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-¡Agh! –Desperté rotundamente y miré a todos lados.

Todo el salón volteó hacia mí, mirándome. Sus ojos posándose como cuchillos sobre mi pecho. Los odiaba, los odiaba a todos, ¿Qué tanto miran? ¡Dejen de mirarme! ¡Sigan con sus estúpidas y básicas vidas y déjenme en paz!

-¿Qué? –Dije frunciendo el ceño. ¿Acaso es extraño ver a alguien dormir y despertarse por una pesadilla?

Todos ignoraron mi pregunta, y procedieron a voltear y a seguir hablando entre ellos. Eso es lo único bueno que saben hacer. Quiero irme a mi casa, no quiero seguir rodeada de esta cuerda de imbéciles.

Revisé mi celular que estaba debajo del escritorio, eran las 2:54 a.m.

¿Cómo es posible que sea de madrugada y todos estos idiotas estén aquí?, Además, hoy es domingo. No entiendo. No entiendo qué me está pasando.

Volví nuevamente a preguntar, esta vez, con una sensación de que algo no andaba bien.

-¿Quiénes son ustedes? –No hubo respuesta de vuelta. ¡¿Quiénes son ustedes?!

Al terminar de decir estas palabras, todos voltearon rápidamente. No tenían rostro, pero podía sentir como me acosaban sus morbosas presencias.

En un momento de desesperación como este, mi corazón dolía y latía con suma fuerza, mis ojos se cristalizaron, y no pude con dicha desesperación. Quería salir de ahí. Pero no podía moverme. No sabía que hacer, ¿a dónde iría?, ¿por qué sus rostros no están? ¿Por qué esta pasándome esto a mí?

En un brusco movimiento, cada uno de los cuellos de mis “compañeros” de clase se alargó de manera sobrehumana, como si de una goma se tratase, en dirección hacia mí.

Desperté.

-¡Eh!, tranquila, todo está bien, cálmate –Dijo mi pareja, rodeándome con sus brazos y acariciando mi corta cabellera.

Ambos estábamos acostados en el suelo, sobre una gruesa cobija y con un ventilador encendido en la esquina de dicho cuarto. Sólo se escuchaba el sonido del motor del estropeado aparato y mi agitada respiración. Estaba temblando, no podía entender el porqué de dicha pesadilla. ¿Acaso sería la culpa? No lo sé, no he hecho nada, sólo graduarme y sentirme agradecida de que no los vería más.

-Mi amor, tuve una pesadilla bastante extraña, tenía que ver con todos los que cursaban conmigo el bachiller –Contesté acurrucándome en su pecho, abrazándolo.

-¿Y cómo era?

-Todos fijando su mirada en mí, pero sin tener rostro. Además, de alargar su cuello de una forma tan… Inusual, como si fuera un elástico.

Mi novio tragó saliva, y siguió acariciando mi cabello, besó mi frente y dijo:

-¿No sería que aún sientes culpa?

Lo miré, inexpresiva.

-Yo sólo los ahorqué. Estaban todos encerrados en una habitación, gritando, pidiendo ayuda y algunos me miraban exclamando piedad. Pero ¿eso qué tiene que ver con que en dicha pesadilla no tuvieran rostro?