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-Este es un lugar demasiado horrible para que una niña como tú lo recorra sola- Dijo una voz grave y juguetona al mismo tiempo, una voz cuya procedencia la niña desconocía, pero hizo que su instinto le diga "¡corre!", y eso hizo, corrió. No sabía dónde estaba, tampoco de quien huía, sólo sabía que debía correr, que algo terrible pasaría si el que emitió la voz la alcanzaba. Por su parte, la vocecita en su cabeza sonaba muy alarmada. Por eso, aún sin conocer las circunstancias exactas en las que se hallaba, corrió lo más rápido que pudo.

Estaba oscuro. A medida que corría, sus ojos se fueron acostumbrando a la oscuridad. Estaba en un largo camino de tierra y piedras, con las cuales tropezaba de vez en cuando.

-¿Por qué huyes? No tiene sentido que corras- La niña la ignoró y continuó su carrera.

A medida que se cansaba, iba aminorando inconscientemente su marcha. La voz había dejado de seguirla, o al menos ya no la escuchaba y, si se ponía a observar, el paisaje que veía no era muy desalentador de cualquier modo. El problema real es que estaba sola, al menos eso parecía. Al fin, cansada y desorientada, se detuvo. Miró hacia atrás, no había nada. Los costados del camino no eran muy aterradores, sólo estaban llenos de árboles, recortando sus frondosas siluetas en la oscuridad, con lo que parecían ser grandes frutos colgando de sus ramas. Los árboles ejercían una extraña atracción sobre ella, casi como si la estuviesen llamando.

La curiosidad la empujó a acercarse, deseando ver esos enormes y curiosos frutos más de cerca. Mientras más se acercaba, más distinguía la forma de los frutos, ¿qué eran? De repente, cuando estaba a pocos metros del árbol, éste se iluminó con una luz roja y mortecina, como si se iluminase una cortina de sangre con el haz de una linterna. En ese momento pudo ver la real forma de esos "frutos": eran cabezas en distintos grados de descomposición, pero en general, de niños. Algunas sin mejillas, revelando una dentadura de rojo oscuro a negro por la sangre seca, a otras les faltaba un ojo, incluso dos. A algunas les habían cortado el cuero cabelludo, dejando la parte superior de su cráneo al descubierto, a una incluso le habían arrancado toda la piel, dejando una calavera rojiza, sin embargo, a esa en particular no le habían tocado los ojos, los cuales seguían en su sitio. Asqueada y aterrada, la niña cayó al piso de espalda, incapaz de apartar su vista de la tétrica visión.

Una de las cabezas, a la cual le faltaba la piel de la parte inferior de la quijada y la nariz, abrió sus ojos, blancos con la sombra de la muerte. Ésta susurró y luego gritó, con lo que parecía un tremendo esfuerzo de su parte, una única palabra:

-¡Corre!- Gritó con la misma voz que en un principio creyó proveniente del interior de su mente.

Presa del pánico, la niña trató de incorporarse, lo consiguió y, cuando estaba a punto de echar a correr de nuevo, se encontró en los brazos de aquel ser. Ni en sus peores pesadillas había visto algo así: putrefacto, nauseabundo, le faltaban grandes trozos de piel, el resto de su carne estaba supurante y cubierta de gusanos. Donde deberían estar sus ojos sólo se veían dos cuencas llenas de sangre hedionda y coagulada. La niña trató de gritar, pero el grito no salía de su garganta, la criatura le sujetó la cara con ambas manos obligándola a mirarla a los ojos y fue acercando su cara, deformada con una mueca que parecía el intento de una sonrisa, más y más. Ya era su fin.

La niña despertó paralizada del terror en su cuarto, trató de levantarse e ir al cuarto de sus padres. Ellos la consolarían, le dirían que sólo fue un sueño y le permitirían dormir con ellos esa noche. Fue entonces cuando sintió un agudo e inmenso dolor por todo su cuerpo, en ese momento lo notó: sus extremidades estaban cosidas a la cama, al igual que sus labios estaban cosidos entre sí. Terriblemente dolorida, en un intento de liberarse, despedazó sus labios para abrir su boca y gritó lo más fuerte que pudo, nada ocurrió. Nadie vino en su ayuda. Gritaba por el terrible dolor, lloraba por la desesperación y el desconcierto: “¿Dónde están papá y mamá?”, era lo único que lograba pensar. En medio del dolor, más preguntas vinieron a su mente: “¿Dónde estoy?”, “¿Qué está pasando?”, “¿Quién me hizo…?”.

-Fui yo -Esa voz hizo que todo el dolor y la confusión quedaran en segundo plano, reemplazado por un horror tan inmenso que nunca imaginó que nadie pudiese sentir. Movió su cabeza, sólo para descubrir al mismo ser de su pesadilla sentado a un lado de su cama.

–¡Hola! Te lo dije pequeña, no tenía sentido que corrieras. Ahora, por favor, quédate quieta, ¿quieres?

Así, mientras los padres degollados de la niña, en su cuarto, yacían en un charco de su propia sangre, la criatura reemplazaba, desgarrando y cortando, las partes faltantes de su cuerpo con las de la pequeña. La niña, presa del pánico y de un dolor indescriptible, gritaba tan alto que desgarraba su garganta, en algún recóndito lugar del infierno, las cabezas de los niños colgadas de los árboles, gimiendo de tristeza y desesperación, esperando a su nueva compañera.


Creador: Malegobia

Fuente original: http://creepypastas.com/solo-un-sueno-4.html