, ¿Pero por qué Rhyleh? —Dijo Ken.

Decidimos esperar, las horas pasaron y la lluvia no cesaba, pero los rugidos a lo lejos dejaron de escucharse, tuvimos que dormir allí, Nick se quedó vigilando toda la  noche sin que nos diéramos cuenta, la lluvia paró y en lo más profundo de una pesadilla sentí como si una bestia me estuviese hablando o tratando de dar un mensaje, y de pronto, escuché un disparo, desperté, vi a Nick y Lariet empuñando pistolas, apuntándole a una criatura reptil, que estaba derramando sangre del abdomen, se dirigía a nosotros, de pronto se convirtió un ser deforme.

— ¡¿Qué diablos está pasando?! —grité.

— ¡¡La verdad no sé, pero ten cuidado con esa cosa Rabab!!

El monstruo hizo un gemido y se abalanzó hacia Nick, disparó, se escuchó lo que se puede considerar un “quejido” de aquel reptil, antes de moverse de nuevo Nick, el reptil logró desvanecerse en la sombras, era como si se hubiese hecho invisible.

— ¿Alguien me puede explicar qué diablos acaba de pasar? —dijo Kensin aterrorizado.

— ¡Wow, si supiera te lo diría! —dijo Nick sarcásticamente a Ken.

— No empiecen con una estupidez, averigüemos qué está pasando. —dije.

Sentí que en mi cabeza que un mensaje recorría todas mis neuronas, “Rhyleh ha despertado”.

Nick se dio cuenta de algo que ninguno fuimos capaces de notar, en la una parte de la cueva estaban tres grandes y polvorientos dibujos en lo más alto de la pared, pasamos horas tratando descifrar aquel arte tallado en la pared, todos llegamos a la conclusión; que era una profecía, una no muy buena. No estoy seguro si sea lo que creo que sea, pero si es así, corremos peligro.

Capítulo 4: El Dios[editar | editar código]

En épocas infinitamente remotas, cuando el universo era inestable, él apareció y luego encendió una luz, aquella luz se estableció en un planeta e hizo de este un lugar para vivir, su primer gran regalo fue otorgarle un poder inimaginable a los seres más aptos, o los primeros en aparecer, pero ellos aparecieron, los Shyniat, una vez les dio aquello ya no hubo marcha atrás, no eran aptos para aquel poder, destruían todo, hacían de Agartha un lugar inhabitable, entonces liberó a los siete caballeros, quienes aprendieron todo sobre aquellos destructores, para después, crear otra poderosa civilización que le haría frente a los Shyniat, los Rhyleh, estaban predestinados a acabar con ellos, sin embargo había una cosa que hacia esto muy difícil, ambas civilizaciones estaban en diferentes planetas y tenían que tener una tecnología muy avanzada para ambos encontrarse, cuando los Rhyleh tuvieron la tecnología, ya era tarde, ya habían asesinado al Dios, la guerra entre estos dos mundos aparte de cobrar millones de vidas inocentes hizo que el mundo original no soportara más, causando cataclismos de proporciones bíblicas, para así destruir el planeta en miles de pedazos, el más grande de todos logró acomodarse en algún lugar de este vacío cósmico, un Shyniat que se volvió una especie de Dios y lo encerraron ahí, donde la luz del sol logró darle, los otros trozos perdidos en el vacío de este sistema solar se acomodaron en forma de cinta que separaba la vida aquí del resto de astros, ellos vivieron en el pedazo más grande y se acomodaron en el subsuelo viviendo del calor de la tierra, para luego quedarse a vivir sin interrumpir el ciclo de vida en ella, tres Rhyleh acababan de causar un daño terrible, ahora ellos deberían pagar...

Un Dios estaba furioso con estos Rhyleh, y muy posiblemente la raza humana sean descendientes de ellos o quizás somos esa raza de un pasado distante, la venganza caería sobre nosotros sus, pagaríamos una gran condena por los pecados de nuestros ancestros. Y aquí estamos ante la posible extinción y nosotros tres somos los únicos que lo sabemos. Ahí estábamos los tres, teníamos algunos artefactos, no sabíamos que hacer, muy posiblemente esto era como algún videojuego. Esto de creernos poderosos fue mi culpa. Teníamos marcas y habilidades que quizás era requerida.

Un Dios estaba enojado, un ser que estaba enojado, aquel ser inmenso se transformó, y reflejó lo que era la visión de la versión grande del hermano muerto de Nick. Un ser horrendo que optó por la peor de las formas para dañarnos de manera psicológica, se metió con nosotros. Pero Kensin era el único que se no lo conocía, así que intentó enfrentar a aquello y solo dijo: “Scratch” y de su pecho brilló aquella marca maldita, un resplandor comenzó a iluminar todo e impotente tuve que ver como el mi querido primo y compañero explotaba frente a mí, cayéndome encima sus entrañas, Lariet no estaba mejor que yo, estaba en shock, se sentía una sensación paralizante. Nick valientemente intentó atacar mientras gritaba:

— ¡Tú no eres mi hermano!

— O Nicki, te equivocas, yo soy Michael —dijo sínicamente mientras cambiaba de forma a la de Ken— Soy todos aquellos que he matado. Soy un Dios. —Dando paso a la decapitación del hombre frente a mis ojos.

Lariet tuvo un final peor, esto, él, ella, eso, sacó unos tentáculos asquerosos, babosos, con una especie de colmillos se cerraron un poco los insertó dentro de mi amiga, se expandió, ahogándola con su sangre mientras se desangraba. Cuando cayó un vomito rojo y con pedazos de carne salió de su boca.

Yo por mi parte... El ser activó mi marca, me desconectó de alguna forma, poseyó mi cuerpo, actualmente soy la razón por la cual este ser llegó a tomar lugar en la realidad, ahora por fin dominar el mundo, revivir a su civilización, acabar con otros mundo habitables y habitados. No tiene límite alguno, es capaz de hacer lo que su bastarda y sucia conciencia quiera, yo estoy destinado a ser tan solo un espectador de como el mundo que conocí se va al demonio.

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